Descubre las más espeluznantes Leyendas ecuatorianas

Las Leyendas ecuatorianas son parte del acopiado que se ha hecho con el pasar del tiempo, historias populares que se han mantenido presentes en la cultura tradicional del Ecuador, gracias a que cuentan con una buena divulgación, que va de generación a generación.  Sus personajes son un mito pues no se sabe a ciencia cierta si existieron o no.

Leyendas Ecuatorianas

Las Leyendas ecuatorianas datan de los tiempos de los abuelos, quienes las heredaron de sus padres y así sucesivamente. La particularidad que tenían estas historias que se hicieron leyendas, es que no constituían la típica narración de la historia que involucraba a una princesa encantada, de príncipes o castillos, sino mas bien cuentos sobre la existencias de brujas, personajes cargados de misterios y donde el desenlace de dichas historias, por lo general eran escalofriantes o encerraban alguna moraleja u enseñanza.

Relatos tanto reales como adornados de esas leyendas forman parte característica de la cultura ecuatoriana. Algunas de las historias narradas en las leyendas ecuatorianas, se ubican en el siglo actual, aunque también la gama de historietas cuentan con unas tantas producidas por los años de 1930, hechos de los cuales existen abuelitos que alegan haber sido testigos de los sucesos acaecidos. (Ver articulo: Leyendas de Guatemala)

Gracias a la buena divulgación de estas historietas y a la identificación que ha tenido el usuario con ellas, estas crónicas se han quedado plasmadas dentro de la memoria del ecuatoriano, llegando a ser tan populares que han traspasado las fronteras del Ecuador, siendo fijadas en varias obras literarias.

Muchos le acreditan el éxito y la permanencia de estas leyendas ecuatorianas a su manera de ser transmitidas por los padres de familia, donde según, al  pasar de las generaciones, van mezclando los principios históricos que la crónica cuenta, como base con el elemento de la ficción, lo que le da ese toque de misterio que es muy característico de este tipo de narrativas, teniendo en cuenta la presencia de los elementos propios que las destaquen como parte de la cultura sudamericana.

Cada historia cuenta con un atributo adicional que es la adaptación por región, un recurso muy bien utilizado por los autores de estas historietas.

Leyendas ecuatorianas de la Costa     

El origen de las leyendas ecuatorianas de la Costa vienen desde los tiempos ancestrales. Dentro de sus contenidos, los escritores de estos textos han sabido armonizar diversos recursos del pasado, sucesos que realmente se dieron, con aquellos hechos producto de la imaginación de los pobladores de una región en particular. En sus inicios, los relatos eran transmitidos de forma oral a las familias y estos a su vez a las generaciones de relevo, lo que se fue masificando con la llegada de la escritura, donde autores comenzaron a redactarlas en forma de obras literarias.

Las leyendas ecuatorianas de la Costa surgen del uso y conocimiento sobre las costumbres de moradores territoriales, de los antepasados que habitaban en la región. Con el paso del tiempo, aquellas historietas que comenzaron como cuentos para niños, se fueron transformando en leyendas muy famosas, construidas de las anécdotas de los abuelos, método utilizado para hacer dormir a los más pequeños.

La ubicación de estas historias no se limitan solo a la capital Quito, pues también hay leyendas ecuatorianas que se desarrollaron en otras regiones de provincias, incluso se generó una disputa y rivalidad entre las regiones de la Costa y la Sierra, en especial dentro de sus capitales Quito y Guayaquil, por obtener el reconocimiento como la ciudad con el mayor desarrollo histórico del Ecuador. (Ver articulo: Leyendas Colombianas)

Leyendas ecuatorianas de la Amazonia           

La divulgación de las leyendas ecuatorianas se fueron esparciendo por todos los rincones del país, tomando de sus diversas tradiciones múltiples recursos que cada autor le iba incorporando a sus historias. La región Amazónica de Ecuador, es una zona natural del país sudamericano que comprende unos 120 mil kilómetros cuadrados de territorio de Amazonia, lo que incluye las provincias de Sucumbíos, Orellana, Napo, Pastaza, Morona y Zamora.

Es una región con características muy particulares, presentando bosques húmedo-tropicales con una nutrida vegetación, que en extensión comprende el 48 por ciento de todo el territorio ecuatoriano. Estos elementos influyen en la geografía y escenario donde son ubicadas las leyendas de esta región, que le brindan la característica distintiva a una historia de otra. (Ver articulo: Características de mito y leyendas)

El Delfín rosado              

Una de las leyendas ecuatorianas que se ha hecho popular es la del Delfín rosado del Amazonas, o descrito también por otros autores como “El bufeo colorado”. El color particular de este insigne animal lo distingue de otros delfines, cuyo tono característico es el gris. Cuenta su historia que este mágico Delfín estaba bajo un hechizo, que le permitía transformarse en un hombre, pero no uno cualquiera, era de origen gringo.

Este hombre tenía la particularidad de que sentía atracción por las jovencitas. Adoptando la apariencia de un hombre con buena presencia e interesante, se colaba en las fiestas, donde sabía que estaría la jovencita previamente elegida para ser su conquista.

Se presentaba como el alma de las fiestas, causaba buena impresión, era buen bailarín, tomador y con una simpatía sin igual, lo que agradaba a todos los asistentes. Con sus encantos incita a los presentes a disfrutar, beber y comer, mas para él están prohibidos esos placeres, pues de hacerlo se rompería el hechizo y volvería a ser un delfín.

Su método de conquista es colmar de regalos y atenciones a la joven, hasta lograr que ésta se enamore perdidamente de él, haciéndole visitas por las noches, teniendo que verse obligado a  marcharse antes del amanecer. Luego de un tiempo de sostener el romance oculto, la jovencita comienza a comportarse de una manera rara a los ojos de su familia.

La joven manifiesta una intención de permanecer junto al río todo el tiempo, situación en la que solo puede intervenir un chaman, que le proporcione una cura a ese mal o embrujo, ya que de lo contrario puede terminar desapareciendo. Cuenta la leyenda que el final de la joven es trágico, ya que termina lanzándose al rio, para estar por siempre junto a su gringo, su Delfín enamorado.

Leyenda de Cantuña    

Esta historia es una de las leyendas ecuatorianas, que narra los hechos suscitados en torno a un indígena llamado Cantuña, personaje que era muy popular y conocido por todos los habitantes del pueblo. El ambiente se ubica en el contexto de la época que los monjes franciscanos comenzaban a llegar al Ecuador, radicándose en ese país. Cuentan que fueron estos monjes quienes le encomendaron a Cantuña iniciar la construcción de un templo católico, que estaría ubicado en la ciudad de Quito.

El nativo aceptó la propuesta de aquellos sacerdotes, asegurándoles incluso que los trabajos estarían listos en su totalidad en el transcurso de seis meses. A cambio de la construcción de este templo, Cantuña les pidió a los monjes una cuantiosa cifra, la cual debían cancelar al término de su trabajo. Los sacerdotes franciscanos no creían que Cantuña lograra terminar a tiempo el templo ofrecido, aun contando con ayuda de sus amigos, sin embargo cerraron el trato.

Faltando un mes para vencer el plazo estipulado para la construcción, la misma no contaba ni con la mitad de la obra, cosa que llego a desesperar a Cantuña, quien vio como una salida rápida hacer un pacto con el diablo. El acuerdo consistió en que Cantuña le entregaría su alma a cambio de que  él se encargara de terminar la construcción dentro del plazo estipulado, por lo que Satanás aceptó. Puesto en marcha el acuerdo, comenzó a trabajar junto a varios demonios del infierno, para poder terminar más rápido y así poder llevarse el alma del indígena.

Pero Cantuña no estaba dispuesto a entregar su alma tan fácilmente, por lo que ideó un plan para no perder su alma, una vez que observó que el templo estaba ya casi listo. Cantuña se fue a la obra y se percató que solo faltaba colocar un último muro, por lo que tomo los bloques con los que se iba a trabajar y le talló una escritura que decía: “Aquel que coloque esta piedra dentro de la construcción está reconociendo con ello que Dios es mucho más poderoso que él”.

Días después, el diablo se acercó a la construcción y al tomar la piedra leyó el mensaje que estaba escrito en la piedra y su reacción fue ordenarles a todos sus demonios acompañantes, regresar inmediatamente al infierno junto con él. Con esta táctica el audaz indígena logró conservar su alma y cumplirle a los monjes franciscanos terminar a tiempo el templo, quienes tuvieron que pagarle las monedas que él les había pedido.

La Dama Tapada             

La leyenda de la Dama Tapada, es una de las leyendas ecuatorianas que ha trascendido fronteras. Habla sobre la historia de una hermosa mujer de silueta elegante y esbelta, a la cual algunas veces llevaba consigo una sombrilla y otras se le podía ver con un sobrero elegante, del cual le guindaba una especie de velo que le tapaba la cara.

Cuentan que esta dama misteriosa se hace presente en el centro de la ciudad, en horas más allá de la media noche hacia la madrugada. Cuando está ante la presencia de algún hombre, comienza a desprenderse de ella una agradable fragancia, que se convierte en un elipse cautivador para atrapar a una víctima y hacer que ésta la siga a donde la mujer se dirija.

De esta manera la Dama Tapada lo va alejando poco a poco, llevándolo hacia zonas solitarias donde nadie pueda auxiliar a aquella persona. Llega un momento en el que la mujer ve que están lo suficientemente apartados y se detiene en medio del camino. Luego se coloca frente de él y descubre su rostro. Cuál es la mayor sorpresa para el incauto hombre, pues ve el rostro de un cadáver, quedando aterrorizado por aquella terrorífica imagen.

De igual forma, aquel agradable aroma que destilaba la dama, se transforma en un olor nauseabundo, similar al de la carne podrida, un olor putrefacto como de muerto. La victima generalmente muere en el sitio debido a la impresión de toda aquella aterradora escena y de llegarse a salvar, la persona pierde la razón, teniendo que ser encerrados en centros de salud mental. Esta es una de las leyendas ecuatorianas popularizada entre los hombres parranderos, borrachos e infieles.

La Llorona

Otra de las Leyendas ecuatorianas con mayor popularidad internacional, es la de La llorona. Esta crónica describe la historia de una mujer cuyas características es alta y estilizada, que lleva como vestimenta una bata de color blanco. Por ser una especie de espíritu o espectro se dificulta poder definir sus rasgos faciales. Dentro de algunos relatos populares, se describe a La Llorona como una mujer sin pies, por lo que se desplaza por el piso sin rozarlo, como si estuviera transitando por el aire. (Ver articulo: La Sayona)

Esta Leyenda ecuatoriana narra la pena eterna que persigue a esta mujer en la búsqueda de su hijo recién nacido, a quien según basados en su historia, ella misma asesinó ahogándolo en el río, llevada por la locura y celos. Su castigo entonces es ir deambulando por las calles sin tener paz como parte de su penitencia. Su mito se usa como manera de castigo para aquellos hombres que viven en amores prohibidos, cometiendo adulterios o burlándose del amor de las mujeres. Se dice que se les aparece montándose en sus caballos de paso, o en otros casos los asesina con un helado abrazo.

Este personaje fue bautizado como La Llorona dado a los aterradores y penetrantes gemidos que emite a su paso, o cuando se manifiesta en algún sitio. “¿Dónde está mi hijo?, ¿Dónde está mi hijo?”, es la constante plegaria que se le escucha. La Llorona se ha convertido en un signo que denota un mal presagio o mal agüero, atrayendo con ello desgracias para los seres queridos.

Existen otras historias que colocan a La Llorona como un ser inofensivo en búsqueda de ayuda y consuelo, con los que se gana la confianza de la gente y una vez que lo logra, les roba todas sus pertenencias, siendo esta versión muy poco divulgada.    

El padre Almeida

El padre Almeida, es el protagonista de una de las leyendas ecuatorianas donde es descrito como un sacerdote poco tradicional al cual le gustaba salir por las noches e irse de parranda tomando aguardiente sin ser visto. Cuentan que era un joven de apenas 17 años de edad que se refugió en un seminario pero no abandono su vida mundana del todo. La leyenda del Padre Almeida narra la manera en la que se escapaba del monasterio, era trepando hasta una ventana de una de los salones que daba a la calle.

Pero la ventana quedaba muy alta por lo que debía montar por encima de una estatua de Jesucristo que estaba en ese sitio, para poder alcanzar y escaparse. Esto lo hacía de manera frecuente durante todas las noches, mientras los demás frailes descansaban. Cuentan que una de esas noches que planeaba salir, al subirse por la estatua  escucho una voz que le decía: “¿Hasta cuándo padre Almeida?”, un poco atónito con lo que había escuchado, el ansioso sacerdote contestó: “Hasta la vuelva Cristo”, y se marcho por la ventana como siempre.

Al lograr estar afuera, se dirigió a la cantina de siempre donde solía beber y dicen que hasta reunirse con mujeres de la mala vida. Decidió marcharse del lugar una vez que se sintió bastante tomando. El joven iba dando de tumbos por la calle hasta tropezarse con una procesión fúnebre que le llamo la atención por la hora y con curiosidad se asomo a ver el féretro.  El padre Almeida no daba crédito a lo que sus ojos vieron, pues el hombre dentro del ataúd, era el mismo.

Del susto que se llevo, hizo que recobrara la sobriedad, saliendo rápidamente hasta llegar a su Iglesia, pasando a la habitación donde se encontraba la estatua de Cristo y ante su imagen juro que nunca más volvería a beber. Desde ese entonces, comenzó una verdadera vida de fe siendo uno de los sacerdotes con mayor vocación.

El gallo de la catedral   

Otra crónica que forma parte de las leyendas ecuatorianas es El gallo de la catedral, una historia que se sitúa en Quito, la capital de Ecuador. Allí se narra la historia de Don Ramón Ayala y Sandoval, un hombre parrandero y además con mucho  dinero. Cuentan que tenía como hobbies tocar la guitarra y beber toda la noche en compañía de sus amigos. El corazón de este fiestero tenía dueña, una mujer de nombre Mariana, quien vivía cerca de su hacienda.

Don Ramón seguía una misma rutina todos los días, se levantaba a las 6 de la mañana para desde esa hora desayunar. Un bistec asado con papas fritas y unos huevos cocidos eran su plato preferido de almuerzo; y de beber tomaba una taza de chocolate con espeso y con bastante espuma. Entre sus gustos estaba leer en la biblioteca un rato luego de almorzar y después de eso se iba a dormir la siesta.

Su rutina sigue con un baño después de la siesta, para prepararse a salir durante la tarde y hasta la noche madrugada. Mariana, a quien apodaban la Chola,  tenía un local de vinos donde Don Ramón solía finalizar un recorrido que hacía por las calles. Una de esas noches, cuentan que con unas copas encima, Don Ramón se consiguió en el camino con un gallo de pelea, y estaba tan tomado que lo reto a duelo.

El gallo acepto aquel reto, y al primer picotazo en la cabeza, Don Ramón se asustó tanto que cedió en el enfrentamiento, por lo que termino pidiéndose perdón al gallo. A cambio, este le lanzó una advertencia donde de volver a beber no tendría clemencia con él y hasta podría llegar a matarlo.

Cuentan que Don Ramón por algún tiempo cumplió su promesa y duró muchos años sin volver a beber. Pero llegó un día donde uno de sus amigos lo incito a tomar y fue tal el poder de convencimiento que sucumbió a la tentación volviendo a beber, aunque después de ese día ya nadie lo volvió a ver.

La caja ronca     

Esta es una de las leyendas ecuatorianas que tiene como escenario la ciudad de San Miguel de Ibarra, donde se cuenta que hace muchos años vivían dos grandes amigos llamados Carlos y Manuel. Dicen que un día llegó el padre de Carlos y le pidió que le hiciera un favor antes de que se pusiera a jugar.

Ese favor consistía en que fuese a regar las plantas del jardín, ya que llevaban varios días sin probar una gota de agua por lo que estaban a punto de secarse. El par de amigos simulo que aceptaban el mandado mas no cumplieron con la petición del padre, y se pusieron a jugar y correr por el campo.

Después de un buen rato, se vino la noche y fue cuando Carlos recordó la petición que le había hecho su padre. Como estaba muy oscuro, Carlos le pidió a su amigo Manuel que lo acompañara a regar las plantas, a lo cual el acepto. Las plantas que debían regar estaban ubicada en la parte trasera de la casa, pero antes de llegar hasta ese sitio, comenzaron a escuchar unas voces donde pronunciaban cosas en otro idioma.

Llevados por la curiosidad, se escondieron detrás de un árbol para observar que era lo que ocurría. Lo que vieron aquellos amigos era algo increíble, unas criaturas que no tenían rasgos humanos, sin rostro, cubiertos con una capucha y con la capacidad de flotar por el aire, además portando una vela larga y apagada en sus manos.

Estos seres encapuchados se fueron del lugar dándole paso a una carroza que estaba siendo dirigida por un ente horrendo con cuernos en la cabeza y sus dientes parecían los colmillos de un lobo. En ese momento, Carlos recordó una de las leyendas ecuatorianas que le contaba su abuelo donde se hacía referencia a la existencia de una “caja ronca“. Los hechos que estaban presenciando eran iguales a los que su abuelo le había contado, donde habían unos seres que fungían como guardianes del mítico objeto.

Los dos jovencitos presos del terror se desmayaron y una vez que volvieron en sí, cayeron en cuenta de que ellos también portaban velas largas y blancas, pero etas no estaban elaboradas con cera sino de hueso de muerto. Inmediatamente soltaron aquellas velas y salieron corriendo hasta sus casas. Cuentan que desde ese día, aquellos amigos jamás volvieron a salir de noche y no volvieron a poner en duda lo expresado en las leyendas ecuatorianas.

La capa del estudiante

De las leyendas ecuatorianas, la capa del estudiante, era una de las que contaba con característica propias de su nombre, pues ser un estudiante en la antigua ciudad de Quito, era algo más que tener buenas notas, pues también tenían que tener respeto con los demás, ser un buen cristiano, un buen hijo y con buena presencia. Los maestros de la época eran los que  exigían que los estudiantes contaran con dicho estilo de vida estudiantil que les resultaba casi perfecto y hasta los vecinos de Quito se sentían con la autoridad para juzgar dicha conducta.

Todos los estudiantes sufrían de nervios al ver que se acercaba el final del año escolar ya que era el tiempo donde debían rendir los últimos exámenes para aprobar el curso. De todos los estudiantes, el que se mostraba con mayor preocupación era Juan, ya que a parte de sus notas, le angustiaba el estado en el que tenía sus botas y no contaba con los recursos para poder comprar otras.

Juan no podría asistir con esa mala apariencia a presentar sus exámenes finales, a sabiendas de que iba a ser víctima de críticas por parte de los vecinos, además de severos regaños por parte  de sus maestros. Una de las soluciones que le presentaban sus amigos para resolver el problema era que vendiera o empeñara su capa, lo que para él no era una viable, ya que la capa era el símbolo insigne de todo estudiante.

La preocupación se apoderaba del pensamiento de Juan, mostrándose sumamente abatido lo que lo hizo presa fácil de un grupo de compañeros que pensaron en aprovecharse de su situación y hacerle una broma proponiéndole un siniestro desafío, el cual ni siquiera imaginaban como terminaría.

La propuesta consistía en darle unas cuantas monedas con las que se podría comprar unas botas nuevas a cambio de que el joven demostrara su valentía. El reto contemplaba la idea de que el joven fuese al cementerio de El Tejar, a la media noche y tenía que colocar un clavo sobre la lapida de una mujer que se había suicidado. Sin pensarlo y en medio de su desesperación, Juan aceptó el reto con el cual saldría de su problema.

Pero resulta que cuando Juan llegó a la tumba indicada, se dio cuenta que era la de una joven que en vida sostuvo una relación amorosa con él. Al parecer, mientras que para Juan fue un romance con poca importancia, para la joven si representaba un sueño de amor que fue quebrantado de una manera muy cruel finalizado con la traición de su amado y cuyo dolor la llevó a quitarse la vida.

Para cumplir el reto, los involucrados quedaron en reunirse en las afueras del cementerio. Juan trepó uno de los muros para poder entrar al campo santo y se fue directo hasta el lugar acordado. En su trayecto Juan comenzó a pensar en la condena que se le imponía a aquellas almas que se mataban cometiendo con ello un pecado mortal, pues era lo que siempre escucho de las leyendas ecuatorianas.

Al llegar hasta la tumba, comenzó a colocar el clavo en la lápida y de manera paralela le pedía perdón por los daños que estaba ocasionando. Al terminar el reto impuesto, se disponía a huir velozmente del lugar, pero no pudo moverse. Juan comenzó a sentir que algo le estaba sujetando fuertemente su capa y siendo inútiles sus esfuerzos por escapar. El amanecer llegaba y Juan nada que salía del cementerio, por lo que el grupo de compañeros quienes lo esperaban afuera, decidieron entrar a buscarlo.

Cuando los jóvenes llegaron a la tumba observaron que Juan permanecía inmóvil junto a la tumba, y en su rostro se reflejaba terror y desesperación, el joven ya estaba muerto. Por un momento los compañeros llegaron a pensar que el alma de la joven se había vengado de Juan por su traición y desamor, pero luego, uno de los compañeros se percato de que la capa se había fijado en sobre la lápida con el clavo.

 La mano negra

La historia que encierra una de las leyendas ecuatorianas denominada La mano negra, tiene lugar en Quito, la capital de Ecuador. Se dice que las leyendas quiteñas emanan de la imaginación de las personas, surgen como anécdotas, vivencias diarias de diversos personajes que en el caso de esta crónica vivieron dentro de las Iglesias de San Francisco.

Cuentan que esta es una de las más curiosas y divertidas leyendas ecuatorianas que se presenta como una propuesta para visitar esta Iglesia en Quito, dejando que la imaginación tome vuelo y tal vez descubran una puerta secreta o una mano negra.

Cuentan que dentro de la iglesia se escucho una voz que retumbo en todo el lugar. Al preguntar que quien está ahí, nadie contesta. Un extraño y escalofriante ruido proviene desde las bancas cercanas al confesionario, específicamente del lado izquierdo. Un joven sacerdote que se encuentra dentro de la iglesia observa como una sombra se mueve velozmente.

Temblando de miedo, el sacerdote se dirigió hacia el otro lado de la iglesia y continúa preguntando si había alguien allí, sin obtener respuesta. Un nuevo sonido se escucha, esta vez son como unos dedos marchando sobre madera de las butacas, teniendo ahora la certeza de que no se trataba de alguna rata.

El sacerdote se acercó hasta la imagen de un Cristo ubicado dentro de la iglesia, el cual pareciera estar mirando al joven con un gesto de dulzura. El joven sacerdote se llena de valor y se asoma debajo de la banca observando lo que parecía una araña muy grande.  La carne se le puso de gallina a aquel joven e invadido por los nervios, miro hacia el otro lado de la iglesia lanzando gritos de auxilio.

Al parecer, no había ninguna duda y el joven estaba ante la presencia de la famosa Mano Negra. Temblando de horror y sin poder moverse, observa como la Mano se dirigía de forma lenta hacia él. Cuando el sacerdote sintió la Mano más de cerca, se percata que además de negra, también es peluda. El hombre lanza un tremendo grito que hace que la Mano Negra saltara hacia atrás mientras su corazón comienza a latir fuertemente y tenía el cuerpo helado de terror.

Llega la mitad de la noche y el joven continúan aterrorizado. La mano comienza a moverse frente a él, y lo llama, pero el sacerdote intenta escapar de aquella situación. Al salir corriendo, el joven sacerdote se resbala y cae al suelo donde se abordado por la mano que vuelve a llamarlo. Esta vez el joven decide seguirla pero la mano corre rápidamente, desapareciendo detrás del confesionario.

Durante la noche siguiente, el joven cura se volvió a conseguir con la Mano Negra pero esta vez tenía una actitud más relajada y con mayor confianza. Por muchos días, continúan encontrándose en la iglesia durante las noches, y al contar que es lo que hace allí, nadie le cree al curita, ni siquiera los mismos frailes, para quienes el sacerdote perdió la razón. Cuentan que una noche mientras que el sacerdote dormía en una de las bancas de la iglesia, sintió que una voz interna en su cabeza lo llamaba.

Al abrir los ojos, observa que tiene en frente a la Mano Negra y comienza a llamarlo. Allí siente que es el momento oportuno para seguirla. La Mano peluda corre rápidamente por la vieja madera del piso. Al seguirla el cura ve que hay una puerta de piedra muy pesada, la cual está abierta. Este hecho le da algo de suspicacia al joven pues nunca antes hacia visto dicha puerta secreta, la cual se encontraba ubicada cerca de la tumba de los sacerdotes. Observa que la Mano Negra atraviesa la puerta y entra dentro de una habitación completamente oscura.

El joven sigue a la mano negra hasta esa habitación, pero esta vez no siente ningún miedo y por el contrario se mantiene en calma y confiado. De repente siente un enorme vacío bajo sus pies, viendo que el piso se abre y comienza a caer desapareciendo y lanzando muchos gritos con palabras que nadie entiende. Al escucharlo, el resto de los sacerdotes de la iglesia van a socorrerlo pero ya el joven ya no está y tampoco la mano negra.

Leyendas ecuatorianas

La Tacona           

Eta nueva historia es una de las leyendas ecuatorianas que ocurre en Esmeralda, donde se cuenta que existía una joven cuyas características que la distinguían era su cabello rubio. La joven se la pasaba paseándose por las calles, en especial durante las noches donde no había luna llena. Un día se consiguió con un sujeto en su camino y al verla, la arrinconó en una esquina y abusando sexualmente de ella.

Luego de aquella trágica experiencia, la mujer llegó a su casa con el vestido todo manchado y llena de lágrimas. Se arma de valor y se baña, para luego comenzar a maquillarse. Mientras lo hacía, se miraba al espejo, jurándose a sí misma que nunca más nadie le iba hacer daño. Aquella joven se coloco un vestido rojo y se calzo unos tacones muy altos, marchándose hacia una taberna. En ese lugar comenzó a consumir licor con el objetivo de olvidar todas sus penas, en especial el trágico hecho que le había ocurrido horas antes.

En el momento que entro a la taberna, se comenzó a robar las miradas de los hombres, quienes quedaron prendados de su belleza, por lo que todos querían bailar con ella. Los hombres que estaban en el local la llamaban “la Tacona”. Un hombre bien parecido, la sacó a bailar y luego le propone ir a la playa para estar un rato a solas. La mujer termina aceptando y se van juntos a la playa. (Ver articulo: Leyenda de la sucia)

Una vez en el sitio, el hombre trató de abusar de ella, pero al confrontarla se dio cuenta que la mujer era un cadáver. Preso de la impresión y el susto, la soltó y salió corrió sin tener ninguna dirección. Cansado de tanto correr, se percato de que había llegado a un cementerio, donde entro y se sentó sobre una tumba. Al leer el nombre que estaba sobre la lápida, recordó que era el mismo de la mujer a quien iba a violar, dándose cuenta de que estaba muerta.

Con el transcurrir de los años, el hombre transformado en un anciano, visita nuevamente la tumba de aquella mujer y de rodillas ante la tumba, aquel hombre le agradeció al suceso vivido, ya que a raíz de eso, nunca más abuso de las mujeres, convirtiéndose en un hombre de bien. Terminando de pronunciar esas palabras, el hombre sintió que le dieron una palmada en la espalda junto a un susurro que le dijo: “eso era lo que quería oír”. Al voltearse, el hombre logra observar cómo se va alejando la silueta de una mujer rubia, llevando un vestido rojo y con unos tacones.

El hada del cerro de Santa Ana

Esta es una de las leyendas ecuatorianas que tiene lugar en Guayaquil, donde se describe un hermoso palacio construido con muchos materiales de jaspe, mármol, plata y oro. Esta arquitectura se encontraba en las profundidades del cerro Santa Ana, donde también habitaba la llamada Hada de Santana. Cuentan que era hija de un cacique de un pueblo guerrero que existió antes de los huancavilcas.

Esta hermosa hada era una princesa, la cual fue víctima de la codicia de su padre. El cacique formó un poderoso ejército de carácter despiadado, con el que partió en la búsqueda de grandes tesoros llevado por los deseos de enriquecerse, para lo cual  conquistó y exterminó a pueblos enteros sin ninguna consideración ni piedad. (ver articulo: Silampa)

Producto de su malas acciones, aquel Cacique logró edificar un magnifico palacio en la cúspide del cerro Santa Ana. Cuentan que un día la hija del cacique enfermó gravemente, cosa que preocupó mucho a su padre, por lo que mandó a buscar al mejor chamán de todo el reino y a cambio de sanar a su hija, le ofreció entregarle abundantes riquezas. Al observar a la joven, el  brujo se dio cuenta que la muchacha estaba bajo un embrujo que solo se revertiría cuando el cacique devolviera las riquezas que le robó a los pueblos que había exterminado, o de lo contrario su hija moriría.

El cacique debía escoger entonces entre su fortuna y la vida de su hija, pero como era tan avaro, decidió quedarse con su fortuna. Se dice que aquel hombre hasta intento matar al brujo para que le hiciera compañía a su hija, pero al percatarse de sus intenciones, el chaman desapareció transformándose en humo y lanzando una maldición sobre el cacique a quien condenaba a vivir dentro del palacio con sus riquezas y con su hija, encerrados en el fondo del cerro de Santa Ana. Solo un individuo especial podría romper aquella maldición.

Pero el chamán estableció una condición dentro de la maldición que le permitía salir de aquel encierro a la princesa cada cien años, con el objeto de convencer a algún hombre de que la escoja a ella en vez del tesoro del cacique y romper el maleficio. Es así como la princesa salía cada siglo para conseguir al hombre que la liberara de su castigo. Para ello se vestida con trajes muy finos de seda, llevando el cabello suelto, y como adornos un collar de piedras blancas, que completo con una varita de plata y por corona llevaba una piedra roja preciosa.

En una de sus salidas, la princesa se apareció ante un hombre de profesión teniente y de origen español, que se encontraba arruinado. Con sus encantos, logró seducirlo y le pidió que la siguiera hasta el interior del cerro para mostrarle las riquezas que guardaba en el palacio y le dio a escoger entre esos tesoros o ella. Antes de que el hombre eligiera, la noble princesa le prometió al soldado, que de escogerla a ella seria para siempre su compañera inseparable, prometiendo hacerlo feliz y llevarlo de dulzura incluso hasta después de la muerte.

Pero, a pesar de todos los esfuerzos hechos por parte de la joven, el codicioso español optó por escoger el tesoro. Cuando el cacique hechizado conoció de la decisión de aquel hombre, se puso furioso castigando al soldado por su ambición, reteniéndolo junto a ellos dentro del  palacio, con la intensión de que padeciera la pena de estar muerto en vida.

Como un recurso para poder escapar, aquel español invocó en ese momento a Santa Ana, quien intervino como obra milagrosa y lo libero de aquel lugar. Luego de esos sucesos, el soldado mandó a poner una cruz gigantesca en la cúspide del cerro que a partir de ese momento pasó a llamarse Santa Ana, como agradecimiento por el milagro.

Mariangula       

Una de las leyendas ecuatorianas nacidas en Quito es la crónica de Mariangula, una historia que narra la vida de una jovencita de apenas 14 años llamada Mariangula, cuya madre vendía un plato típico denominado tripa mishqui, que eran tripas de res cocinadas al carbón. Cuentan que un día, su mamá la mandó a comprar unas tripas, pero en vez de ir a hacer el mandado, Mariangula se puso a jugar con sus amigos, olvidando el mandado y hasta se gastó el dinero que le entregó su mamá para la encomienda.

Cuando la niña cae en cuenta de lo que hizo, se comienza a preocupar e imaginarse que su mamá le iba a pegar. Angustiada por lo que había hecho, se puso a caminar por las calles, cuando de repente se dio cuenta que estaba frente al cementerio donde de pronto le nació una macabra idea, la de tomar un muerto y sacarle las tripas. Sin pensarlo mucho, así lo hizo y se las llevó a su mamá para que las vendiera. Las tripas se vendieron muy bien y hasta hubo gente que repitió, por lo que la jovencita se salvo del castigo. (Ver articulo: Muelona)

Tras irse a dormir, la niña Mariangula recordaba lo que había hecho, cuando de repente escuchó que la puerta que se abrió, ruidos que al parecer solo los escuchaba ella, pues el resto de la familia continuaba durmiendo. Los ruidos cada vez se hacían más muy fuertes y la niña pudo escuchar con claridad, una voz que le decía: “Marianguuula, dame mis tripas, dame las tripas que te robaste de mi santa sepultura”. Cada vez la voz se acerca a la habitación de la jovencita que estaba muy asustada, volviendo a escuchar: “Marianguuula, dame mis tripas, dame las tripas que te robaste de mi santa sepultura”.

Presa del miedo y sin encontrar una solución para lo que había hecho, decidió cortarse con un cuchillo el estómago y sacarse sus tripas. El espectro de aquel muerto entró en la habitación de aquella niña, donde se encontraba con sus tripas regadas por toda la cama, muriendo de forma lenta. Luego de verla así, el espectro desapareció. Después de aquel episodio, ahora la mamá de Mariangula vende carne en palito en lugar de tripa mishqui, ya que con el chuzo la niña puede ahora defenderse de los fantasmas.

La viuda del Tamarindo              

Parte de las Leyendas ecuatorianas se han basado en varias historias, crónicas y mitos, utilizando elementos simbólicos como el caso de la idea de que árbol de tamarindo es una planta que atrae espantos y apariciones sobrenaturales, creencia que circulaba en ciertas regiones la idea de que cualquier desde los tiempos  más remotos. La Quinta Pareja, era una finca abandonada donde había varios árboles, del cual se desprende la leyenda de la viuda del Tamarindo.

Cuentan que a los hombres que estaban pendientes del trago, deambulando solos por los caminos de regreso a sus casas, se les cruzaba una bella mujer, que se les ponía de frente, vestida muy elegantemente con un traje de color negro, y portando un espeso manto sobre la cabeza y con el rostro cubierto. La exuberante mujer se ponía a bailar frente a los hombres con pasos muy rápidos y en zonas poco alumbradas que les dificultaba a los caballeros, poder verla bien. Ella caminaba rápidamente largos trechos, haciendo que los trasnochados hombres la siguieran deslumbrados.

La misteriosa mujer los dirigía hacia el pie de un árbol de tamarindo antiguo, ubicado en medio de la finca. Al llegar al sitio, se quitaba el grueso manto de la cabeza y les mostraba a los incautos hombres su horrible y fantasmagórica presencia, la de una calavera de la muerte. Las  desafortunadas victimas caían al suelo echando espuma por la boca y terminaban desmayados o en otros casos hasta muertos por la impresión.

Los pobladores que conocían de su leyenda la bautizaron como la viuda del tamarindo, por su vestimenta oscura, una mujer misteriosa que atraía a los hombres a la media noche hacia los árboles de tamarindo, desapareciéndolos luego como por arte de magia. Cuentan que nadie ha podido verle la cara y solo se le puede contemplar cuando se saca el velo y se transforma en una horrenda criatura del inframundo.

Leyendas ecuatorianas para niños

Las leyendas ecuatorianas para niños tienen por características que son cortas y en su mayoría responden a adaptaciones de las mismas leyendas para adultos, pero suavizando algunos hechos sin necesidad de cambiarlos. Otra de las características es que se divulgan más como estilo de cuentos para dormir, narrado de boca de los abuelos.

Las leyendas ecuatorianas para niños, son narraciones mediante las cuales se vinculan elementos de la cultura popular, de una forma correcta, con los hechos históricos. Estas historias se han pasado de generación en generación, utilizando una divulgación tipo oral en sus mayorías, aunque hay otras expresadas en textos lo que contribuyo con el hecho de que estas leyendas se volvieran populares no solo en Ecuador sino también en otras zonas de sur América. A continuación, algunas de estas leyendas ecuatorianas infantiles.

Leyenda del Chuzalongo

Esta es una de las leyendas ecuatorianas que trata sobre un personaje parecido a un niño de unos seis años, que habitaba en las montañas. Dentro de sus características, la mística criatura tenía el cabello largo y “sucu”, y de su ombligo se desprende una especie de bejuco de “Chuinsa” que tenía como miembro. Este personaje se llamaba Chuzalongo y tenía fama de lanzar la mala suerte por lo que para evitarlo, siempre se mantenía encerrado dentro de una montaña.

Es muy juguetón e inquieto y no hace nada, pero por andar con sus travesuras, se rompe una rama y se marca y así no pasa nada. Dicen que cuando esta de mal humor, en un instante puede enviarle “un aire fuerte” a alguna persona y convertirla en cadáver, pero cuando esta marcado, ya no ataca a nadie. Los pobladores contaban una anécdota donde un día la traviesa criatura comenzó a jugar con unas muchachitas que cuidaban el ganado en las montañas.

De repente, una de las niñas lo descubrió chupándole la sangre a otra de sus compañeras. Tratando de escapar, termino chupándole la sangre a todas asesinándola. Unos moradores consiguieron los cuerpos de las chiquillas indicando que habían sido víctimas de “un aire fuerte”. (Ver articulo: Pombero)

Leyenda de la boa y el tigre

Otra popular de las leyendas ecuatorianas para niños es La Boa y el tigre, historia que tuvo lugar en la comunidad de Latas, donde se describe que vivía una familia indígena conformada por la madre, el padre y unas niñas, quienes trabajaban el oro lavándolo en las orillas del río Napo. Cuentan que un día la niña más pequeña se encontraba jugando en la playa, mientras que la madre lavaba ropa de toda la familia con tal concentración que no se percato que la pequeña estaba frente a un eminente peligro, acercándose a lo profundo de las aguas.

Llevada por sus instintos, la madre levantó su cabeza, para ver a la niña, pero sus acciones fueron tardías pues la fuerte corriente de las aguas arrastraron a la pequeña, donde solo se le veía la cabecita entre las agitadas aguas. Presa del dolor, la desesperada madre se hincó de rodillas implorando en la arena a gritos a Dios por la vida de su criatura.

Cuál fue su sorpresa, escucharon sus plegarias y la tierna niña volvo en la boca de una inmensa boa que tenía unas dimensiones de casi catorce metros de largo, quien la devolvió sana y salva a orillas de la playa. La madre corre a abrazarla y ambas lloran y ríen agradecidas. En agradecimiento, aquella boa paso a ser un miembro más de la familia, convirtiéndose en una especie de niñera para los niños del matrimonio.

Un día de lluvia, los padres fueron a la selva en busca de guatusas para la cena, pero ese día la boa no acudió a cuidar a los niños como era normal todos los días, ocasión que fue aprovechada  por un hambriento tigre que se presentó en el sitio para atacar a los niños. Al percatarse de la presencia del furioso animal, los muchachos desesperados comenzaron a gritar y a llamar a la boa del agua.

Al oír los gritos de auxilio, el enorme reptil salió del río deslizándose velozmente hasta llegar a la vivienda de los niños colocándose en puerta para bloquear el paso del tigre. Se desato una lucha entre los dos animales a muerte. La boa se enrollo en el cuerpo del felino, quien le clavaba sus filosos colmillos, el réptil apretó mas fuertes sus anillos con fuerza, mientras por su parte el tigre la mordía en la cabeza. Al final de la lucha se escuchó un crujido de huesos y ambos animales murieron.

Al regresar, los padres de los niños recogieron los restos de la boa embargados de un profundo dolor y le realizaron una ceremonia, velándola durante dos días. El entierro también fue con todos los honores y rituales comunes y tradicionales que se le hacen a cualquier familiar.

 

Imágenes de leyendas ecuatorianas    

Una de las características que tienen las leyendas ecuatorianas es que son muy vistosas a pesar de que en contenido son todas terroríficas y espeluznantes. A continuación les dejamos varias imágenes que describen estas populares historias que forman parte de la idiosincrasia de todo un país como el Ecuador.

Finalmente te dejamos este video

He aquí varias leyendas ecuatorianas populares que forman parte de la gama de crónicas tradicionales.

EVALÚA ESTE ARTÍCULO


Si te ha gustado el artículo Descubre las más espeluznantes Leyendas ecuatorianas te recomendamos los siguientes artículos relacionados:

Deja un comentario