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Descubre todo sobre las brujas de Zugarramurdi

Las brujas de Zugarramurdi se refiere a un grupo de mujeres que habitaban en la población de Zugarramurdi, en Navarra, las cuales se dedicaban a hacer maleficios junto con el demonio y que junto con sus polvos mágicos, ungüentos e invocaciones causaban hechizos, pestes, enfermedades, muertes, inundaciones, destruían los cultivos, exterminaban a los animales y a las personas, así como causaban tormentas que hacían que naufragaran las embarcaciones. Les invitamos a descubrir en este interesante artículo la inquisición para castigar a estas brujas en los aquelarre.

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¿Quiénes eran las brujas Zugarramurdi?

Con el nombre de las brujas de Zugarramurdi se conoce en la historia de la vida de los vascos como el más grande y temeroso grupo devoto a la hechicería en ese país, y probablemente en todo el resto de España. Este antro de maleficios estaba ubicado en la zona de Pirineo navarro de Zugarramurdi, y legalmente fueron procesadas por el tribunal de la Inquisición española de Logroño.

Estas brujas actuaban en un lugar conocido como aquelarre que se refiere a la reunión donde asisten brujas y brujos para rendir honores al demonio. Originalmente la palabra aquelarre se le daba a una zona, y era la unión de los vocablos vascos: aker que quiere decir macho cabrío y larre que significa prado, se refería al espacio en las comunidades donde los pastores asistían con una cabra de color negro y de sexo macho y ajena al rebaño y una oveja normal, que el mismo pastor apareaba para luego agarrar la cría; el resultado de la mezcla de estos machos cabríos con las ovejas normales daba un animal con figura parecida al demonio.

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Este grupo se inició con la llegada del cristianismo en los lugares rurales de España, cuando conocieron que el tribunal de la Santa Inquisición informó que estaría detrás de quien hiciera ritos de brujería, causando que los fieles la mantuvieran presente en su mente.

A inicios del siglo XVI, el mejor territorio para que las brujas hicieran sus fechorías era el pueblo de Zugarramurdi ubicado en la comunidad de Navarra. En este lugar tenían una majestuosa caverna con enormes techos con formas de bóveda y galerías en diferentes niveles que le daban un aire como si fuera un solemne templo. Fue cuando en 1610, a la Inquisición le llegó información que celebraban misas infernales dentro de la caverna, y luego de una averiguación que hicieron las autoridades del pueblo, encontraron involucradas a unas cincuenta personas en hechos de brujería que habitaban en el pueblo. En el mes de noviembre de ese mismo año, la Inquisición procesó legalmente a los presuntos brujos en el “prado del macho cabrío” a un lado de la caverna. Fue el proceso de enjuiciamiento legal más renombrado en toda España, y la zona donde se realizaba la celebración quedó marcado para la historia con la intervención y procesamiento de las brujas de Zugarramurdi.

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Historia

En los años 1609 y 1612 muchos pobladores de las regiones de Navarra y el País Vasco, fallecieron a causa de las brujerías, pero no precisamente por las fechorías maléficas que hacen los hechiceros, sino por las denuncias de los vecinos en su contra, lo que los llevó a ser llevados a la soga y a la quema en actos que hacían públicos.

A inicios del siglo XVII, Zugarramurdi era un pequeño lugar de la montaña de Navarra que está cerca del país de Labort en el país Vasco, tenía aproximadamente unos doscientos habitantes que trabajaban la agricultura y la ganadería. Su municipio dependía del monasterio premonstratense de Urdax donde habitaban frailes y alrededor de cien personas que eran sus criados.

Luego, a finales de 1608 regresó a Zugarramurdi una joven mujer de veinte años que había emigrado con sus padres hacía cuatro años, estos se fueron a vivir a un pueblo de la costa bordeando Labort. Estando en ese lugar comenzó a escuchar historias sobre las brujas y le llamó la atención y se convirtió en una de ellas por un tiempo de dieciocho meses. Cuando arribó de nuevo a Zugarramurdi comenzó a narrar entre los pobladores sus experiencias, y en una oportunidad manifestó que había visto en uno de los aquelarres a una señora llamada María Jureteguia que era vecina del pueblo. Al María enterarse de lo que decía la joven de ella, exclamó con voz fuerte y hasta enojada: “yo no soy ninguna bruja que hace grandes maldades, eso es toda falsedad y testimonio que le levantan a la francesa”.

Sin embargo, la joven siendo astuta logró convencer a la gente del pueblo que era verdad lo que decía, e incluso el marido y la familia de la que se presumía bruja le dieron credibilidad a lo que decía, lo que causó que María Jureteguia se desplomara y confesara que ciertamente era bruja desde niña y que su tía María Chipia de Barrehechea la había inducido y enseñado todo el arte de la brujería que conocía.

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Ésta se sintió perseguida por las demás brujas que le pedían que regresara a los aquelarres, divulgó otros nombres de brujas y brujos que ella conocía, por lo que sus viviendas le fueron allanadas en busca de artificios de hechicería, como los sapos que se supone son los compañeros fieles de las brujas y brujos. Entre los nombres que confesó se encontraban siete mujeres y tres hombres que terminaron confesando públicamente en la iglesia parroquial, por lo que se mostraban arrepentidos y los vecinos del pueblo los perdonaron. (Ver Artículo: Brujería Vasca)

Todo lo que sucedía en Zugarramurdi le fue notificado de alguna forma a las autoridades del tribunal de la Inquisición de Logroño, que su jurisdicción estaba en Navarra, y procedieron a enviar  los primeros días del mes de enero de 1609 una comisión especial de la Inquisición compuesta por un comisario para que investigara la realidad de las brujas. El 12 de enero, el comisario y sus ayudantes que creían fielmente en la brujería, hacen un escrito y lo envían al tribunal certificando que sí habían hechos de maldad y deberían de arrestar a cuatro brujas que habían confesado su verdad; estas mujeres apresadas fueron a prisión secreta de la Inquisición de Logroño.

Luego más tarde, el 13 de febrero el Consejo de la Suprema Inquisición en Madrid  recibió una comunicación, en la que describía la forma que habían investigado, además de solicitar cómo deberían de proceder en lo sucesivo. La respuesta a ésta fue recibida el 11 de marzo donde comunicaban que debían apegarse a las leyes y normas de severidad que estaban escritos sobre los casos y fenómenos de brujería cuando se confirmaban, dictaminó a los inquisidores que verificaran bien si lo que decían la brujas tenía veracidad; para esta actividad elaboraron un meticuloso y exacto cuestionario de catorce preguntas.

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Los inquisidores dudaban de la autenticidad de los hechos contados, porque les parecía tan enorme que decidieron no tomar en cuenta esos comentarios que le informó del carcelero sobre las cuatro mujeres que se habían declarado como brujas, realmente no lo eran, pero ellas pensaban que así podrían salir a tiempo de la prisión.

Más tarde, siendo el 9 de febrero de 1609, justo cuatro días antes de que los inquisidores enviaran la carta a las Autoridades de la Corte Suprema, fueron a un Tribunal de Logroño muchos vecinos de Zugarramurdi asistidos por un guía que deseaban explicar ante el tribunal lo que realmente acontecía. Este grupo de personas infundieron conmoción en Logroño; eran unos pobladores que vestían con trajes extraños, su lenguaje no se les entendía, lucían agotados y maltratados, y para mayor asombro tocaban fuertemente las puertas de la intocable y temida Inquisición.

El grupo que había asistido estaba conformado por Graciana de Yriat, conocida como Graciana de Barrenechea, quien era la esposa de Miguel de Goyburn, y sus dos progenitoras de nombres Estevania de Yriat y María de Yriat. Una vez que entraron al tribunal confirmaron que asistían a solicitar justicia, porque ellas no eran brujas y no se dedicaban a estas fechorías, y que se lo habían confesado al vicario de Zugarramurdi porque los habitantes del pueblo les habían amenazado si no decían la verdad. Igualmente dijeron que la verdadera situación y problema es que el guía que los había asistido a visitar a Logroño, afirmó que eran brujas y la Inquisición procedió a apresarlas y llevarlas a la cárcel.

La persecución 

A causa del desastre que estaban causando estas brujas en el pueblo de Zugarramurdi en el país Vasco, fue propiciada la acción por un juez del parlemento de Burdeos Pierre de Lancre, a quien encargó el rey Enrique IV de Francia, por la solicitud que le hiciera los señores D’Amou y D’Uturbie, para que exterminara con este infecto de brujas y brujos que estaban acabando con el país.

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Una vez que Lancre y sus subalternos llegan a Labort, se generó un temor único entre muchas familias por lo que abandonaron el lugar y se fueron a Navarra donde se aglomeraron en la frontera. Cuentan que para poderlas atrapar se dieron la tarea de investigar sigilosamente y con cuidado las actividades que realizaban las brujas, empezó a averiguar que las celebraciones maléficas se hacían cualquier día de la semana, inclusive no importaba si era de día o de noche, y asistían muchas brujas y brujos, a las que denominaban Iane de Aquelarre, y allí veneraban al macho cabrío, aunque el demonio podía transformarse en cualquier figura la  que más le atrajera para el momento, en las mesas aparecían unas láminas de un aquelarre que produjo un gran asombro.

Debido a las actuaciones de las brujas se les acusaba de ser las causantes de las catástrofes que sufría Labort, como eran las tormentas que provocan inundaciones, porque las brujas y brujos utilizaban ungüentos especiales que les permitían volar para llegar a los aquelarres, y allí se transformaban en enormes bestias, y causaban terribles maleficios cuando se celebraban las mismas negras en la que consagraban hostias negras y ritos satánicos, que fueron copiadas de los cristianos, y en muchas ocasiones oficiados por religiosos sacrilegios, lo que motivó a que Lancre diera la orden para detener y torturar a muchos clérigos del territorio, contando con diversos testimonios de testigos, como por ejemplo el de un sacerdote viejo, y transformado confesó que había otorgado ritos al diablo, y fue ajusticiado por esto, por dar el mal ejemplo; cuentan que muchos sacerdotes que fueron apresaron pudieron huir antes de que los ejecutaran.

Lancre pudo obtener muchas declaraciones por parte de niños, adultos y de viejos que fueron sometidos a la tortura, llegando a la conclusión de que en Labort existía más de tres mil personas que habían sido marcados con el sello de la brujería.

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Finalmente, Pierre de Landre, logró capturar a más de 80 supuestas brujas y dio la orden de que fueran llevadas a la hoguera, mientras el terror se apoderaba de los valles del norte de Navarra. Justamente el foco infectado del nuevo brote de la brujería se ubicó en la zona cercana con el país de Labor, en el noroeste de Navarra, concretamente conocido como Zugarramurdi.

El castigo

El sensato Inquisidor conocido como el General Sandoval, quien era el arzobispo Bernardo de Sandoval y Rojas, tomó la decisión de designar a Alonso de Salazar y Frías para que examinara la situación de las brujas del norte. Luego, al pasar ocho meses buscando y acumulando información referente al caso que denunciaban, Salazar y Frías pudieron concluir que las denuncias de Logroño eran falsas, que en realidad se trataba de un caso de nerviosismo colectivo que provocan comentarios sobre las brujas de Zugarramurdi.

Existió un momento en el pueblo en que todos los vecinos comenzaron a caer con altas fiebres de manera colectiva, que les hacía visualizar apariciones de brujos y brujas todas las noches. Entonces, fue cuando un grupo de personas del lugar decidieron visitar intempestivamente las casas de quienes se sospechaban practicaban ritos de brujería, en busca de los niños que habían desaparecido al otro lado de la frontera pirenaica. Como resultado se encontró a nueve personas que confesaron su participación en actos de brujería, algunos de ellos también dijeron que habían enseñado a sus hijos de este oficio; durante los primeros días del año 1609 se sinceraron confesando su fechorías ante la iglesia. Hubo una aparente calma y se creyó que todo volvía a la normalidad, pero no fue así, ya habían notificado a la Inquisición de lo que estaba sucediendo.

Las personas culpadas de la brujerías en Zugarramurdi se vieron en la necesidad de confesar que era cierto que se reunían muchas veces a la semana cerca de unas cavernas para adorar al demonio con forma de macho cabrío, eran los aquelarres del euskera. Enseguida los acusados comentaron sobre los venenos que usaban, las orgías y danzas satánicas. Estas personas intimidadas por las autoridades, por lo general decían que sí a todo lo que le preguntaban para que no los llevaran a la cárcel, los condenaran o los asesinaran.

Es cuando intercede el inquisidor fray León de Araníbar, abad del monasterio de Urdax y el líder directo de Zabaleta, que con las narraciones se asustó de tal manera por la cantidad de acusaciones, confesiones y arrepentimientos que declaraban de las brujas de Zugarramurdi, por lo que enseguida le informó al Santo Oficio.

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Fue entonces cuando asistieron al lugar dos comisionados de la Inquisición, que durante seis meses fueron aglomerando las afirmaciones que decía la gente sobre los presuntos hechos de brujería. Los inquisidores de Madrid no creían en tales acusaciones, y para estar seguro de lo que comentaban, comisionó a Juan del Valle Alvarado, teólogo y jurista a que se encargara de investigar de la existencias de las brujas y las maldades que están produciendo al otro lado de la frontera. Las acusaciones y denuncias de las brujas eran confidenciales, hasta que pudieron revelar todas las verdades y se multiplicaron las declaraciones de los vecinos asustados por el terror y la psicosis. Por lo que recogieron para el momento la cantidad de 280 testimonios de brujos y bruja de todo el pueblo.

Finalmente, el tribunal de la Inquisición de Logroño que dirigía Baztan, llegó a procesar a 31 individuos que se les imputaba de transformarse en cualquier animal con el apoyo del demonio, además de volar por los aires y techos de las casas en enormes escobas, fornicar con Lucifer, provocar grandes desastres naturales e inundaciones, así como tormentas en los mares, y generar daños a las siembras, animales y a las personas, en forma de catástrofes y enfermedades.

Durante el proceso de inquisición, surgieron brotes de peste, que dejaba a Logroño desolado, se cobraron la vida de casi la mitad de los acusados. Los galenos de la medicina no entendían lo que causaba la muerte tan de repente, y los inquisidores que estaban estudiando el caso, razonaban de que las enfermedades eran originadas por el demonio, que supuestamente llegaba a donde estaban las prisioneras por la noche y fornicaban con ellas, por lo que les causaba la muerte a propósito para que no dieran más testimonio durante el proceso.

El tribunal dictó once sentencias de muerte, de las cuales cinco de ellas pertenecían a personas ya muertas a causa de la peste, eran los que se negaban que eran brujos, otros 19 fueron procesados ya que confesaron que eran brujos y le confiscaron sus bienes y fueron encarcelados. Era reglamento de la Inquisición que se deberían de publicar las sentencias en un acto pomposo.

Después del acto de Logroño se desató una persecución intensiva de las brujas de Navarra, Guipúzcoa y la rioja, y sobretodo las de Zugarramurdi. Siendo en marzo de 1611 cuando se identificaron por lo menos a dos mil personas sospechosas de realizar rituales de brujería. Para ese entonces, los inquisidores de Madrid decidieron que Salazar Frías examinara los hechos, quien encontró para ese entonces que las acusaciones eran falsas, por lo que a partir de esa fecha la Inquisición sería muy cautelosa en procesar denuncias de brujería, y en España no volvieron a quemar las brujas.

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Rituales y poderes 

Existían quienes contaban detalladamente que las brujas de Zugarramurdi sufrían metamorfosis con figuras del demonio, puercos, cabras, ovejas y otros animales que se les ocurría, y también podían salir colgadas en una escoba a espantar, asustar y hacer maldades a todos los que se encontraban en el camino y en algunos otros lugares.

Asimismo, se encargaban de que sucedieran grandes catástrofes, inclusive inducían a que los barcos naufragaran; además, con sus maleficios destruían los cultivos y los animales, con sus hechicerías lanzaban polvos mágicos y dañinos mientras pronunciaban las siguientes palabras: “Piérdase toda la cosecha, y los animales, y que a salvo estén los míos”.

Los polvos mágicos y maléficos eran preparados con ponzoñas de animales malévolos y eran esparcidos sobre las plantas, una vez que ellas observan que comienzan a florecer y a dar frutos. Esta acción de maldad la hacen por las mañanas a primera hora, y llevan dentro de unos costales, que luego el demonio y sus criados, los acompañan a donde están las siembras, a las cavernas y lugares frondosos, donde extraen del saco muchos sapos, culebras, lagartijas, lagartos, caracoles y pelos de animales sobretodo de lobos, que son unas bolitas redondas que se dan en los campos parecidas a turmas de tierra. (Ver Artículo: Las lamias vascas)

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También se les acusaba a estas brujas de la capacidad para atraer enfermedades a las personas, inclusive la muerte, que lo hacían invocando espíritus dañinos y esparciendo polvos y ungüentos y a su vez pronunciaban: “El señor te de mal de muerte o tal enfermedad por tanto tiempo”. También cuentan espantosos casos de vampirismo, sobretodo cuando se refiere a los niños que eran extraídos de sus viviendas por los brujos y brujas de acuerdo a las instrucciones recibidas del demonio. (Ver Artículo: Akerbeltz)

La cueva

Cuenta la historia que estas brujas tenían su propia caverna donde realizaban las faenas y ritos satánicos, se dice que este era un territorio que lo embriaga la magia y el hechizo, y que ésta tenía un pasado lóbrego y penoso que envolvía a la naturaleza que rodeaba este lugar, donde está el arroyo conocido como Orabidea que con el pasar del tiempo y del agua ha perforado un túnel natural que mide 120 metros de largo y 23 metros de alto. En la cultura vasca es conocida con el nombre de Sorginen Leizea, que traduce en euskera “la cueva de las brujas”. (Ver Artículo: Basajaun)

Esta cueva está ubicada a menos de medio kilómetro del casco urbano, se refiere a un complejo de superficie erosiva, la entrada principal fue perforada por una corriente caudalosa de agua, que la llaman la Regata del Infierno o “Infernuko Erreka”.

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Al parecer, las brujas de Zugarramurdi también habitaban en los oscuros bosques debido a que los consideraban precisos para lograr los cometidos de efectuar distintos rituales y así pasaban inadvertidas de las miradas de los vecinos entrometidos, temerosos e investigadores que pudiera ponerlas en peligro o hablar mal de ellas.

También se debe tener presente que a estas brujas igual les gustaban los lugares como son los puentes naturales llenos de musgos y que estén descuidados, así como las orillas de los ríos, pantanos y los camposanto, donde también es normal que estén haciendo sus aquelarres y diferentes acciones demoníacas.

Película inspirada en las brujas de Zugarramurdi

La historia basa en los hechos y rituales que hacían estas brujas, inspiró al arte cinematográfico en producir una película con esta trágica trama, que fue dirigida por Alex de la Iglesia, y sus actores principales fueron Hugo Silva, Mario Casas, Jaime Ordóñez, Carolina Bang, Terele Pávez y Carmen Maura.

Esta película fue estrenada el 27 de septiembre de 2013, y está narrada en el Auto de Fe que ejecutó la Inquisición Española en 1610, donde se castigó y procesaron a treinta y nueve mujeres de Zugarramurdi, acusadas de hacer rituales de brujería, mientras que doce de ellas fueron condenadas en Logroño a la hoguera, y cinco de ellas ya habían muerto a causa de las pestes y otras acciones maléficas.

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Resumiendo la trama de la película, ésta se trata de un padre de estado civil divorciado que le prometió a su hijo Sergio llevarlo a Disneyland en París. Tony es un hombre mujeriego que por alguna razón es atractivo a todas las mujeres. Estos dos personajes tienen algo en común: están sin trabajo. Con su interés de solventar sus situaciones económicas, se van a robar a una casa de empeño. Tony no le agrada mucho la idea de que José haya invitado a Sergio, poniendo en riesgo su integridad y libertad. Todo lo planeado para lograr el robo va bien, debido a que consiguen un botín lleno de joyas preciosas y oro. El robo culmina con un fuerte tiroteo donde hubo algunas personas fallecidas.

El grupo es rescatado por unas brujas y logran escapar con la ayuda de ellas, pero se ven en la necesidad de regresar porque se dan cuenta que José por accidente se le quedó el botín en casa de las brujas de Zugarramurdi.

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