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Vesta, la deidad del hogar, la familia, el fuego y el humo. Protectora de fuego del hogar, lo que representa el calor familiar, de las emociones y la calidez de cada persona y de la comunidad. También se le conoce como Aio Locucio, que significa voz deifica (proveniente de una deidad); en la antigua Roma, se dice que fue la voz de Vesta quien le advirtió a los romanos de la invasión de los galos (390. a. C.).

Vesta

Información sobre la diosa.

Vesta hermana de cuatro grandes e importantes deidades como lo son, Júpiter, padre de los dioses y de los hombres; Neptuno, gobernante de las aguas y los mares; Plutón, dios del inframundo; la reina de los dioses y protectora del matrimonio, Juno; y Ceres, diosa de la agricultura, cosecha y la fecundidad. Hija del dios de la agricultura y la cosecha, Saturno; y de la diosa de la fertilidad y del territorio sabino, Ops. (Ver Artículo: Dios Júpiter en la mitología)

Vesta es el símbolo de la supervivencia y la unión familiar, la representación por excelencia de la fidelidad para los romanos. La divinidad que profesa “el arte de mantener el fuego del hogar y del templo interno”, lo que se traduce al resguardo y confortabilidad familiar y incentivando la salud mental como un punto sacro, conservando nuestros cuerpos sanos y vigorosos.

Es difícil de concebir una imagen exacta que retrate a esta diosa, ya que esta divinidad era adorada e invocada a través de ritos con fuego, y las flamas y el humo que emanaban de estas fogatas u hogueras, no eran nítidos. Sin embargo, describen su presencia como acogedora, cálida y agradable.

El Templo de Vesta.

Cuenta la leyenda, que el rey Numitor había sentenciado de muerte a su hija Rea Silvia por haber quedado embarazada de los gemelos Rómulo y Remo, producto de una violación por parte del dios Marte. Vesta apareció ante Numitor, e intercedió por Rea Silvia, perdonándole la vida y abandonándola a su propia suerte. Numa Pompilio, hijo de Rómulo, como agradecimiento a la diosa del fuego eterno, levantó un templo en su honor e inició el culto a las vestales.

Se conocen otras versiones de esta historia, que dicen que fue el hermano de Numitor, Amulio, quien lo destronó y mató a su hijo, el legitimo heredero de Alba Longa, quien obliga a Rea Silvia a ser una virgen vestal, y al quedar embarazada, rompiendo sus votos de castidad, la manda a enterrar viva y a darle muerte a sus hijos. El encargado de matar a los gemelos, los abandona en el Tíber, y el dios río, del mismo nombre, halla a los bebes y se los entrega a la loba Luperca, para luego salvar a Rea Silvia y casarse con ella.

Sin embargo, creen muy poco probable que Rea Silvia haya sido una virgen vestal, puesto que este culto da inicio después gracias a su nieto. De igual forma, hay historias que difieren que haya sido Tíber quien rescata a Rea Silvia, y le atribuyen estas acciones al Río Anio.

Lo que si sabemos con exactitud, es que el Templo de Vesta, está entre los más antiguos. Fue construido en el siglo VII a.C., algunos dicen que fue Rómulo (771-717 a.C.) quien mando a edificarlo, pero está demostrado que el templo se irguió después del desarrollo de la segunda etapa de Roma, y por ende fue bajo el mandato de Numa Pompilio, segundo rey de Roma (716-674 a.C.)

El Tempio di Vesta, como se le conoce en italiano, está ubicado en el Foro Romano,  en la ciudad de Roma, junto a la Regia, la residencia del rey; y la Casa de las Vestales, residencia de las vírgenes vestales; y juntos forman el complejo religioso “Atrium Vestae”.

Es un templo de planta circular, con columnas corintias, elegantes y ornamentadas, en mármol blanco, con una cámara interior central cerrada, conocida como cella, y un podio también en mármol. El techo era conoidal con un agujero en la punta, para que el humo expedido por el fuego sagrado, saliera por allí. La entrada está ubicada hacia el este que funciona como una unión entre el fuego sagrado y el Sol.

En el templo no había ninguna estatua, en la cella estaba un hogar (hoguera) con un fuego perenne, conocido como fuego sagrado, que representaba la defensa de Roma y la seguridad de los hogares, y la extinción de este fuego se veía como un augurio de desastre para la ciudad, según Dionisio de Halicarnaso. El templo también resguardaba documentos del senado y objetos de gran importancia o culto.

El rey Numa les encargo a sus hijas el resguardo del fuego sagrado, por lo que fueron conocidas posteriormente como sacerdotisas. La orden de las Vírgenes Vestales fue el primer y único sacerdocio femenino en la Antigua Roma.
Las candidatas a ser vestales, eran elegidas entre los seis y diez años por el Pontífice Máximo, debían ser vírgenes de gran hermosura, al principio hijas de nobles, aunque con el tiempo esto fue cambiando. Eran separadas de sus familias, y hacían un voto de castidad por 30 años, donde los primeros diez años aprendían sobre el culto, los siguientes diez ofrecían los servicios, y la última década instruían a las nuevas aspirantes.

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El templo de Vesta sufrió distintos contratiempos, en su mayoría incendios, donde muchos creerían que fue debido al hogar (hoguera) de la llama eterna, sin embargo, los causantes de estos desastres era la ciudad de Roma como tal. Por ende, el templo tuvo diversas reconstrucciones. Su llama ardió hasta el año 394 a.C., cuando el emperador Teodosio I aboliera los ritos y creencias paganas.

Relación entre Vesta y Hestia.

Vesta, diosa del hogar, es una de las divinidades más antiguas, se puede encontrar tanto en la mitología griega, donde es mejor conocida como la diosa Hestia proveniente del griego antiguo Ἑστία que se traduce como hogar, como en la mitología romana. Sin embargo, la devoción de los romanos por Vesta fue mayor, que la de los griego por Hestia, dándole una notable importancia en la antigua Roma.

En ambas mitologías, la diosa del hogar, es conocida por ser una diosa virgen, y es representada con un velo en la cabeza, símbolo de su castidad y con un cetro en la mano. También hay imágenes donde se le ve con una antorcha o junto a un asno.

Esta divinidad fue cortejada por Poseidón y Apolo o Neptuno y Febo, en la mitología griega y en la mitología romana respectivamente. Sin embargo, rechazo ambas propuestas y a todo pretendiente que tuvo, manteniendo siempre sus votos.

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