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Clímene, era una deidad menor femenina típicamente asociada al mar. Era hija de Océano, un titán hijo de Urano y Gea, y de Tetis, diosa de las aguas.

Origen de Clímene

En la mitología griega, se conoce como Clímene o Climena, cuya palabra griega significa  “fama”. Era una oceánide, una deidad menor femenina típicamente asociada al mar, hija de Océano, un titán que a su vez era hijo de Urano y Gea, y su madre fue Tetis, la diosa de las aguas. (Ver articulo: Oceánidas)

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Climene

Fue la madre de Faetonte, que en griego antiguo significa “ser que brilla o irradia energía”. Este hijo lo concibe con Helios, el dios del sol, donde la relacionan como su esposa y madre también de las Helíadas, personajes mitológicos que retaron a los dioses, teniendo el control de la lluvia.

En otras historias se dice que Climene era esposa de Mérope, un rey de Etiopía pero que lo engañaba haciéndose amante del dios Helios en secreto.

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¿Cuál es la historia de la mitología griega de Climene?              

Clímene oceánide, era una deidad menor femenina típicamente asociada al mar. Era hija de Océano, un titán hijo de Urano y Gea, y de Tetis, diosa de las aguas. Es popular por ser la madre de tres mil hembras, conocidas como las oceánides, y tres mil varones  que fueron los ríos de la Tierra.

Climene fue la esposa de Mérope, rey de Etiopía, pero fue seducida por Helios, el dios del sol y quien la hizo madre de Faetón un soldado griego y de las helíades. Otras versiones dicen que Clímene no era la amante de Helios sino su esposa legítima.

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Otras Climene de la mitología

Con este nombre se conocen a otros personajes femeninos de la mitología griega como Climene, una oceánide también conocida como Asia. Era esposa de Jápeto un titán hijo de Urano y Gea, y madre de Atlas, Epimeteo, Prometeo y Menecio. Otra Climene, la citan como pareja de Prometeo y no como su madre. ( Ver articulo: Atlas según la mitología griega)

Esta así la princesa de Orcomeno, es hija de, rey Minias y Eurianasa, y esposa de Esceneo, con el que tuvo a Atalanta.  También está una Climene, que era nieta de Minos siendo su padre Catreo. Junto a Nauplio, fue madre de Palamedes, Eax y Nausimedonte.

También se conoce con ese nombre a la madre de Diomedes concebido con Ares y a la hija de Nereo y Doris. El dios Zeus la hizo madre de Mnemosine.

La leyenda ubica a otra Climene, como la Confidente y amiga de Helena de Troya, a la que siguió hasta esa ciudad cuando ésta fue raptada por Paris, y hasta en la astronomía existe una Climena que es un asteroide.

Clímene, Faetón y Helio

Como ya se dijo anteriormente, Faetón, era el hijo de Climene con Helio, el dios del sol. Cuentan algunos relatos que Faetón era constantemente insultado y burlado por varios mortales, en especial por Épafo, un rey de Egipto e hijo del dios Zeus con una mortal, quienes dudaban de los orígenes soberanos que tenía éste.

Por esta razón, Faetón le suplicó a su madre Climene que le diera una prueba de su casta privilegiada. Clímene se compadeció del clamor de su hijo permitiendo que conociera a su padre, Helios  el Dios del Sol.

En el encuentro de padre e hijo, Fateon repitió la súplica, pero esta vez a su padre que le concediera una forma para que el pusiese probar que era su hijo ante los incrédulos de su casto origen. Helios le concedió a Faetón un deseo y éste pidió conducir su carro durante un día, el carro dorado con el cual llevaba la luz al mundo.

Aun sabiendo de la responsabilidad tan grande que aquello era, el dios corrió el riesgo, pues quería complacer a su hijo y le presto el famoso carro dorado.  Al tomar el carro, Faetón no pudo controlar a los caballos, descarrilándose por lo que terminó quemando toda la tierra, muriendo así consumido por las llamas.

Zeus, el dios del Olimpo, fue obligado a intervenir en aquella escena, golpeando el carro con un rayo mágico para poder detenerlo. Las Helíades, que eran sus hermanas, lloraron tan fuertemente ante su sepultura y se lamentaron tanto, que los dioses transformaron aquel terreno, que había quedado seco tras las llamas, en un sector arborizado y las lágrimas las convirtieron en ríos y arroyos.

Consumido por el dolor y la pena de la muerte de su hijo, Helios dejo al mundo todo un día sin sol, todo era oscuridad, y sólo se veía el fuego que seguía desprendiendo el incendio que se provocó con el carro.

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