Humbaba, lo que no sabías sobre este monstruo mitológico

Dentro de la mitología sumeria, Humbaba es descrito como temible un gigante. Su rol, era ser el guardián y señor del bosque de cedros en la llamada “Tierra de los Vivos”, un lugar que era regida por el dios del Sol Utu y habitado por el resto de las deidades.

El demonio Humbaba

El gigante Humbaba es un personaje muy famoso dentro de la mitología sumeria y también existen registro de él dentro de las historias acadia. Se dice que fue el guardián y protector de los bosques de cedros, los cuales eran considerados como el árbol sagrado de los dioses. Estos bosques estaban ubicados en la llamada “Tierra de los Vivos”, un sitio sagrado donde además habitaban los dioses.

Esta tierra sagrada estaba gobernada por el dios del Sol sumeriano Utu. Dentro de la leyenda se dice además que el personaje de Humbaba simbolizaba también el “río de la muerte”, por lo que se dice era el terror de los seres vivos. Con rostro como el de un león, se tenía la creencia de que su mirada era la muerte. (Ver articulo: Quetzalcóatl)

Como vigilante del bosque, poseía la habilidad de oír a de distancia a cualquier persona que pasara, así fuese susurrando por el bosque, estando siempre atento y prevenido contra aquellos que querían destruirlo. Esta criatura de la mitología también era conocida con los nombres de Jumbaba y Huwawa.

Físicamente se mostraba a Humbaba como un monstruo cuyo cuerpo estaba conformado por una cara de león, tenía dientes de dragón, y su rugido se podía comparar con la caída del agua mediante una inundación. También lucía una gruesa melena y sus pies eran enormes.

A esta criatura mitológica de Humbaba lo apodaban “el terrible”. Se dice que era un monstruoso arcaico el cual fue criado por el dios Utu, el Sol. Además de ser el guardián de los bosques de cedros, también era el protector de ese hábitat por ser el lugar donde vivían los dioses.

Características

Cuenta la leyenda que Humbaba era un gigante que estaba protegido por siete capas de terrorífico resplandor, cualidad que era muy característica y que la tenía debido a su carácter como criatura mística. Huwawa, como también es llamado este gigante, suele ser representado en algunas figuras como un humano pero que en vez de brazos y manos tiene grandes garras de león.

Su cara es amorfa y terrorífica, con pelo largo y bigotes de felinos. Muchos son los dibujos donde se describe su cara como una sola línea espiral, como la de las entrañas enroscadas de hombres y bestias. En otras descripciones se señala que tenía las garras como las de un león pero con un cuerpo cubierto en escamas muy puntiagudas. (Ver articulo: El dios Momo)

Los pies del gigante Humbaba eran las garras parecidas a las un buitre, con unos cuernos en la cabeza, iguales a las de un toro salvaje. También tenía una gran cola y en la punta de ésta se ubicaba la cabeza de una serpiente. Representaba además al río de la muerte, por lo que se dice que cuando este gigante mira a alguien, resultaba muerto y su rugido era igual al de una inundación. Su boca era la muerte misma y su aliento el elemento del fuego.

Existen otras descripciones de este personaje donde se muestra una imagen más positiva, donde por ser el guardián de los bosques gozaba de la admiración de otros animales. Se dice que por donde Humbaba iba y venía los caminos estaban en buen estado y el camino estaba bien pisado.

Además, dentro de dicha versión de la historia, el gigante Humbaba era querido por los dioses y dentro de esa representación en positivo, esta criatura es un tipo de rey siendo su palacio el bosque. Dentro de su reinado los monos vendrían siendo sus mensajeros, las aves sus nobles, donde su sala del trono contempla un olor con el aroma de la resina de los cedros.

La muerte de este monstruo gigante aparece reflejada dentro de la Epopeya de Gilgamesh, que es relatada partiendo del momento en que éste decide ir a los bosques junto a Endiku, su servidor, con la intención de acabar con la vida de Humbaba. Logran su cometido decapitandolo y le llevan la cabeza ante el dios Enlil, quien fue el creador del monstruo  Humbaba. (Ver articulo: Adjule)

El dios furioso por la acción vil, vuelve a la ida a la gigante bestia otorgándole además siete esplendores, el primero es el aura a los campos, como segunda se tienen los ríos y el tercero los cañaverales. En el cuarto esplendor le otorgó los leones, en la quinta aura designó Palacios, en la sexta le entregó los bosques y su séptima aura le dio a Nungal, la diosa de los prisioneros.

Huwawa es quizás una forma equivalente del dios elamita llamado Humban. También el nombre como la función de Humbaba sobrevive aún en los Kombabos, como una figura guardiana narrada dentro de la leyenda del norte de Siria helenística.

Lo ilustramos en dibujo

Dada a las características que tiene este personaje de la mitología sumeria, Humbaba ha sido representado como un dibujo infantil para que los niños lo pinten. Dentro de muchos ejemplares para colorear, el personaje de Humbaba, aparece junto a otras criaturas fantásticas y mitológicas con características místicas y con aspectos físicos similares, partes de toro, dragón, león, aves y serpientes.

Dentro de estos dibujos donde se le puede ver como monstruo, también se refleja un carácter sobrio y que destaca el aspecto de guardián, lo que es atractivo dentro de las historias para niños. Existen más de 40 ilustraciones con su figura donde sus características están mezcladas y la popularidad dentro del folklore lo hacen uno de los personajes más famosos.

La cabeza de Humbaba

Cuando se produce el encuentro entre el gigante guardián y el despiadado rey Gilgames junto a su siervo Enkidu, donde es asesinado por esta pareja, éstos lo inmovilizan y luego Enkidu le corta la cabeza con una espada. Luego que decapitan al guardián de los bosques, como un gesto de supremacía le llevan la cabeza de la mítica criatura ante el dios Enlil, padre creador del monstruo Humbaba.

Se dice que el dios furioso por la acción vil, vuelve a la vida a la gigante bestia otorgándole además siete magnificencias. La primera de ellas fue el aura de los campos; como segunda  le entregó el caudal de los ríos y como tercero a los cañaverales. En el cuarto esplendor le otorgó a los leones, en la quinta aura designó Palacios, en la sexta le entregó los bosques y su séptima aura le dio a Nungal, la diosa de los prisioneros.

Dentro el primer linaje babilónico se viene documentando la figura del gigante guardián Humbaba, donde aparece reflejado con la cabeza ya decapitada, y sus ojos se ven mirando fijamente. Llega la barba suelta y pelo todo despeinado. Esta reseña continua luego expresado dentro del arte neo-asirio, pero luego se cabo durante el gobierno de Aqueménida.

De igual forma, la cabeza decapitada del monstruoso Humbaba se muestra dentro de un paralelismo con respecto a la mitología griega siendo el equivalente en la historia de Perseo y Medusa, cuando este héroe griego le cortó la cabeza al monstruo mitológico Medusa, y luego  la colocó en un saco de cuero.

En las representaciones antiguas griegas del gorgóneo, muestran a Medusa con barba, una anomalía de la gorgona femenina. Fueron descubiertas varias cabezas del gigante Humbaba en la moldura de la tumba nabatea en Petra.

La cabeza de Humbaba pasó a ser un motivo popular dentro del arte durante la época de la antigua Mesopotamia. Existen máscaras de un material de terracota que datan de esa época y de las cuales se tiene la creencia de que representan la cabeza cortada de Humbaba. Las mismas han sido desenterradas durante diversas excavaciones arqueológicas que investigadores y expertos en arte han desarrollado.

Muchas de estas máscaras se exhiben en varios museos por todo el mundo hoy en día. Los modelos babilónicos de la cara de Humbaba que datan desde los periodos babilónico antiguo hasta el neobabilónico, están asociados con los oráculos, algunos incluso están escritos con augurios u oraciones proféticas.

Ejemplo de esto era cuando los intestinos venían con la forma de la criatura Humbaba o también cuando una mujer daba a luz a un feto con la forma de Huwawa, allí el pronóstico siempre era una revolución en el estado.

Durante aquellos períodos se tenía la idea de que tales ejemplos eran utilizados para cultivar el arte de la adivinación. Dentro del periodo babilónico antiguo, era frecuente observar las caras de Humbaba en placas hechas con material de arcilla y también en diseños de sellos, donde la imagen estaba colocada en el fondo, como si estuviera colgada de una pared.

Muchos incluso la utilizaban estas figuras colgantes como especie de amuleto mágico. Igualmente, en el periodo babilónico antiguo de Tell al-Rimah, la cara de Humbaba estaba tallada en piedra, en un lado de la entrada del templo.

Humbaba y Gilgamesh

Gilgamesh, es un personaje legendario de la mitología sumeria. Su nombre ha sido escrito muchas veces como Gilgamesh o Gilgamés, también conocido con el nombre de Bilgamés. Según su leyenda, Gilgamesh era hijo de la diosa Ninsun y de un sacerdote llamado Lillah. Dentro de sus aspectos más relevantes se tiene que fue gobernante del distrito de Kulab y el quinto rey de la ciudad Uruk hacia el año 2750 a. C., llamada también Erech dentro de los textos bíblicos y actualmente conocida como Warqa, ubicada en Irak. (Ver articulo: Agoyo)

Gilgamesh fue rey después del gobierno de Lugalbanda. Se dice que su reinado duró 126 años y luego le dejó el trono a su hijo llamado Ur-Nungal, quien gobernó unos 30 años.​ En los registros de los primeros estudiosos que se dieron de la lengua sumeria, su nombre fue mal traducido quedando como Izdubar.

Era un rey al cual todos sus súbditos admiraban y se dice que él se ganó esa admiración por sus destrezas y grandes hazañas, muestras de fuerza y ​​audacia, ganándose el respeto de todos. Humbaba o Huwawa por su lado, era una criatura guardiana de los bosques sagrados donde vivían las principales deidades.

Aunque en muchas historias Humbaba se le representa tradicionalmente como una figura aterradora y negativa, dentro de la leyenda contada por Gilgamesh, se le retrata de una manera más positiva, hasta victimizando su participación dentro de la fábula contada. Se le describe como el guardián del bosque de cedro o también bosque de pinos. Gilgamesh junto con su amigo Enkidu, viajaron al bosque de cedros, se enfrentaron al gigante Humbaba y lograron asesinarlo en ese encuentro.

Gilgamesh y Enkidu, viajaron al bosque con la intención de talar un cedro, acción que trató de evitar Humbaba al percatarse de su presencia, pero Gilgamesh logra atraparlo, colocándole un aro en la nariz y atando sus brazos dejándolo inmóvil. Por un momento, contempla la idea de liberarlo luego de un tiempo de su detención, pero Enkidu se opone. Cuando Huwawa protesta la pareja lo decapita.

El nombre del personaje de Humbaba se menciona en la Epopeya de Gilgamesh, esto tras la amistad de Gilgamesh y Enkidu. La historia refleja que estos personajes quisieron lanzarse a una aventura dentro del bosque de cedro, ubicado más allá de la séptima cordillera, esto con la intención de cortar algunos árboles y provocar a Humbaba para luego matarlo.

Antes de emprender la travesía hacia el bosque, Enkidu le jura Gilgamesh, que realizará la hazaña de matar al monstruo gigante para que su nombre realce en lo más alto de las montañas y así lograr la inmortalidad de su nombre.

En medio del encuentro, Gilgamesh le colocó una trampa a la gigantesca criatura, con el objetivo de que éste le entregara sus siete resplandores o regalos que se le habían conferido en el momento que fue nombrado como el guardián de los bosques por el dios del Sol. El astuto rey le ofreció al gigante entregarle a sus hermanas una como esposa y la otra como concubina.

Mientras Humbaba analizaba el trato, hubo un momento en el que bajó la guardia, instante que Gilgamesh aprovechó y le dio un puñetazo, logrando con ello capturarlo. Una vez que se sintió ya derrotado, Humbaba le pidió misericordia y suplicó por su vida ante Gilgamesh, pero Enkidu lo termina convenciendo para que lo mate. Humbaba intenta escapar haciendo un último intento, pero su acto fue en vano y terminó decapitado por Enkidu. En algunas de las versiones de esta historia se dice que fue por ambos héroes.

Luego del asesinato, colocaron la cabeza del gigante dentro de un saco de cuero, el cual se lo llevan ante el dios Enlil, quien fue la deidad que nombró a Humbaba como guardián del bosque de cedros. Al ver este acto, Enlil se enfureció tanto que volvió a retribuirle los siete resplandores o auras que originalmente le había concedido. Aunque estas acciones fueron repudiadas por el dios, no hubo venganza sobre los héroes.

Una vez muerto el vigilante del bosque, el despiadado rey Gilgamesh distrajo y engañó al espíritu del bosque de cedro, mientras los cincuenta jóvenes solteros que había llevado a la aventura en las montañas, comenzaban a talar la madera de los árboles sagrados, quitándoles sus ramas y colocándolas en muchas pilas cerca de las laderas, dispuestas y listas para llevárselas.

Con este apartado de la historia se puede entender que el asalto realizado al bosque y la muerte del gigante se hizo a cambio de obtener la madera, cargando luego con la madera de cedro a Mesopotamia, donde no contaban con dicho material. Gilgamesh se encontraba oprimido por su propia mortalidad, momento en que los dioses trajeron a colación sus grandes hazañas, una de ellas cargar con el cedro, el árbol único y sagrado de sus montañas y dado muerte a Humbaba, el guardián del bosque.

La Batalla

La Batalla que se produce donde resultó muerto Humbaba, aparece relatado como un poema épico muy famoso dentro de la mitología sumeria. El dios Enlil había asignado a la mitológica criatura como el  guardián de los bosques de cedros, el árbol sagrado y protector de los dioses que residían dentro de aquel maravilloso paraíso. Él estaba figurado como una criatura terrorífica, la cual tenía como armas de defensa un grito que provocaba la inundación de los ríos y la expresión de su cara era fuego puro, por lo que su mirada era la Muerte misma. (Ver articulo: Mawu-Lisa)

El rey Gilgamesh expresa la intención que tiene de dirigirse a los Bosque de Cedros para talar aquellos árboles sagrados y matar al gigante Humbaba. Con estas acciones lograría cubrirse de gloria eterna. Antes de partir su amigo y fiel servidor Enkidu junto a los ancianos de Uruk trataron de persuadirlo sobre el riesgo y consecuencia que traería emprender semejante aventura, pero éste se mantuvo firme en su decisión.

Partieron hacia el bosque y Enkidu alertó a Gilgamesh sobre la presencia de Jumbaba describiendolo como un hombre salvaje. Señaló que podía oír su gemido, el cual iba en ascenso por encima del sonido de los truenos y fuertes vientos; podía oír los latidos de su corazón y hasta sentir el calor de su aliento aun a grandes distancias.

Con una arrogancia propia de su carácter, Gilgamesh manifestó que a pesar de la fama de aquel monstruo, el no le temía ni a la bestia ni al hombre mortal. Pero resulta que Humbaba no era un mortal, era un escudero especial que había sido designado por los mismos dioses, contando con el apoyo de ellos y por ende, aquel que lo retara corría el riesgo de ser debilitado y paralizado, hasta podría morir por su mirada.

Gilgamesh argumentaba su ataque en que Humbaba era un temible monstruo que oprimía a la gente y por ello era odiado. Enkidu le advirtió que en el encuentro podrían cambiar las cosas y resultar el muerto, a lo que le contestó que entonces su nombre igual ganaría fama convirtiéndose en el valiente héroe que enfrentó a tan terrible y amenazante criatura para proteger a la gente.

Gilgamesh se preparó para la batalla, llamó a sus armeros, quienes eran los fabricantes de las armas. Para el ataque se fabricaron lanzas, escudos y hachas. También le construyeron espadas con un material de bronce e incrustaciones de plata y oro. Fabricaron poderosos arcos largos y flechas con puntas de piedra, y entre todos sobresalía un arma especial, una lanza con un mango de lapislázuli y oro con muchas joyas brillantes.

Después de haber preparado las armas, Gilgamesh y su servidor Enkidu partieron al bosque de cedros acompañados por un grupo de 50 hombres. Gilgamesh subió a una montaña para hacerle al dios Shamash una ofrenda de harina para que lo proteja durante el combate. Luego de ello tuvo un sueño muy extraño e incluso perturbador, los cuales fueron interpretados por Enkidu, quien le aseguró que no tuviera angustias porque dichos sueños eran los anuncios de que triunfaría en la batalla sobre Humbaba.

Al acercarse al bosque comenzaron a bordear a los árboles sagrados. A cada paso que los acercaba a los árboles, éstos se volvían más y más gruesos como de forma mágica, llegando el momento en que el cielo se borró. Allí comenzaron a escuchar los latidos del corazón del gigante Humbaba y percibir el olor del humo de sus pulmones.

Gilgamesh sabiendo de la presencia del gigante y como una forma de provocación, comenzó a cortar uno de los cedros. Desde lejos, Humbaba oyó el sonido de los golpes del hacha y en seguida se preparó para el ataque cayendo sobre ellos como en una emboscada. El rostro del gigante sobresalía de entre las copas de los árboles. Era un rostro arrugado y surcado, parecido al de una roca vieja.

El aliento fuerte y precipitado que respiraba aquella criatura marchitaba las ramas del cedro, provocando pequeños incendios por varias partes del bosque. El monstruo comienza a amenazar a Gilgamesh y Enkidu con la intención de intimidarlos. Al ver avanzar a la terrible criatura, Enkidu se armó de valor y los dos retadores se colocaron uno al lado del otro. El gigante se alzó sobre ellos, y en el momento del ataque, de repente los amigos se separaron.

En ese instante, el demonio gigante se tambaleó entre los árboles hasta que tropezó y cayó. Luego logró colocarse de pie lanzando gritos como un toro y se fue sobre Enkidu para atacarlo. El rey enfrentó a Humbaba con su hacha dejándolo herido.

Humbaba, que estaba protegido por siete capas dadas por los dioses al nombrarlo como guardián especial del bosque sagrado, había perdido seis, las cuales fueron eliminadas por el dios Shamash, quien continuaba del lado de Gilgamesh durante la batalla, ahora originando grandes tempestades para así incapacitar al monstruo, lo que le permitió a Gilgamesh vencerlo.

Sabiéndose derrotado, el gigante Humbaba comienza a pedir misericordia y rogar por su vida. Gilgamesh sintió lástima en su corazón y retiró su espada, dejando de lado también su hacha. El monstruo Humbaba se arrastraba hacia él gimiendo y suplicando por ayuda. Enkidu, le advierte a Gilgamesh que la acción podría ser una trampa y que la terrible bestia no era de fiar, incitando al rey a matarlo.

Enkidu percibió que mientras se arrastraba y suplicaba, el monstruo respiró profundamente con la intención de arrojar su última arma, el fuego abrasador que consumiría en instantes al Rey. Enkidu saltó sobre el demonio enfrentándolo con la espada. Allí la bestia soltó el fuego, pero como estaba débil sólo logró un pequeño burbujeó entre las piedras que no representó ninguna amenaza para los héroes.

Sabiéndose perdido, Humbaba lanzó una maldición sobre Gilgamesh y Enkidu, donde uno encontraría la muerte a manos del otro. Luego Humbaba murió y los dos héroes así como el grupo que los acompañaba, todavía estaban vivos. Para celebrar su triunfo, ambos se abrazaron el uno al otro, saltando, cantando y gritando. Después de matar a Humbaba, Gilgamesh y Enkidu comenzaron a cortar los árboles sagrados en el bosque de cedros. Luego, cortaron la cabeza de Humbaba y la colocaron dentro de una bolsa de cuero negra.

Los aguerridos guerreros descendieron de la montaña y empezaron a caer suaves lluvias sobre la montaña como una especie de bendición que hizo libre para siempre aquellas tierras de la maldición del gigante Humbaba. Gilgamesh llevó la cabeza cortada del monstruo hasta el templo del dios Enlil, creador del gigante mitológico.

Aunque el personaje de Humbaba se representa generalmente como el antagonista dentro de la leyenda de Gilgamesh, investigaciones y escritos han arrojado una versión distinta sobre este personaje, haciéndolo ver como el bueno de la historia y su muerte entonces representaría una cruel injusticia, ubicándolo como víctima y no como victimario.

En estas nuevas historia, el personaje terrible de la bestia, de alguna manera se suaviza y se coloca a Humbaba como una especie de guardián benevolente de la naturaleza, lo que convierte a Gilgamesh y Enkidu en los villanos del cuento al matarlo y acabar con los bosques talándolos, desafiando la ira de los dioses ya que el cedro es el árbol sagrado.

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