Descubre aquí todo sobre la Titanomaquia

La Titanomaquia fue el trascendental episodio de guerra acontecida en la mitología griega que marcó un hito decisivo en la vida de los dioses. Entérate aquí cómo y por qué sucedió.

Titanomaquia

¿Qué es la Titanomaquia?

La Titanomaquia, también llamado Guerra de los Titanes, es el importante evento ocurrido dentro de la mitología Griega y está referido a las terribles batallas, que se sucedieron por espacio de diez años entre las dos castas de los principales deidades que existían en el mundo antes de la creación del hombre.

En la Titanomaquia se enfrentaron, por un lado, los Titanes del Monte Otris, morada de estas deidades ubicado en el macizo montañoso de Grecia, cerca de la región de Tesalia y en el que se encontraba el palacio de Crono, Señor del Tiempo. Lo utilizaron como su sede principal.

Por el otro lado, estaban los dioses del Monte Olimpo, por lo que se les conocía también como los dioses olímpicos. Fueron el otro bando que participó en esta contienda.

Titanomaquia

El Monte Olimpo, que significa “lo más alto entre lo alto“, ciertamente está localizado en la cima más alta de la región entre Tesalia y Macedonia, Grecia, y fue la residencia de los principales dioses del panteón griego, que lideraba Zeus. Asimismo, en la Mitología Romana se presenta dioses con moradas similares a las de las deidades griegas.

Era un sitio hermético, prácticamente inaccesible, envuelto entre densas nubes, que escondían su magnificencia. En el Olimpo había grandes palacios destinados a cada una de las divinidades, desde donde podían observar el mundo, mientras eran entretenidos por las musas.

El vocablo Titanomaquia proviene del griego antiguo Τιτανομαχία, que traduce “guerra de Titanes”.

Titanomaquia

El mito de la Titanomaquia

Los antecedentes de la Titanomaquia de la mitología griega se remontan al momento en que Urano era el dios más poderoso del mundo en lo que fue el principio de todos los tiempos cuando ya estaban creados el cielo, la tierra y todos los demás elementos terrestres.

La leyenda nos cuenta que este dios tenía dominio total de todo el cielo y del universo en general y junto a la diosa de la tierra, Gea, controlaban a todas las criaturas que poblaban la tierra.

Por mucho tiempo Urano y Gea gobernaron de manera absoluta y suprema y todos le obedecían. No existía la muerte, ni el mal, ni el odio. Eran, pues, las principales deidades primigenias.

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Gea

Ambos engendraron muchos hijos inmortales de distinta especie, entre ellos estaban los llamados Titanes, que eran los de mayor poderío. Con el tiempo, estos hijos se convirtieron en enormes gigantes con mucho poder, maldad y astucia, por lo que Urano comenzó a sentir miedo del poderío de sus propios hijos.

Estos hijos, por mucho tiempo, estuvieron encerrados por órdenes de Urano en la zona más apartada y lúgubre de la tierra. Esto generó en ellos un profundo odio contra él, lo que propició la posterior rebelión liderada por su hijo Crono, el más joven de los Titanes.

En cierto momento, los Titanes comenzaron a sentir ansias de poder y ya no acataban las órdenes del dios padre e irrespetaban su autoridad, por lo que Urano enfureció y decidió castigarlos severamente. Su ira hizo que temblaran el cielo y la tierra.

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Urano

Ya el miedo que sentía el dios del cielo se tornó en angustiante temor de que sus hijos gigantes pudieran dominarlo y destronarlo, además de que no concebía la idea de perder su poder supremo.

El relato de la Titanomaquia nos dice que, de alguna manera, éste fue el inicio de la tiranía que llevó a la épica Guerra de los Titanes. Escenas tiránicas como éstas las encontramos en la mitología nórdica.

Para evitar ser destronado, Urano arrojó a todos sus hijos a la tenebrosa región del Tártaro, que era el infierno representado en un escabroso calabozo controlado por Hades, dios del inframundo.

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El Tártaro

En virtud del implacable odio de Urano, la diosa de la tierra le imploró que perdonara a los hijos desobedientes, pero Urano no escuchó sus súplicas. Este duro castigo provocó la ira de Gea en vista del obsesivo maltrato que debían sufrir sus hijos a causa de su esposo, lo que llevó al rompimiento en la pareja.

Gea, mientras animaba a sus hijos a que resistieran, urdió un plan para vengarse por la despótica acción de su esposo para con sus hijos. Con mucha ira y maldad en el corazón, buscó una hoz gigante, convenció y ayudó a su hijo menor Crono, el más ambicioso y arrojado de todos sus hijos, para que escapara del Tártaro y volviera al mundo de la luz.

Gea instruyó a Crono para que castrara a su padre la próxima vez que tuviera relaciones sexuales con ella. Crono, por su parte, ya tenía en mente destronar a Urano, imbuido por sus ansias de poder, de modo que esta oportunidad era la propicia.

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Crono

Así, encontrándolo dormido después de haber estado con su madre, el valiente y decidido Crono lo golpeó, le cortó los genitales, que luego arrojó al mar. La sangre que cayó al suelo dio a luz a las ninfas Melíades, a criaturas como los Gigantes y a las Erinias, mientras que la que cayó en el mar dio vida a la diosa del amor y la belleza, Afrodita, por lo que se dice que ella es “surgida de la espuma”.

En virtud de esta afrenta, Urano lanzó una maldición a su hijo profetizando que sus propios hijos también lo derrocarían a él, profecía que dio inicio, así, al ciclo de miedo, codicia y tiranía entre los Titanes.

Usurpó, entonces, Crono el trono de Urano, instaurando un reinado del mal, que provocó numerosas calamidades a la tierra, pues su poder estaba cimentado en un hecho malvado, como fue la traición a su padre. Liberó a sus hermanos los Titanes de su cautiverio y promovió que el odio, los conflictos y la venganza en el mundo.

Esta desgracia se vivió por cierto tiempo. Luego cuando Crono se casó con Rea, la diosa de la fertilidad y una de las Titánides, procrearon a varios hijos. En ese entonces el oráculo le recordó la profecía de que uno de esos hijos lo destronaría, tal como él hizo con su padre.

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Rea

Por ello cuando Cronos y Rea comenzaron a procrear, el miedo de Cronos a la profecía de su padre hizo estallar su paranoia, transformándose en un ser tirano, tal como lo fue su padre.

Su locura hizo que ordenara el destierro de sus hermanos al inframundo. Además, se dio a la tarea de devorar a sus hijos tan pronto nacían para que no crecieran y así no cumpliría la predicción. Sin embargo, como los niños eran inmortales, por ser hijos de dioses, no morían sino que quedaban dentro de Crono.

Cuando nació el último hijo, Zeus, Rea, su madre, para salvarlo de que fuera devorado por Crono, apenas dio a luz lo envió secretamente a la isla de Creta, y bajo engañó le entregó a Crono, en lugar del niño, una piedra envuelta en una manta que éste engulló sin darse cuenta.

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Así, Zeus pudo crecer y convertirse en un apuesto, fuerte y valeroso joven.  Éste, al enterarse de las injusticias de su padre y del mal que había ocasionado a todo el reino, se propuso expulsar a Crono del poder, para lo cual, primero, lo envenenó de manera que vomitara a todos sus hermanos y, seguidamente, procedió al derrocamiento. Con ello quedaba cumplida, entonces, la profecía, repitiendo la historia del hijo contra el padre.

Por este hecho se inició formalmente la célebre Titanomaquia, la gran batalla entre Titanes y dioses, cuya fuente de conflicto fue la brecha que se abrió entre las viejas generaciones de Titanes que no querían ceder su poder ilimitado y los jóvenes dioses olímpicos, que buscaban justicia.

Fue la más cruenta e imponente lucha que haya conocido el mundo mítico, la cual se prolongó por una década y en la que se midieron la fuerza, el arrojo y la astucia de estos dos grandes bandos guerreros: el de Zeus con sus dioses olímpicos y los Titanes.

Cuando ambos ejércitos colisionaron se produjo un estruendoso ruido que todo el universo se estremeció. Repentinamente, se originó un gran cataclismo generando tormentas, erupciones, terremotos y tsunamis por toda la faz de la tierra.

Zeus, en esta contienda, fue hasta el mismísimo Tártaro para liberar a los allí encerrados, poniendo en libertad a los Cíclopes y los Hecantóquiros, quienes, agradecidos, se convirtieron en sus aliados, y forjaron colosales armas para el enfrentamiento contra los Titanes.

Entre ellas, le proporcionaron a Zeus el poderoso rayo destructor, al dios del mar Poseidón, el potente tridente con el que podía provocar grandes tempestades y Hades, dios del inframundo, recibió el yelmo del terror que le dio el poder de la invisibilidad.

Así con el rayo poderoso y los fulminantes relámpagos que lanzaba Zeus sobre los Titanes, se sacudía toda la tierra desde sus cimientos. Éstos contraatacaban lanzando con una fuerza descomunal enormes rocas contra sus enemigos. Era una brutal batalla cuerpo a cuerpo, lo que le imprimía a esta Titanomaquia mucho salvajismo.

Por su parte, los dioses del Olimpo se apertrecharon, además de las armas que les dieran los Cíclopes, con filosas y mortales lanzas y espadas, que con gran velocidad y extraordinaria precisión caían sobre los gigantes con asombrosa furia.

El ambiente tanto en la tierra, como en el mar y el cielo se convirtieron en un infernal caos. Por momentos se producía una oscuridad que de pronto se dispersaba por el centelleante choque entre espadas y escudos, y por los rayos y relámpagos del fragor de la batalla.

Nunca se había presenciado una guerra tan sanguinaria y cruel como la protagonizada por dioses y Titanes en esta Titanomaquia. El mundo estaba completamente destruido por la furia de esta lucha, pues fueron diez años de un apoteósico choque de fuerzas entre las dos razas de deidades muy anteriores a la creación de la humanidad.

Finalmente, los dioses resultaron vencedores. Zeus se coronó como padre de los dioses y de todas las criaturas de la tierra, reinando desde el OlimpoCrono y sus hermanos, ya derrotados por Zeus y sus aliados en esta terrible guerra, fueron encadenados y arrojados al infierno más profundo.

Por su parte, al Titán Atlas, el hijo de Jápeto, Zeus lo convirtió en una elevada montaña, condenándolo a llevar sobre sus hombros por toda la eternidad la bóveda del cielo, representada por una esfera, por haber apoyado a Crono,

Cuando Zeus regresó victorioso al Monte Olimpo comenzó la tarea de reconstrucción del mundo para lo cual:

  • Fertilizó la tierra destruida
  • Devolvió la paz a todas las criaturas sobre la faz del mundo.
  • Restableció el orden y la justicia.

 

 ¿Quiénes participaron en la Titanomaquia?

En cuanto a las razas de héroes míticos que libraron esta épica y cruenta lucha, se incluyen a varios seres de distinta especie agrupados en dos grandes bandos, como ya hemos visto:

  • Los Titanes del Monte Otris
  • Los dioses del Monte Olimpo o dioses olímpicos.

Veamos cuales fueron los personajes en cada uno de ellas.

Los Titanes

Estos constituyeron una raza de deidades poderosas que dominaron la tierra durante la mítica Edad de Oro, la cual, según los estudios de los historiadores, se remonta a la última parte del siglo VI a. C. y durante todo el siglo VII a. C.

Se les refería también como los dioses primigenios, comandados por el más joven Crono de ellos y durante muchos años fueron los dueños supremos del universo.

El término Titán proviene del griego, que denota tierra blanca, arcilla o yeso y, lo nos pude hacer inferir que estos Titanes eran hombres de arcilla blanca.

Esta raza estaba compuesta, como sabemos, por los doce vástagos procreados por los dioses primitivos Urano y Gea. Eran seis varones llamados Titanes y seis hembras a las que se les llama Titánides. Tenían como característica común un enorme tamaño.

Habitaban en el Monte Otris y cada una representaba una fuerza rudimentaria y brutal, simbolizando conceptos primordiales como el océano, la tierra, el sol, la luna y demás fuerzas elementales de la naturaleza.

Además, cada uno sobresalía personificando una habilidad o cualidad de lo que sucedía sobre la superficie terrestre como, por ejemplo, inteligencia, dominio del tiempo, mares, vista, fuego, memoria, etc.

Entre las deidades de los Titanes estaban:

  • Crono. Hijo menor de Urano y Gea. Fue encargado de comandar la revuelta para derrocar a su padre, con la ayuda de sus hermanos y hermanas. Fue, además, el líder del bando de los Titanes que se enfrentó a los dioses olímpicos en la Titanomaquia, en la que fue derrotado por su hijo Zeus.
  • Ceo. Era el Titán que encarnaba la inteligencia. Asimismo, tenía poderes de adivinación mediante la interpretación de las estrellas y su configuración. Era muy inquisitivo cuando interpelaba a sus enemigos. Su nombre se deriva de la posición del eje norte de la tierra desde el cual viran las estrellas, por ello en ocasiones se le llamaba Polos.
  • Crío. Titán de los rebaños y las manadas de animales. Fue el primer Titán en resultar vencido en la Titanomaquia.
  • Hiperión. Titán de la luz celestial y de la observación. No tuvo gran desempeño que se pudiera destacar, solo se limitaba a seguir a su hermano Crono en lo que le indicara.
  • Jápeto. Titán de la vida mortal. Es poco lo sabe de esta deidad, solo que fue padre de Atlas, Menecio, Prometeo y Epimeteo y que estuvo siempre bajo el mando de Crono.
  • Atlas. Uno de los gigantes líder de los Titanes. Fiel seguidor de Crono y, por lo tanto, uno de los grandes oponentes de los dioses olímpicos. Recibió la severa y ejemplar condena de parte de Zeus de el cielo en sus hombros. Era de carácter impulsivo o atrevido
  • Menecio. Se dice era la deidad de los malos pensamientos. Fue hijo de Jápeto y de la ninfa océanide Clímene y, por tanto, hermano de Atlas. Falleció a causa de un rayo de Zeus en la Titanomaquia.
Ceo

Todos estos Titanes, a su vez engendraron a los Cíclopes, los gigantescos monstruos de un ojo en la frente, y a los Hecatónquiros, criaturas descomunales con cien brazos y cincuenta cabezas.

Importante acotar que no todos los Titanes y Titánides formaron parte de ese ejército que se enfrentó en la Titanomaquia.

Los dioses olímpicos

Los dioses olímpicos eran las principales divinidades de la cima del Monte Olimpo, que resultaron victoriosos en la épica contienda de la Guerra de Titanes. Cada uno estaba asociado a diferentes elementos, acciones, poderes, intervenciones, mitos, rituales.

Ellos conformaban una especie de concilio en el que estaban doce dioses, diez de los cuales diez eran siempre olímpicos y dos que cambiaban en ocasiones, según las circunstancias.

En virtud de la diversidad de dioses con facultades tan diversas, se conformó dentro del Olimpo dos generaciones de manera de precisar sus habilidades y desempeños sobre las criaturas de la tierra y elementos de la naturaleza. La primera generación de estos dioses fue la que se enfrentó a los Titanes. La segunda generación corresponden a sus descendientes, que les tocó vivir y apoyar la reconstrucción del mundo.

Primera generación de los dioses griegos

A continuación una breve descripción de los héroes olímpicos vencedores de la legendaria Guerra de los Titanes.

  • Zeus. Rey de los dioses olímpicos. Fue el dios de la luz y del trueno. Gobernaba del Monte Olimpo. Se casó con Hera, diosa protectora de la mujer. Fue el padre del célebre Heracles. Era representado con un rayo, un cetro, un águila y un roble.
  • Poseidón. Dios del mar y de todas las aguas. También se le conocía como Señor de los terremotos, por lo que se le llama “Agitador de la tierra”. Fue hermano de Zeus y Hades. Su símbolo más reconocible era el potente tridente, que siempre llevaba consigo, así como el caballo, el toro y el delfín. Engendró muchos hijos.
  • Hades. Dios del infierno y de los muertos. Él y Poseidón fueron los hermanos mayores de Zeus. Se le reconocían sus actitudes altruista y tenía un carácter más bien pasivo.
  • Hestia.  Diosa del hogar, la familia y la virginidad. Se dice que fue la mayor de las hijas de Cronos. Pocas veces salía del Olimpo, nunca iba a la guerra y tampoco intervenía en las disputas entre los dioses y de los hombres, de allí  viene que  existan pocos relatos mitológicos sobre ella. Existe una leyenda que señala que ella cedió al dios Dionisio su puesto entre los dioses olímpicos.
  • Hera. Diosa del matrimonio, protectora de la mujer y del nacimiento, aunque se dice que no era una buena madre. Fue la esposa de Zeus, y también hermana. Fue muy celosa con su esposo y vengativa con sus amantes y con su descendencia, sobretodo con Heracles. Sus hijos legítimos con Zeus fueron: Ares, dios de la guerra, Hebe, diosa de la juventud y Eris, diosa de la discordia. Se le simboliza con la corona, el pavo real, la granada y la vaca.
  • Deméter. Gran madre de los dioses. Diosa de la agricultura y la fertilidad. Siempre se le asociaba a los distintos elementos de la naturaleza y las estaciones del año. Era representada con ramas de trigo, flores de amapola, la antorcha y el cerdo. El pueblo acudía para implorarle cuidara de que siempre hubiera buenas cosechas.

Poemas a la Titanomaquia

En virtud de la relevancia que significó esta épica contienda de Titanes y olímpicos para la mitología de los griegos, muchos autores, poetas y escritores se inspiraron en esta leyenda para crear sus obras poéticas y dejar constancia de este hecho mitológico.

En la Edad Clásica, que es por antonomasia el período de la historia que transcurre entre los siglos V y IV a. C., los griegos ya eran dados a las expresiones poéticas épicas, de allí que se conocieran diversos poemas de referencia a guerras. En particular encontramos los poemas referidos a la Titanomaquia.

Digno de destacar como el principal original y único documento que se ha conservado es la Teogonía, del gran poeta griego Hesíodo, quien recoge en esta obra los mitos sobre el origen de los dioses griegos, así como las diversas personificaciones de los fenómenos.

Es de acotar que la palabra “teogonía” se traduce literalmente como origen de los dioses, de manera tal que esta hesiódica nos habla justamente de lo que fue la vida de los dioses, y, por supuesto, se hace referencia en ella a la Titanomaquia.

Asimismo, se da cuenta de un poema épico también titulado Titanomaquia y que se ha atribuido al poeta Tamiris, trovador invidente perteneciente al pueblo de los tracios de la región indoeuropea, quien solía cantar sus epopeyas valiéndose de instrumentos musicales como la cítara.

También a las deidades de los Titanes les fueron dedicado poemas, atribuidos a Orfeo, de los cuales se conservan fragmentos que han permitido establecer diferencias apreciables con los escritos de Hesíodo.

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