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Leyenda del maíz: según los guaraní, aztecas, huicholes y más

El maíz es una mata indígena que proviene de América, que con el tiempo ha tenido una gran importancia en el aspecto económico. En este espectacular artículo que se refiere a la leyenda del maíz, podemos conocer las distintas narraciones que se tejen de su origen, siembra y cultivo, que hoy en día mucho gozamos de los exquisitos alimentos y manjares  que nos provee esta espectacular planta conocida como el maíz. No se pierdan lo interesante de estos relatos de tan preciado alimento que nos acompaña en la mesa a muchos.

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Según los Guaraní

Los nativos de la cultura guaraní, comenzaron a migrar hacia el sur desde el centro de las selvas sudamericanas, es probable que haya sido desde Mato Grosso, donde se dividen las aguas que encausan hacia el norte, y a las selvas amazónicas.

En esta cultura se mantiene viva la costumbre de preparar más de doscientos tipos de alimentos, y además sus granos son utilizados como medicinas al igual que la barba de la mazorca. La tradición aún permanece en el norte, y principalmente en el noroeste de instalar una piedra de tamaño grande y que su forma sea alargada en los cultivos de maíz a la que le llaman mama-zara, con lo que quiere expresar que es la madre de maíz, y que simboliza una enorme y frondosa mazorca, y que según la creencia es protectora de las sequías y de los fríos que pudieran afectar a los sembradíos  de maíz.

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Cuenta la leyenda de los guaraní, que al maíz lo llaman Avati, y que su origen está basado por un indio de la tribu que para apaciguar la furia de Tupá, se brindó para ser sacrificado, cuando el jefe de la tribu informó que de esta forma regresaría a la zona exuberancia y bienestar para todos. Entonces, el indio prevenido a morir lo enterraron en una fosa en donde su nariz quedó descubierta. Al transcurrir las semanas, sus familiares se dirigieron al lugar para observar una planta que no conocían y que su fruto era una elegante espiga que tenía unas semillas de color amarillo, y la denominaron Avati que en el lenguaje Guaraní, quiere decir “nariz de indio”.

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De una vez agarraron los granos de maíz, lo prepararon como alimento, les agradó tanto su sabor, que desde entonces lo formaron como parte principal en su alimentación; la inmolación de aquel indio no fue en vano, ya que trajo como consecuencia el famoso maíz. Con el uso en la alimentación con esta planta conocida como el maíz, han superado fuertes hambres, y pudieron enfrentarse a las consecuencias económicas de las guerras con la colonia española y el ejército boliviano.

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¿Cuál es la versión azteca?

Según la leyenda, mucho antes que Quetzalcóat, el dios principal del panteón prehispánico, arribara a estos lugares, los aztecas sólo se alimentaban de raíces de árboles y plantas y de la caza de animales. En esos tiempos no tenían ni tampoco conocían la planta del maíz, porque se ocultaba detrás de las selvas. Cuenta la historia que los arcaicos dioses buscaron la forma de cómo dividir las espesas montañas con su enorme fuerza y energía pero que de ninguna manera lo pudieron lograr. Lo que buscaban los dioses era que pudieran alcanzar a tan maravillosa planta, ya que su fruto daba un cereal exquisito como alimento.

Como no pudieron conseguirlo, Quetzalcóatl pensó en otra idea que era utilizar la inteligencia como fuerza más poderosa, se convirtió en una pequeña hormiga de color negro y se hicieron acompañar con otra hormiga de color rojo y se marcharon hacia las tupidas montañas. Una vez que salen, se encontraban como muchos obstáculos, pero con su tenacidad los fueron venciendo; los confortaba a continuar su camino cuando pensaban que los aztecas tenían sus necesidades alimenticias.

Luego de tanto andar por los senderos llegó a la parte trasera de los bosques que era donde se hallaba el maíz, y éste a estar figurado como una simple hormiga, agarró entre sus dientes un grano del ansiado maíz y se marchó de regreso a donde estaban los aztecas. Cuando llegó al pueblo, le entregó el tan esperado grano de maíz a los indígenas para que lo sembraran y cultivaran.

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Desde ese momento, los aztecas se aplicaron con sumo cuidado y esmero a sembrar y cultivar tan preciado grano. Este alimento se convirtió en el preferido dentro de sus comidas, los colmó de riquezas y propició un impresionante desarrollo económico y social, ocasionando construir grandes y espectaculares ciudades, iglesias y majestuosos palacios. (Ver artículo: Leyenda del Nahual)

Según Bolivia

Cuenta la leyenda del maíz de la cultura boliviana, que en una zona conocida como Kollana, habían dos comunidades que estaban compuestas por el Ayllu Chayanta y el Ayllu Charca, quienes convivían en enfrentamientos. Estas razas podían solventar sus desacuerdos en las viejas tradiciones de torneos de luchas y guerras conocidas como champamackanacus o tincus, donde los guerreros de los ayllus se enfrentaban anualmente.

De acuerdo a las leyendas y creencias de los indígenas, cuando cobraban mártires en el champamackanacus era símbolo que tendrían un año próspero en las cosechas. Mientras que cuando los guerreros contrarios salían ilesos, se auguraba un año no prosperó para los cultivos.

Cuenta la leyenda, que en la población vivían dos jóvenes que se habían unido en nupcias producto del amor que se profesaban el uno con el otro. El joven se conocía con el nombre de Huayru que era del ayllu de chayantas, y la joven de nombre Sara Chojilu era del ayllu de Charcas, donde usaban como armas para combatir las punzantes lanzas. Estos jóvenes esposos se juntaron para proteger sus tierras de los españoles.

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Cuenta la historia que Sara le suplicó a su amado esposo que no asistiera a la competencia con esas personas, pero el joven no le obedeció y que con gran orgullo le respondió, que si no iba lo veían como un cobarde, y se fue a enfrentar la batalla. Sara tenía malos augurios, por lo que decidió acompañar a su esposo hasta el campo de batalla.

Al llegar el día de la competencia, Huayru participó en la batalla, y su amada esposa era quien le proveía las rocas, así como colaboraban las otras mujeres que no tenían progenitores y también eran del pueblo y ayudaban a sus esposos.

Fue atardeciendo y se hizo de noche, y los ayllus vencieron la batalla, y pasadas las horas cuando terminó el combate, el padre de Sara Chojllu arrojó una flecha que malamente le atravesó el corazón a la infortunada joven, quien se desplomó al piso con su tez pálida, su amado esposo la agarró entre sus brazos y dejó de respirar falleciendo, y regalándole su última sonrisa. Al joven Huayru le causó tanto sufrimiento la muerte de su esposa que no paraba de llorar.

Huayru y sus amigos de combate, procedieron a cavar una fosa donde enterraron a la hermosa india, las lágrimas incesantes del joven mojaron la tumba. Cuentan que al día siguiente con el riego de las lágrimas de su esposo, en la tumba de Sara apareció y creció una planta que no era conocida por ninguno y que se extendió por todo el terreno de la tumba; Huayru sorprendido de esta planta, lo hacía recordar a su amada Sara, con el color verde sus hojas que eran parecido al color de sus ojos. (Ver artículo: Cosmovisión Amazónica)

Esta planta desconocida y nueva para todos, tenía su tallo  erguido, esbelto y elegante, estaba forrado con el mismo color verde claro de los trajes que usaba Sara, sus frutos poseía cabellos como una indiecita tan amarillos que parecían los rayos del sol. La mazorca de maíz poseía unos finos y perfectos dientes parecida a la dentadura de la bella joven, y el color de su piel era tan blanca como si fuera la propia mazorca que sonreía con unos finos dientes como si fueran lo de Sara. La joven fue producto de la tierra con todas sus hermosas cualidades al igual que lo posee la planta de maíz y su fruto.

Se cuenta que la planta de maíz tiene la forma parecida como una flecha, las bejucos que están cerca de la cabeza de la mazorca aguardan las lágrimas derramadas de Huayru, sus cabellos que rodean las hojas son parecidas a la cabellera de su mujer, y el sumo de sus frutos era tan dulce como sus besos, y al mismo tiempo amargo como las lágrimas de Huayru.

Leyenda del maíz negro

Cuenta la leyenda sobre el nacimiento del maíz de color negro, que existía en una hacienda donde trabajaba la tierra un creativo campesino, quien tuvo la idea de sembrar algunas semillas de maíz, tanto de color blanco, amarillo, rojo y el grano de color negro. Justo el día que plantó los granos de maíz de diferentes colores, la naturaleza le bendijo su cultivo, porque le envió una llovizna que le remojó la tierra en donde estaban las semillas sembradas; ellas, muy agradecidas por el agua que recibieron, comenzaron a brotar. Al transcurrir los meses, el sembradío se veía llamativo y hermoso con la presencia de tan graciosa naturaleza.

Las matas de maíz que ya estaban grandes resplandecían sus largas y brillantes hojas que danzaban al ritmo de la brisa, las abejas y las hermosas mariposas se regodeaban entre sus maravillosas hojas, pero algo estaba sucediendo con las plantas de maíz que estaban dando ya su cosecha, observaron que una planta estaba mustia y afligida, porque sus granitos de maíz eran de color negro.

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Las plantas que estaban cerca de ella, le daban ánimo y la incitaban a que expandiera sus hermosas hojas y que las meneara al estilo de las mariposas, pero ella sentía temor a que la vieran, se burlaran y hasta que la ridiculizaran porque sus granos de maíz eran de color negro.

Al llegar el tiempo de recoger la cosecha, las mazorcas de maíz ya estaban preparadas para agarrarlas y meterlas en el canasto, el campesino se fue al mercado para hacer la venta de su maíz del que se sentía orgulloso porque tenía los cuatro colores. Como resultado, la gente se sorprendió al ver el maíz negro, todos los pobladores agarraban el maíz negro lo miraban y decían “¡que hermosos colores, que sabrosas y que exquisitas tortillas haremos si los mezclamos!”·

Leyenda del maíz colorado

La leyenda sobre el origen del maíz colorado sucedió en los tiempos precolombinos, cuando la tierra era de todos los habitantes que la labraban, en esa época las personas no reñían para vivir, porque concebían que vivir era humilde y natural, y los seres humanos se satisfacían con solamente dormir, comer, amarse entre sí, crecer y desarrollarse. En el pueblo durante ese año existía mucha felicidad y alegría, que la naturaleza con sus lluvias gemían de tanto amor, la luna en el firmamento resplandecía en el agua de los ríos que parecía plata. Los indígenas aprovecharon para arrojar por la tierra de los campos granos de maíz, que eran tan blancos y de perfecta formación que parecían dientes de sihuapil, la tierra estaba tan hermosa que su arado parecía olas. Con el paso de los días, la tierra se vistió con miles de hojas pequeñas y miedosas, que de tanto beber y respirar la luz de la luna fueron creciendo poco a poco hasta que se hicieron unas frondosas hojas.

Existía una diosa conocida como Sucuxi, que su hermosura era tan espectacular por su color llamativo moreno, era de una conducta buena y noble, y la acompañaba por siempre la inocencia; ella se subió a la cima de la montaña de donde admiraba las labores que hacían los indígenas, por lo que les obsequió un premio por sus esfuerzos, procuró otorgarles una cosecha más primorosa. Descendió de la cima y acudió a donde estaban los maizales que ya daban su fruto que eran las mazorcas, y observó que los tallos de las plantas eran más alta que la de un indígena.

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La diosa Sucuxi comenzó a corretear entre todos los maizales, y las plantas con alegría jugueteaban al sentir en sus hojas el viento. Pero, cuenta la leyenda que entre los tallos de las plantas de maíz, la maleza tan espesa había tapado un hongo, que simulaba una gotita de lagrima que dejan los inofensivos grillos cuando aparece el sol. En el hongo estaban incrustadas algunas indiscretas espinas, que hirieron los pies de la inocente morena diosa Sucuxi; a partir de ese momento sus débiles y frágiles pies comenzaron a fluir gotas tibias de su sangre roja. Estas pinchadas le causaron un fuerte dolor y sufrimiento, tanto así que salió volando a su cabaña mientras brotaba y caía sangre sobre los granos de una mazorca que estaba separada de sus envolturas. De inmediato, los granos de la mazorca comenzaron a beber la sangre de la diosa y su color cambio de blanco a color rojo por  la sangre que los había embebido.

Al llegar el momento de recoger la cosecha, los indígenas fueron a buscar sus frutos, y vieron que algo extraño sucedía cuando cortaron una mazorca se dieron cuenta que era de color rojo intenso, y desde ese momento la bautizaron como maíz colorado.

Crespín en la leyenda del maíz

El Crespín se refiere a un ave de tamaño pequeño, posee una cola larga y sus alas son cortas. El canto de este pequeño pajarito al parecer pronuncia: “cres-pín-cres-pín”. Esta ave solamente se puede observar por los lugares cuando es tiempo de cosecha.

Según la leyenda Crespín era un ave muy trabajadora, que le gustaba la sencillez y tranquilidad, tenía su esposa llamada Durmisa, que en cambio sí amaba las fiestas, la música y hasta bailar.

Cuenta la leyenda que existía un particular pueblo conocido como San Lorenzo y allí habitaba los familiares de Crespín. En este pueblo, los habitantes solamente vivían del cultivo de las plantas de maíz, y las mazorcas por mala suerte no eran muy frondosas porque venían sin nada de granos, y los habitantes habían perdido toda esperanza de obtener una buena fruta para su alimentación. Con el apoyo de Crespincito, que era tan calvo como las mazorcas que nacían, el pueblo pudo obtener un mejor una buena cosecha de maíz.

Durante un año de abundante cosecha, Crespín se fue a trabajar fuertemente todo el día, y durante muchos días, a Crespín le nacieron plantas de maíz, una tarde regresó a su casa muy agotado de tanto trabajar y se sentía enfermo, su esposa Durmisa ni le prestó apoyo, prefería bailar.

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Crespin se sentía con malestar y agotamiento y le dice a su esposa que vaya al pueblo a buscar alguna medicina porque él quería estar sano para terminar la siembra. Su esposa se fue al pueblo, mientras que marchaba en el camino se encontró con una fiesta, donde celebran que habían tenido una buena cosecha, y se quedó en ella disfrutando y no recordaba para nada a su esposo. Vinieron a buscarla para anunciarle que Crespín estaba en lecho de muerte. Durmisa muy despreocupada, les contesta “la vida es corta y es para disfrutarla, y es muy larga para llorar”

Al finalizar la celebración, Durmisa regresa a la casa, y se encontró que Crespín ya no estaba, comenzó a buscarlo por todas partes, la invadió el arrepentimiento, atravesó los sembradíos y comenzó a llamar a Crespín hasta que casi pierde la voz. Ya desesperada y con su energía agotada, Durmisa le ruega a Dios que le previera alas para continuar la búsqueda. Lo que no sabía era que Crespín había muerto la noche que ella disfrutaba en el baile, y que unos vecinos misericordiosos lo habían velado y lo habían sepultado, y aun convertida en ave continúa llamando a Crespín por todos los maizales. (Ver artículo: Cerro del Muerto)

Intervención de Popol Vuh   

La leyenda del Popol Vuh es una muestra de que el maíz es un elemento fundamental en el desarrollo y existencia de la cultura en los seres humanos y sobretodo en los mayas. En esta narración se describe el encuentro entre Ixmucané, la abuela, con Ixquic, madre de Hunahpú e Ixbalanqué y la importancia del grano de maíz.

La leyenda comienza cuando Ixquic llegó al lugar y le dijo a ésta que sería su nuera, pero la anciana no la aceptó sin proponerle condiciones. Enseguida le ordenó que fuera a traer alimentos para los que tienen que comer, le dijo; “ve a cosechar una red enorme que sea de maíz y te regresas de inmediato”. La muchacha enseguida se marcha al campo a buscar una planta de maíz que tuviera su espiga, pero solamente consigue una.

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La muchacha como no consiguió muchas plantas su corazón se angustió, por lo que de inmediato invoca a la deidad de los alimentos. Igualmente, le ruega apoyo a tres diosas que están ligadas a los ritos del maíz que son: Ixtoc, Ixanil, Ixcacau.

De inmediato, agarró tres hebras de color rojo del maíz, y sin cortar la mazorca, las acomodó en una red como si fueran verdaderas mazorcas, la red se completó con muchas mazorcas de maíz, los animales del campo lo agarraron y se lo llevaron a sus casas. Se preguntaba Ixmucané como había conseguido tanto maíz, llegando a pensar que había acabado con toda la cosecha, por lo que se dirigió a la siembra y observó que aun estaba la única planta de maíz con su mazorca. Entonces, no dudó en decirle que era una prueba verdadera que era su nuera, y le pronunció: “lo que llevas dentro de ti también serán sabios”. 

¿Qué dicen los Huicholes?

Los Huicholes son una etnia mayoritaria proveniente de México, cuenta la leyenda que estos estaban aburridos de la monotonía de sus comidas. Entonces, un joven huichol escuchó alguna vez una conversación sobre el maíz y sus deliciosos cereales, pero la planta de maíz estaba remotamente distante, al otro lado del bosque.

Un buen día, observó una fila de hormigas y como él tenía conocimiento que a estas criaturas les gustaba el maíz, se propuso a seguirlas. Pero el joven estaba agotado de tanto caminar, por lo que se acostó en un tronco de un árbol y se quedó dormido, las hormigas aprovecharon de su cansancio y comieron toda su ropa y lo dejaron desnudo con tan sólo su arco y su flechas.

El joven huichol, estando desnudo y con hambre, se lamentaba de lo que le había sucedido, entonces llegó un pájaro y se posó encima de un árbol que estaba cerca de él, el joven preparó su arco y su flecha apuntando a la inocente ave, pero el pájaro le respondió con escarmiento diciéndole que era la Madre del Maíz. Le extendió una invitación para que la siguiera hasta donde estaba la Casa del Maíz, y ella lo autorizaba a que agarrara todo lo que el deseaba.

Así fue, el joven llegó a la Casa del Maíz, y al entrar se halló con cinco hermosas doncellas que eran las hijas de la Madre de Maíz, las princesas tenían por nombre: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra. La Mazorca Azul lo embelesó con su espectacular hermosura y su forma dulce de ser, estos se enamoraron, contrajeron nupcias y regresaron a la Villa Huichol. Como el joven no poseía vivienda, durante mucho tiempo estuvieron durmiendo en una zona que era sólo para los dioses.

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Luego, como por hechizo, la casa que tuvieron los recién casados se colmaba diariamente de espigas, las cuales tomaban para adornar su casa junto con otras flores silvestres. La hermosa y próspera esposa le enseñó a su amado esposo a sembrar y cultivar el maíz, a cuidar y regar los cultivos. Viendo que esta fruta del maíz les daba deliciosos y exquisitos alimentos, los animales que estaban cerca, intentaron robarle los granos de maíz. Entonces fue cuando Mazorca Azul les enseñó a todas las personas cómo deberían de resguardar los alrededores de los cultivos con fuego para espantar a los animales salvajes que venían a robar las espigas tiernas.

Cuenta la leyenda que Mazorca Azul, luego de que enseñó todo su conocimiento acerca del maíz, procedió a molerse ella misma, y fue cuando los seres humanos conocieron el exquisito atole, una bebida sabrosa que se consume caliente y se prepara a base de granos de maíz.

Cuento corto del maíz para los niños

Había una vez hombre que tenía mucha hambre, y preguntó: “¿En dónde puedo comprar maíz?”, a lo que le respondieron el lugar donde podría conseguirlo. El hombre comenzó a dirigirse al lugar que le mencionaron, pero se acostó a dormir porque estaba cansado; cuando se despertó, no había nadie cerca y estaba calvo.

El hombre muy asustado, se preguntó: “¿Qué hago ahora? Sigo con hambre” . Se sentó en la cima de una montaña, y desde ahí veía cómo se acercaba una paloma que traía en su pico masa de maíz.  El hombre enseguida le preguntó al ave si podría ir a su casa, a lo que ésta le contestó que sí. Al llegar, le pregunta si allí es donde vendían maíz, alegando que la gente le había solicitado encontrar maíz, contando además que había perdido sus cabellos en el trayecto. Dentro de la choza se encontraba la dueña de ésta, una abuelita que le dijo que podría obsequiarle una muchacha para compensar la pérdida de su cabello.

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La anciana abrió la puerta y exclamó: ” Ven maíz amarillo; maíz rojo, ven; maíz negro, ven; maíz pinto, ven; maíz blanco, ven; ven, flor de calabaza; ven, amaranto rojo. Maíz amarillo, tu vas a ir con él”

Finalmente, el hombre sembró los granos de maíz de todos los colores que le había regalado la anciana, y obtuvo una gran siembra y alimentos de preciado y exquisita planta del maíz.