Muqui: qué es, leyenda, aparición y más

Para las mitologías, las leyendas son fundamentales y necesarias. Esto se debe a que son narraciones de hechos naturales, sobrenaturales o una mezcla de ambos que perduran en el tiempo y van de generación en generación para mantener avivadas las creencias. En el caso del Muqui, un pequeño duende de la mitología inca, podemos observar como su leyenda sigue siendo un relato de gran importancia hoy en día.

Muqui 1

¿Quién es?

Es un duende originario de la mitología inca y andina, específicamente en de las zonas centrales de Perú. Es conocido por ser un minero que habita los espacios subterráneos, específicamente en el interior de la mina. De la misma forma, está relacionado con las entidades demoníacas que habitan en el mundo de abajo, mejor conocido por los habitantes de la zona andina como Uku Pacha. Se dice que las apariciones de este duende se dan todos los días en en las minas mientras los trabajadores de éstas se encuentra allí. (Ver artículo: Chacana)

Al momento en el que el Muqui está presente en el trabajo de la minería comienza a entorpecerlo con sus fuertes poderes, los cuales, ocasionan extraños e impetuosos ruidos, extravía las herramientas y altera la disponibilidad de los minerales. Incluso puede deteriorar estos últimos de otras formas, mediante el ablandamiento o endurecimiento de los suelos pero todos estas expresiones dependen de cuán atraído se sienta por los mineros.

La descripción física del Muqui no está definida de forma concreta ya que, depende especialmente de la época y la cultura en el cual se desarrolla el relato de la leyenda. A pesar de esto, todas las descripciones e interpretaciones coinciden en que es un ser con poca altura, con un tamaño aproximadamente de 50 cm, con una voz grave y ronca, su cuerpo es desproporcionado pero similar al humano y en su caminar hace movimientos similares a los de un pato. También está caracterizado por tener el cabellos largo y un color rubio bastante luminoso y reluciente; su rostro siempre está ruborizado y cubierto por una larga barba descuidada de color blanco.

Algunos mineros con diferentes costumbres dicen que aparte de las características antes mencionadas, tiene dos cuernos que usa para poder romper las piedras, usa ropa alusiva a la minería, como botas de agua, un pocho de lana que lo abriga e implementos que corresponden a esta, tales como un casco de protección y una cuerda de pelos de caballo que siempre esta sujeta a su cintura.

Se dice también que en la antigüedad llevaba una lámpara de carburo, sin embargo, establecen que hoy en día es una lámpara una eléctrica. Con el objetivo de engañar a los mineros toma la forma de animales u otros hombre y así poder andar entre ellos con mayor discreción.

Origen

Le etimología de esta palabra es proveniente del habla quechua, específicamente, de las palabras murik y muriska, los cuales, significan el que asfixia y el que es asfixiado, además en esta habla tiene otro significado que es humedad y dado esto se le relaciona con los lugares donde hay agua. Sin embargo, para la huancavelicana, la palabra muqui hace referencia al acto de torcer o ahorcar, es por ello que los antiguos mineros lo categorizan como un polvo letal que produce una enfermedad llamada silicosis.

Sin importar la distancia y aislamiento existente en un campamento minero y otro, las creencias y características del Muqui son generalmente las mismas. En estas zonas lo único que pudiera llegar a cambiar o a modificarse es su nombre, como lo es el caso de Arequipa, en la que es nombrado Chinchilico, de Puno en el que lleva por nombre Anchancho y en la extensa región andina de Bolivia que lo denominan con su nombre original, Muqui.

En otro orden de ideas, la unión de la religión cristiana con la cultura indígena y las creencias occidentales, creyó en relación a la leyenda, que otras de las principales víctimas de las acciones de Muqui son los niños moritos, es decir, aquellos que aún no estaban bautizados. De hecho, se tenían las ideas de que los que se encontraban al Sur del país y que no estaban bautizados eran quienes se convertían en los duendes que perturbaban dentro de los minas. Según algunos cuentos y relatos antiguos, los niños eran secuestrados y raptados por los duendes que se escondían dentro de los platanales, con la finalidad de convertirlos en uno de ellos. Asimismo, el niño que tenía encuentros con estos pequeños sujetos debía ser llevado de forma inmediata a la iglesia para que recibiera el Sacramento. (Ver artículo: Mamacuna)

Estas creencias relacionadas con el Muqui son originarias de las tradiciones andinas que se unen a los demonios y que tienen como propósito crear temores propios que busquen la necesidad en los trabajadores de la mina de conseguir explicaciones extraordinarias a los eventos que se desarrollan dentro de los campamentos mineros y las minas.

En este mismo sentido se dice que no sólo hay presencia de un solo tipo de Muqui. El argumento de esto es que así como existen diversidades de especies y hasta de elfos, también hay diferentes especies y tipos de Muqui que recorren el mundo subterráneo de la comunidad de los Andes. Estas variedades son conocidas con el nombre de los lugares en los que se hicieron visibles. Sus diferencias no están relacionadas con la esencia de cada uno sino que son más formales. De esta forma se nombran a los Muquis de la siguiente forma:

  • Muquis de Huacracocha.
  • Los originarios de Goyllar.
  • Aquellos que son visibles en Morococha.
  • Los Muquis de El Diamante.
  • Originarios de Santander.
  • Muquis de la Mina Tentadora.
  • Procedentes de la mina Julcani.
  • Los de Excélsior.

Estos sólo son algunos de los más conocidos de una incontable cantidad de Muquis que corresponden a la tradición oral de las minas.

Leyenda

Esta comienza en una ocasión en la que los mineros estaban trabajando con total normalidad en un socavón, se encontraban presentes 13 mineros. Al llegar la medianoche, el jefe envió a todos a tomar su merecido descanso después de una larga jornada de trabajo. Al momento en el que dejaron las herramientas, comenzaron a oír ruidos bastante extraños en el interior de la mina. El jefe como de costumbre contó a cada uno de los trabajadores para verificar que todos estuviesen bien, mientras esto pasaba todos los mineros se preguntaban cuál de ellos seguía dentro de la mina trabajando, hasta que se dieron cuenta de que todos estaban fuera.
Todos ellos se invadieron de un temor que los hizo quedar perplejos, mudos y paralizados. Al pasar unos cuantos segundos, que en realidad parecieron horas, el jefe envió a uno de los mineros a revisar qué sucedía dentro de la mina. Éste tenía un miedo terrible pero aún así fue bastante osado, respiró profundo y se dirigió al lugar del que venían los extraños ruidos. Después de haber pasado varios minutos, se escucharon unos gritos en la oscuridad de la mina, en este momento, apareció y se observó la figura de un minero que iba corriendo a toda velocidad gritando tan fuerte como si hubiese visto al mismísimo diablo. Mientras corría gritaba: “¡Hay una enano con cuernos en la mina!”. Después de esta escena de miedo, los demás fueron a comprobar lo que estaba diciendo aquel minero horrorizado pero no lograron encontrar lo que aquel hombre decía. Por esta razón absolutamente nadie le creyó.
De la misma forma se cuenta la historia de don Demetrio, un minero viudo con un hijo de ocho años, llamado Amaru.
Un día el señor don Demetrio, como era de costumbre, envió a su hijo a recoger agua del río para poder preparar una sopa de carnero y papas en la hora del almuerzo. Amaru había pasado mucho tiempo en el río y el padre empezó a preocuparse por el retraso de su hijo y toma la decisión de salir a buscarlo. Cuando llegó al río lo encontró jugando con una pequeña criatura, al observar con más detalle la reconoció de forma inmediata, era un Muqui.
En modo de defensa, don Demetrio se lanzó sobre el muqui y sin pensarlo demasiado lo capturó con la soga que siempre traen estos duendes, para su sorpresa el duendecillo no se opuso y ni se resistió. El duende le propuso al señor un acuerdo que se basaba en un intercambio de libertad por trabajo minero. Don Demetrio aceptó y desde entonces se convirtió en el minero más rico gracias al trabajo que realizaba el muqui.
A partir de este momento, quedó un pacto entre los mineros y estos duendes. Se fundamenta en que si los mineros llegasen a atraparlos con su shicullo ( la cuerda que se encuentra en su cintura), estos deben trabajar para el minero o pagarles con exorbitantes cantidades de oro para que el minero pueda convertirse en un minero bastante rico. Pero si se da al contrario el minero debe pagar con hojas de coca y alcohol.

https://www.youtube.com/watch?v=FI8eCELVAZA

Aparición en Huancayo

Huancayo es la capital del departamento de Junín de la provincia Huancayo. Es una de las ciudades más importantes de Perú, al igual que Cusco,, porque tienen estructuras históricas bastante importantes como el Coricancha. Esta ciudad se fundó en 1572 como la Santísima Trinidad de Huancayo, que se sitúa al sur del Valle del Mantaro, dentro de esta área se asociaron los habitantes del Reino Huanca con el Imperio inca, lo que ocasionó muchas situaciones de opresión y represión para los incas. Esta ciudad se hizo famosa por los eventos culturales que ahí se realizan.

Uno de los hechos más resaltantes y misteriosos que ha ocurrido en esta ciudad es la aparición de una criatura extraña de color rojo durante las celebraciones de Semana Santa del 10 de Octubre del año 2014. Afortunadamente, fue grabado por un grupo de serenos en el nevado del Huaytapallana.

¿No lo crees? Mira el video

Cuento el Muqui para niños

Sobre esta leyenda existen muchas adaptaciones, incluyendo algunas que son especialmente para niños entre esas entran las siguientes:

Erase una vez tres obreros trabajadores de la mina lnti, que se encontraban en una celebración en conmemoración del milagro que sucedió luego de que se salvaran de un inconveniente en la mina; en éste evento se agradecía a los Apus por salvar la vida a los trabajadores del pueblo de Tingo.

En plena fiesta Bruno, el capataz, -muy cansado- se retiró junto con su esposa y sus pequeños hijos. Una vez en su cabaña abrazó fuertemente a su hija Juanita y decidió confesarle que aquellos milagrosos salvadores del pueblo no habían sido los Apus, sino un pequeño duendecillo que habitaba constantemente el interior de las minas y que llevaba por nombre Muqui.

Al instante, la niña entró en pánico y se llenó de miedo al recordar algunas historias que le habían relatado sobre estos. Recordó que llevaban con ellos una lámpara de carbunco y decidió preguntarle a su padre si eso era correcto. Su padre sorprendido, le respondió que sí y que además de eso tenían unos brillantes cuernos.

En este instante pensó en aquel momento del derrumbe, ese día todos sus compañeros le juraron que ellos asistían a sus hijos, pero uno no fue sincero y le mintió. Al momento de la avalancha lo confesó, pero ya era tarde para hacerlo. Los gases ahogaban a los mineros cuando el Muqui se asomó, insistiendo para que lo siguieran por una ruta desconocida. Había optado por el perdón, y así salvó la vida de los mineros.

Asimismo, le contó a su hija que estaba lleno de miedo cuando todo esto pasó, pero tenía la certeza de que los Muquis no eran malévolos sino alegres, aunque muy mano dura con aquellos que son irresponsables.

Luego de este evento, Bruno, su hija y los mineros se sentían resguardados, ya que creían que los Muqui protegían y velaban por la seguridad del pueblo de Tingo.

Jacinto y el Muqui

Jacinto era un hombre trabajador que tenía una familia bastante amplia, pues tenía tres hijos y una esposa a quienes mantener. En la mina él y otros mineros trabajaban día y noche, apenas descansaban. Al pasar los días y los meses se dieron cuenta de que su trabajo no estaba dando ningún resultado, pues sólo habían conseguido tierra y piedras.

En busca de otra zona para cavar, se perdió, luego de esto se encontró con pequeño hombre que brillaba como el oro y que estaba haciendo exactamente el mismo trabajo que él, pero con la diferencia de que éste sí tenía resultados positivos del trabajo. Pudo notar que cada vez que recogía oro, plata y cobre lo escondía.

No consiguió absolutamente nada por un largo tiempo, sólo estaba perplejo observando al enano con mucha curiosidad y con mucho temor.

A pesar del miedo que le tenía a la extraña criatura se le acercó y entabló una conversación con él. En esta, el hombrecito, le contó que era un Muqui y que su trabajo no era productivo porque no habían hecho el pago correspondiente al entrar a la mina. Jacinto le pidió perdón al Muqui y le suplicó que le mostrara la salida y de esta forma poder buscar su pago. Por un momento el Muqui lo dudó pero luego aceptó. Jacinto agradeció al Muqui y se despidió.

Fácilmente encontró su camino en el laberinto, salió de la mina y regresó a su casa. Al verlo sano, su esposa, sus hijos y todos sus amigos se alegraron.

Jacinto contó que el Muqui lo había ayudado y les recordó a todos que lo habían olvidado. Entonces, todos pudieron hacer memoria y recordar la existencia de esta criatura que habita las minas. Desde este momento, todos aquellos que entran le dan ofrendas y pagos al Muqui para poder tener un buen trabajo dentro de las minas.

Gracias a estas acciones de ayuda entre el Muqui y Jacinto muchas personas y ellos mismos se beneficiaron de la extracción de minerales y pudieron conseguir muy buenos ingresos para mantener a sus familias. Después de un tiempo Jacinto volvió a la mina con muchos juguetes y ofrendas para que el Muqui se sintiera muy feliz y agradecido pues le gustaba bastante recibir juguetes. Nunca más se escucharon rumores acerca de malos trabajos dentro de este socavón, porque en conjunto con los demás trabajadores el Muqui estuvo feliz el resto de su vida dentro de las profundidades y oscuridades de la mina. Es así como termina la historia de Jacinto y el Muqui

Otras historias

En vista de que este es un tema muy amplio se han creado diversidad de historias relacionadas con las leyendas principales y más antiguas.

El Muqui y el viejo nochero

Dentro de la mina podía encontrase trabajando cualquier tipo de personas. En este caso, era un anciano quien trabajaba dentro de ésta y había recorrido las oscuras profundidades de la misma durante toda su vida, al desempeñarse como minero por la gran parte de ésta. Dado esto, se consideraba y era visto como un hombre que no tenía temor de absolutamente nada, cuidado y si no era visto como el más valiente de todos. Muchos cuentan que había llegado a matar un toro bravo con sus propias manos.

Un día, estaba trabajando como nochero en compañía de su mejor amigo, cansados, decidieron tomar una pequeña siesta. Pasada media hora empezaron a escuchar voces extrañas, y era que tres personas venían conversando; cuando observaron con claridad, las identificaron y eran tres Muquis que resplandecían con una luz celeste muy brillante, vestidos de mineros. El anciano, lleno de hombría y de ego por ser conocido como el más valeroso, permaneció allí sereno pero cuando los tuvo muy cerca perdió todos los sentimientos de agrandamiento que tenía. Dos de ellos pasaron indiferentes de largo, pero el tercero muy molesto se le acercó más y lo empujó fuertemente, entonces el veterano sacando fuerzas se enfrentó valientemente al Muqui.

A pesar de esto, el señor emprendió una batalla entre golpes de puños, después de haber pasado mucho tiempo, finalmente había vencido al Muqui. Sin importar la admiración que sentían los demás por esta situación, el señor se sentía muy mal de salud porque entre pesadillas y sustos no podía dormir.

Pasaron muchos meses y el señor seguía en el intento de curarse, pero no mejoraba, así que recordó uno de los sueños en los que el Muqui le pedía un pago, desesperado por sanarse hizo el pago correspondiente: enterró un chancho guagüita en el mismo sitio donde había peleado con el Muqui. Y es por esto que el Muqui le obsequió un trozo de oro.

El Muqui y el niño pelinco

Hace muchos años, cuando el trabajo en las minas empezó a ser común, los mineros tenían mucho respeto y temor a los Apus, de los que ellos extraían el mineral; el temor crecía y aumentaba cada vez más y más. Al llegar los días martes y viernes el miedo se intensificaba demasiado porque siempre fueron vistos como pertenecientes a la brujería.

Un joven habitante de Yanahuanca, iba a trabajar al socavón acompañado de su niño de siete años. Su esposa lamentablemente había muerto y desde entonces no podía dejar al niño en casa porque nadie se ofrecía a cuidarlo. Jamás había sucedido nada pero el día martes, el niño preguntó a su papá si podía comprar un trompo de juguete más para regalárselo a su amigo; el papá se sorprendió mucho porque el niño pasaba todo el día en el socavón. Así es que el padre preguntó extrañado a su hijo quién era aquel amigo. Y el niño respondió que no sabía quién era y tampoco su nombre pero que era divertido jugar con él.

El padre no pensó más en el asunto porque supuso que sería el hijo de algún compañero obrero estaría; pero realmente era muy extraño ya que era muy peligroso traer a los niños a la mina. De todos modos, compró un trompo más. 

Pasaron varios días, y el niño seguía pidiendo uno y otro juguete y cada vez le resultaba placentero estar en el socavón. El papá se asustó y decidió averiguar quién era el amigo misterioso; un día, se acercó poco a poco al sitio donde solía estar el niño mientras él trabajaba. Y se pudo dar cuenta de que no era un niño, sino un enano vestido de minero y con cuerpo brillante; cuando logró mirarlo frente a frente, el papá sintió miedo y temor, porque parecía que lo iba a matar.

Sin razón y sin motivo, el niño enfermó y no quería comer, lloraba mucho, tenía pesadillas y sólo quería ir nuevamente a la mina para encontrase con el enano aquel. Su padre recurre a viejas tradiciones y lleva al niño a un curandero que le dijo que el niño se había encontrado con un Muqui y que éste deseaba llevarse al niño porque no había recibido ningún pago por favorecerse de la mina y el rapto del niño sería su venganza. De modo que el padre pagó al Muqui enterrando coca, licor y fruta en el sitio donde el niño jugaba con el. Gracias al pago hecho por el padre al poco tiempo el hijo se mejoró y pudo continuar su vida con salud.

El Muqui y las bolitas de juego

En la antigüedad, los abuelos solían tener costumbres para alejar el mal. El capataz llamado Máximo Huancaya, que era trabajador del socavón desde que era un pequeño y sencillo niño, se había estado desempeñando como pallaquero, había oído muchas historias de encantamiento de los Muquis, pero él no les tenía miedo como todos los demás. En base a todas estas leyendas sus abuelos y ancestros le concedieron algunos amuletos para mantenerse a salvo de los Muquis, es por ello que le contaron que debería llevar siempre bolitas de juego en sus bolsillos. Aún sin entender la razón de esto, hizo caso a sus abuelos, pues pensaba que su sabiduría podría ayudarlo en algún momento.

Pasado bastante tiempo, un día, al terminar su jornada de trabajo, recordó aquello que le habían aconsejado y cuando se encontraba saliendo de la mina se dio cuenta que había dejado olvidado su huallqui de coca en el lugar de trabajo, así que se devolvió para recogerlo. En el camino de retorno se encontró sorpresivamente con el tan conocido y mencionado Muqui. Sintió que la mirada del Muqui lo congelaba y que su cuerpo poco a poco se iba desvaneciendo hasta que finalmente se desmayó. Al recobrar el sentido, después de haber pasado varias horas, estaba en otro lugar y se encontraba muy cerca al borde de una chimenea, en la que si daba un paso más podía morir.

Asustado y perturbado revisó sus bolsillos y así se dio cuenta de que no tenía las bolitas que todos los días de forma rutinaria colocaba en ellos; el secreto de sus ancestros lo había salvado, pues, el Muqui tomó las bolitas y dejó al hombre con vida.

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