Los Argonautas, conoce aquí todo sobre ellos

Te presentamos la fascinante historia de los Argonautas, guerreros navegantes que ocupan un lugar especial en la mitología Griega. Conócelos aquí.

Argonautas

Historia de los Argonautas

La leyenda de los estos famosos navegantes griegos es una de las leyendas más antiguas, pero emocionante por las aventuras y vicisitudes que les tocó vivir.

El vocablo “argonauta” proviene del Griego αργοναύτης, término compuesto por las palabras Ἀργώ, que es el nombre en Griego del barco en el que hicieron la travesía, Argó, ναύτης que significa marinero, por lo que se puede decir que Argonauta textualmente se refiere al tripulante del barco Argo.

Los Argonautas fueron héroes míticos que se ganaron la admiración de todos en virtud de la odisea que les tocó protagonizar para rescatar el Vellocino de Oro. La Mitología egipcia nos cuenta historias con guerreros similares.

Fue una travesía que los llevó a navegar desde las Págasas, puerto ubicado en la ciudad de Magnesia, en Tesalia, Grecia, hasta la Cólquida, en la costa del Mar Negro, en la actual nación de Georgia, pasando por diversos lugares llenos de inusitadas experiencias.

Argonautas

Sus aventuras y desventuras fueron convertidas en poemas épicos y recitados en la Edad Antigua, período histórico que se inició alrededor del año 4000 a. C., con la invención de la escritura, hasta el año 476 d. C., aproximadamente.

Esta historia ofrece todos los elementos comunes de las leyendas populares, como son:

  • Un héroe que debía cumplir la misión de hacer un viaje peligroso en el que arriesgaba su vida.
  • Llevar a cabo difíciles pruebas impuestas para demostrar su valor y fuerza, de las cuales salía victorioso gracias a la ayuda de amigos imprevistos.
  • Tener compañeros de viaje con los cuales se compartían experiencias y avatares.
  • Atravesar sitios de mucho riesgo.

La leyenda

La historia de estos guerreros nos habla de que el líder Jasón debía escoger para su misión tierras de la Cólquida para recuperar el Vellocino de Oro a los más aguerridos y astutos hombres de la sociedad Griega. Hay héroes con aptitudes y actitudes que coinciden con las de los Argonautas en la Mitología celta.

Argonautas

Para ello, Jasón envió a los heraldos, que eran emisarios alados encargados de llevar mensajes, por toda la región, anunciando la realización de esta expedición. A este llamado respondieron muchos héroes que llegaron y pidieron participar en la misma.

De ellos Jasón seleccionó a 53 de diversos oficios y disciplinas. Entre los más conocidos se cuenta a: Orfeo, que era el músico encargado de marcar el ritmo a los remeros, Idmón el adivino, Tifis el piloto que fue entrenado por Atenea, Cástor, Cetes y Calais, también llamados los Bóeradas, por ser hijos de Bóeras, dios del viento, Pólux y sus dos primos, Idas y Linceo, Heracles, Hilas.

Heracles estuvo incluido entre estos guerreros, pero el destino le jugó una mala pasada, pues le estaba prohibido llegar a la Cólquida.

Es por ello que en una parte del viaje por regresar a tierra firme para rescatar al joven Hilas, a quien amaba y quien había sido secuestrado por las ninfas de un manantial al que había ido a buscar agua, se quedaron varados en ese sitio, pues el Argo zarpó antes de que ellos pudieran volver abordarlo .

El inicio del viaje se llevó a cabo sin mayores dificultades y los pronósticos se presentaban favorables. Efectuaron una primera parada en la isla de Lemnos, en el Mar Egeo, que era una isla solo habitada por mujeres, en virtud de que éstas habían asesinado a todos sus hombres por haberles sido infieles, lo cual fue el resultado de una maldición que les había hecho Afrodita, diosa del amor, a estas mujeres.Argonautas

Las Lemnianas recibieron con mucho agrado a los Argonautas, les brindaron no solo hospedaje y alimento, sino que también les dieron hijos, por lo que los marineros tuvieron que pasar una temporada en la isla. Estos hijos fueron los fundadores de la nueva raza. Finalmente, y a instancia de varios de los mismos navegantes, decidieron zarpar y abandonar Lemnos.

Tomaron rumbo a la isla de Samotracia, en donde los Argonautas se detuvieron y se hicieron iniciar en los misterios de los Cabiros, que era una celebración que se realizaba en la zona, buscando protección para el viaje. Estos Cabiros eran unos espíritus del inframundo opuestos a los dioses celestiales, y que mediante conjuros ofrecían dicha protección.

Siguieron su recorrido y se internaron en Helesponto, actual estrecho de Dardanelos, Turquía. Allí en el país de Cícica, el rey Cícico junto al pueblo de los Doliones los recibieron con beneplácito, pero pronto, luego de descansar, decidieron continuar y zarparon.

Sin embargo, en la oscuridad de la noche el viento cambió de rumbo e hizo girar la embarcación y sin darse cuenta antes de que amaneciera se encontraron de nuevo en el país de los Doliones.

Éstos no los reconocieron y, creyendo que eran piratas Pelasgos, guerreros indígenas de la zona, con lo que siempre tenían conflictos, los atacaron. Pelearon por unas pocas horas y en la contienda resultó muerto el rey Cícico.

Cuando ya había aclarado por completo el día, se dieron cuenta de la equivocación cometida por ambos bandos, quedando completamente estupefactos y desolados, En compensación los Argonautas les ayudaron a sepultar a los muertos y curar heridos y Jasón fundó unos juegos fúnebres en honor al rey muerto. Zarparon nuevamente llegando a la región de Misia, en las costas de lo que sería Turquía.

En esta zona fue donde sucedió el episodio del secuestro del joven Hilas, en manos de las ninfas del manantial y por quien Heracles desembarcó para ir en su busca, pero no regresando a tiempo, la nave zarpó y ellos se quedaron allí varados.

Arribaron los Argonautas a la antigua provincia de Bebricia, en Asia Menor, hoy Turquía. El rey de los bebricios, Amico, tenía por ley que todo viajero que llegara a su territorio debía luchar contra él en el pugilato. De los Argonautas fue Pólux el que aceptó el desafío y en la lucha resultó muerto el rey.

Argonautas

Luego de la contienda, salieron al día siguiente de ese territorio y, estando en altamar, se desató una terrible tormenta que obligó a la embarcación a dirigirse hacia el reino del rey Fineo en la costa de Tracia, Turquía.

El rey Fineo era un adivino ciego, hijo de Poseidón, dios del mar, que había sido condenado por los dioses por revelar secretos divinos. Le enviaron a los espíritus malignos, llamados las Harpías, criaturas que tenían una apariencia híbrida entre mujer y pájaro con amplias alas, para que lo acosaran constantemente.

Así, cada vez que quería comer, estos demonios alados, se arrojaban sobre él, quitándole la comida. Los hijos del dios viento, Calais y Cetes, que también tenían alas, se dieron a la tarea de perseguir a las Harpías, hasta que estas sucumbieron ya extenuadas. Sin embargo, no las mataron a solicitud de Iris, su hermana y les hicieron prometer que más nunca molestarían a Fineo.

Argonautas

Este, agradecido con los Argonautas, les dijo cual era la ruta más segura y expedita para llegar a la Cólquida y les aconsejó que tuvieran cuidado con las Rocas Cianeas o Rocas Azules, también referidas como Simplegadas, que eran unas rocas malévolas que chocaban entre sí para entorpecer el paso.

Estaban ubicadas a la entrada al Ponto Euxino, que significaba “mar hospitalario” y que es hoy el Mar Negro. Si alguna embarcación iba a atravesar estas rocas, ellas se cerraban para impedir el paso.

Sin embargo, los Argonautas recordaron la recomendación de Fineo de que enviaran primero a una paloma para que volara entre las rocas. Si esta lograba pasar, el Argo podía también hacerlo navegando a toda máquina. Si la paloma fallaba, sería inútil que lo intentara la nave.

Argonautas
Rocas Cianeas o Simplegadas

Acatando lo advertido por el vidente ciego, los Argonautas enviaron la paloma que logró volar entre las dos rocas sin problemas y tan pronto éstas se volvieron a separar, el barco las atravesó a toda velocidad, solo perdiendo una tabla de popa.

Desde ese momento, ya las Simplegadas no se volvieron a entrechocar, permaneciendo inmóviles y dejando libre el camino al Ponto Euxino. Seguidamente, el Argo hizo escala en Bitinia, antiguo reino del suroeste del Mar Negro, donde desafortunadamente murió el adivino Idmón, quien, por cierto, ya lo había previsto en sus visiones antes de embarcarse en el Argo. Falleció como resultado de una mordida de una serpiente en una cacería por un jabalí.

En esta parte del viaje también falleció el piloto Tifis a causa de una extraña y súbita enfermedad y tuvo que ser reemplazado por Ancéo en el timonel. Luego de esta desventura, el barco pudo atravesar la desembocadura del río Termodonte, llegando al reino de la Cólquida, provincia en la costa de la actual Georgia, Mar Negro.

Al llegar a la Cólquida, Jasón se dirigió al rey Aetes para explicarle que había venido a su reino a recuperar el Vellocino de Oro. Aetes no se opuso a entregárselo, pero para ello debía pasar por tres pruebas.

Primeramente, el Argonauta Jasón debía colocar el yugo a dos bueyes, que lanzaban fuego por las narices. Seguidamente, con la yunta de toros debía arar un campo y sembrarlo con unos dientes que había recibido del dragón de Tebas, antigua ciudad Griega.

Argonautas

La última prueba que debía superar Jasón era derrotar al dragón que nunca duerme, el cual resguardaba el árbol donde estaba colgado el Vellocino de Oro. Jasón tuvo la suerte de que, para llevar a cabo estas pruebas, contó con la ayuda de Medea, hija de Aetes, quien quedó prendada de él desde el primer momento que lo vio, sintiendo una viva pasión por él.

Antes de ayudarle con las pruebas, Medea le hizo prometer que la tomaría como su mujer y que se la llevaría a Grecia. Jasón aceptó las condiciones de ella, logrando superar todas las pruebas.  Sin embargo, Aetes no cumplió con su parte del trato al que no querer entregarle el Vellocino.

Pero como éste ya estaba en su poder, y por más que Aetes intentara incendiar el Argo para que no saliera, los Argonautas lograron zarpar junto con Medea, quien se trajo a su hermano pequeño, ApsirtoAetes salió en su persecución, pero Medea para retardarle el paso, mató a su hermano y lanzó sus miembros al mar, lo que hizo que Aetes se detuviera a recogerlos.

Emprendieron el viaje de vuelta a Yolco, durante el cual se presentaron algunas tormentas que hicieron que los Argonautas tuvieran que cambiar de rumbo. En ese trayecto una de esas tempestades fue tan intensa que la proa del Argo comenzó a hablar diciendo que los Argonautas estaban condenados por el asesinato de Apsirto y que necesitaban ser purificados.

Por tal motivo, se buscaron llegar a la isla Eea, reino de Circe, ninfa hechicera que convertía en animales a quienes la ofendían y, además, tía de Medea, para que los purificara. Sin embargo, no quiso purificara Jasón.

Ninfa Circe

Finalizado este acto siguieron con su viaje de retorno. En este trayecto debían pasar por las tres pequeñas islas de Sirenum scopuli, donde vivían las sirenas, las cuales, según el Argonauta Quirón no serían capaces de superar sin la ayuda sin el canto de Orfeo.

Estas maléficas sirenas, que eran hermosas y entonaban bellísimas y embrujadoras canciones, hacían que los marineros se volvieran locos para ir por ellas, haciendo que chocaran sus embarcaciones contra las islas.

Tan pronto Orfeo las escuchó tomó su lira y comenzó a cantar canciones más bellas y con mayor potencia que las sirenas, opacando sus cánticos. Sin embargo, uno de los Argonautas, Butes, se dejó embrujar por ellas y saltó al mar, pero la diosa del amor, Afrodita, que estaba atenta, lo rescató.

Los Argonautas siguieron con su ruta, arribando a Corcira, la isla de los Feacios, en la actual Croacia, en la que les esperaba una tropa de colquidianos enviados por el rey Aetes, para que se vengaran por él y exigir la entrega de Medea y Jasón. Sin embargo, el rey del país, Alcinoo, se negó a entregarlos, porque se probó que ellos eran marido y mujer, y, por lo tanto, ya no dependían de Aetes.

Salieron, entonces, de Corcira y repentinamente una violenta tempestad los empujó hacia las Sirtes, que eran unas extensas arenas movedizas, que hicieron que se volteara la nave y se arrastrara hasta llegar al  lago Tritonis, en la antigua Libia, cuyo dios, Tritón, les ayudó a volver al mar.

En el camino debían pasar por la isla de Creta, pero allí se tuvieron que enfrentar con un gigante llamado Talos, que era como una especie de “robot”, que se encargaba de resguardar la isla. Este gigante tan pronto divisaba una nave que se aproximaba, les comenzaba a lanzar enormes rocas.

Además, tres veces al día, debía dar la vuelta a la isla para confundir al enemigo. Se trataba de un gigante poderoso e infalible, menos en el tobillo, en el que tenía bajo la gruesa piel una vena que latía y de la que dependía su vida.

Medea, haciendo uso de habilidades de bruja, logró que se enfureciera haciéndole ver extraños y engañosas visiones, que lo perturbaron e hizo perder el control, desagarrándose el tobillo con una de las rocas, muriendo inmediatamente, quedando libre el paso para Argo.

Los Argonautas desembarcaron para pasar la noche en la orilla y descansar. Al día siguiente zarparon, pero, en el mar de Creta, una densa neblina los envolvió impidiéndoles ver el rumbo. Jasón rogó al dios Apolo, dios del sol y la belleza, les enviara un chorro de luz que les permitió ver un islote cercano donde pudieron fondear y dejar pasar la espesa neblina.

Llamaron al islote Anafi, que significa revelación, pues se les había revelado en un momento de angustia. Más adelante siguieron hasta Eubea, una isla costera de Grecia localizada frente a la costa oriental del mar Egeo y de allí arribaron, finalmente, a Yolcos, luego de cuatro meses de viaje y trayendo consigo el Vellocino de Oro.

El Argo

Como hemos visto este fue el nombre que se le dio a la famosa embarcación que comandara Jasón, el célebre guerrero griego, hijo de Esón, rey de Yolco, antigua ciudad en la provincia de Tesalia, Grecia, a quien le fue encargada la tarea de rescatar el Vellocino de Oro y poder, así, recuperar el reino para su padre.

El barco fue bautizado con ese nombre en honor a su constructor, Argus, hijo de Aréstor, por lo que se le consideraba un Argonauta también. Aréstor era reconocido por ser miembro de la casa real argiva de su ciudad natal, lo que habla un poco del linaje de Argus.

Se dice que construyó esta embarcación siguiendo las instrucciones de Atenea, diosa de la sabiduría, y para ello empleó madera de los bosques del monte Pelión, de Tesalia, Grecia. La embarcación constaba de cincuenta remos y medía ciento doce metros de eslora.

La proa del barco, remataba con un máscarón con forma de mujer tallado con la madera del tronco de los robles de Dodona, región del Occidente griego, y que, además, tenía el peculiar don de poder hablar con los humanos y con los pájaros y darles advertencia a los marinos en cuanto al viaje.

También se le atribuye la creación de una estatua de madera de la diosa Hera, que por algún tiempo objeto de culto en Tirinto, un conocido emplazamiento arqueológico micénico en la península del Peloponeso, Grecia.

Los Argonautas en la mitología

Muchos son los autores y poetas que se han referido a esta historia por la gran creatividad demostrada en cada una de las aventuras que vivieron los Argonautas, las cuales se han convertido en hechos icónicos y que fueron imitados para crear otros mitos y leyendas en virtud de su ingeniosidad.

Los eventos sucedidos en este mítico viaje de los Argonautas han servido de una manera u otra como referencia documental para otras grandes obras literarias de la Edad Antigua.

Señalemos, por ejemplo, las famosas obras del conocido poeta Homero, quien menciona a la nave Argo destacándola como la primera que pudo atravesar las rocas Simplegadas en su travesía hacia la Cólquida.

Igualmente, Hesíodo hace una breve alusión a este mítico viaje. Mientras que Píndaro, poeta lírico de la Grecia del siglo V a. C. ofrece el relato completo más antiguo de la expedición y ha podido ser conservado. Se trata  de la Pítica IV.

Asimismo, el viaje de los Argonautas ha servido de referencia documental en otros poemas muy antiguos como el Eumelo de Corinto, que supuestamente data del siglo VIII a. C. Así también el llamado Naupactias, que se especula es anterior al siglo V a. C., ya que solo se conservan pocos fragmentos del mismo.

Se cuenta también con la obra Medea del gran poeta griego Eurípides del siglo V a. C. En esta obra se narran eventos que se produjeron después del viaje, pero al referirlos se ofrecen detalles de los originales.

Igualmente, los expertos del tema, destacan como la más completo narración de la expedición dedicadas la obra las Argonáuticas de Apolonio de Rodas, poeta épico de Alejandría del siglo III a. C.

Otras obras que  lo referencian datos del mito de los Argonautas son:

  • Biblioteca histórica de Diodoro Sículo, historiador griego del siglo I a. C.
  • Argonáuticas del escritor romano Valerio Flaco, entre los siglos I a. C. y II d. C., aun cuando no se finalizó.
  • Biblioteca mitológica de Apodoloro, historiador y gramático griego.
  • Fábulas de Higino, filósofo ateniense, que presentan algunos relatos de este mito.

Muchas de estas obras se han sustentado en fuentes de mitógrafos como Teófilo de Metimna, Cleón de Curio, Herodoro, Demarato, Ferécides, entre otros, de las cuales desafortunadamente ya no hay evidencias.

Los Argonautas también se han empleado en las representaciones artísticas muy antiguas y de mucha calidad. Las encontramos, por ejemplo, en las metopas o acabados arquitectónicos de friso del Monóptero, edificio circular de columnas, de la edificación del Tesoro de los Sifnios de la ciudad de Delfos, que se remonta al año 570 a. C., aproximadamente.

Allí es posible observar imágenes referidas a Frixo y de la nave Argo, con Orfeo incluido.

Los Argonautas también han sido simbolizados como participantes de los juegos fúnebres celebrados en honor de Pelias, tío de Jasón. Estas figuras se podían observar en el célebre Cofre de Cípselo, quien fuera el primer tirano de la ciudad de Corinto y quien se dice que de niño se salvó en un cofre, que es como un arca de madera de cedro en la que se incrustaron como decoraciones estas figuras labradas en oro y marfil.

Esto es según la información aportada por el geógrafo e historiador griego del siglo II a. C. Pausanias, según lo que observara en el templo de la diosa Hera en la ciudad de Olimpia, Grecia.

Finalmente, también se han hallado referencias puntuales a este mito en representaciones en cerámica, que se remontan a los siglos VII-VI a. C.

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