La leyenda de Huehuetéotl, dios del fuego sagrado, nos habla de la sapiencia, experiencia y conocimiento que tenía esta deidad, así como de su poder sobre el tiempo. Descúbrelo aquí.

Huehuetéotl

Leyenda de Huehuetéotl

Huehuetéotl es el dios viejo del fuego, siendo uno de los más antiguos dioses en lo que a las civilizaciones del área mesoamericana se refiere, la cual como sabemos ocupaba gran parte del territorio de lo que hoy conocemos como Centroamérica.

El nombre de Huehuetéotl en lengua nahuatl significa “dios viejo”, de acuerdo con los vocablos que conforman su nombre; a saber: huehue se refiere a viejo y teótl se traduce como dios. En algunas tradiciones como la maya se le llama Kauil. La Mitología Romana también nos ofrece dioses con las características que exhibe este dios.

Lo de dios viejo no se refiere a años de vida, sino que en este caso se trata de antigüedad, pues era el dios más longevo de esta cultura, en virtud de que él existe antes que el tiempo mismo cuando aún no había formas definidas en el universo.

Se dice por ello que es el activador de la vida, que él ha existido, existe y existirá a través de los tiempos, de acuerdo con lo que expresan estas creencias aztecas, que señalan a Huehuetéotl como creador del tiempo.

Por tal motivo, estaba presente en los tres planos del universo: tierra, cielo e inframundo, que son los tres sectores verticales del cosmos, así como en las cuatro direcciones cardinales de la tierra. En el plano del cielo, Huehuetéotl fue identificado y simbolizado como el sol.

Huehuetéotl

Gracias a él se generaba el movimiento Ollín, que, de acuerdo con la leyenda, se refiere al movimiento de energía de donde surgía todo lo que se movía en el universo, así como el movimiento humano, junto con la gran matriz cósmica, que era el espacio.

Huehuetéotl es un dios dual pues representa, por una parte, el aspecto masculino como padre del tiempo y, por la otra, el lado femenino como matriz universal de la que nacen todas las demás concepciones.

Era un dios a quien se le atribuye un amplio significado dentro de la energía ancestral primitiva con sentido originario de la vida. Se le asocia con el INRI que empleaban los pobladores del valle del Anáhuac, en el centro sur de México y que era la civilización mexica de la época precolombina.

Sin embargo, estas iniciales INRI, tomadas de la Iglesia cristiana, tenían un significado distinto al de esa fe religiosa. En esta mitología significaban Igni Natura Renovatur Integra, que se traduce como: Fuego que renueva la naturaleza en su integridad.

Huehuetéotl

Valle del Anahuac

Este dios de la mitología mexicana constituye así, un elemento fundamental que sustenta las creencias de esta civilización, cuyo mito nos hace remontar a los inicios de nuestro planeta e incluso al comienzo del universo. Huehuetéotl es por ello, reconocido y venerado en toda la región mesoamericana.

Fue una divinidad importante por estar asociado a uno de los elementos naturales más preciados por los pueblos primitivos de la región de tan alta trascendencia, como era el fuego.

Calendario azteca

Entre los mitólogos se planteó una polémica acerca de la imagen del rostro de la deidad que se observa en el centro del calendario azteca. Algunos aseveraban que se trata de Tonatiuh, dios del sol y que la civilización mexica, que también lo llamaban el Quinto Sol y lo adoraban como rey supremo del cielo.

Otros autores afirmaban que esa figura del calendario es Xiouhtecuhtli la divinidad en el centro del universo, quien fue el espíritu del fuego y el calor, cuyo rostro era simbolizado con una imagen de color rojo o amarillo.

Incluso hay otros estudiosos de la materia que señalaban que se trata de Huitzilopochtli, la más importante de las deidades de los mexicas, relacionadas con el sol.

Huehuetéotl

También se planteó la posibilidad de que la imagen en cuestión no fuera de una deidad sino de un ser del inframundo o que fuera alguien de la tierra.

Finalmente, luego de los respectivos estudios, se concretó que se trataba del mismo Huehuetéotl, a quien se asocia al sol y está en el centro del universo. Este hecho nos demuestra la preponderancia que tenía este dios dentro de las tradiciones de esta civilización.

Representación de Huehuetéotl

Es considerado como uno de los dioses del área mesoamericana más emblemáticos, por las características que distinguen a esta divinidad. Por ello no es de extrañar que en la actualidad aún se hagan ofrendas en las manifestaciones escultóricas que rememoran a este dios, lo que demuestra que sigue siendo motivo de gran devoción e inspiración entre sus devotos y entre los conocedores de su historial, por la significación dentro de las tradiciones.

Se le representó como un anciano jorobado, con largas barbas y con un aspecto un tanto descuidado. Aparece sentado, en una postura que inspira respecto y deferencia, mientras que sus brazos reposan sobre las piernas.

En su cabeza tenía como símbolo distintivo un brasero de carbón, que simboliza un volcán, que desprende fuego y a través del cual se creía que se manifestaban las energías del planeta.

Como elemento distintivo, en dicho brasero se puede observar la cruz de los cuatro rumbos o quincunce. Este vocablo quincunce viene del latín y se emplea para designar la geometría que forman los 4 puntos que ilustran un cuadrado, teniendo en su centro un quinto elemento.

Esta cruz los aztecas o los toltecas la usaban en objetos y en el cuerpo, ubicándola normalmente en la frente o en el objeto que cubriera la cabeza, también en el pecho o en el plexo solar, si se trataba del cuerpo humano.

Aparecía en puntos fundamentales en los que dos planos se cruzaran, demarcando dos ejes que dividían al espacio y al cuerpo humano en forma vertical y horizontal, por lo general a nivel del ombligo de la tierra o del ombligo humano.

Referido al hombre, en esos planos quedaban definidos los Cuatro Rumbos de la Existencia, que se presentaban en cada una de las cuatro partes en que estaba dividido el cuerpo humano, según los toltecas:

  • El primer rumbo se dirigía a la parte superior del cuerpo desde la cintura hasta la cabeza, simbolizando el cielo y la elevación del ser humano hacia lo espiritual. Estaba representado por un ave Quetzal de un hermoso plumaje y se le asociaba con el espíritu.
  • El segundo rumbo se localizaba hacia la parte inferior del cuerpo, de la cintura hasta los pies como una forma de conectar el hombre a la tierra y a la realidad de su vida. Se representaba a la tierra mediante una serpiente que se arrastra sobre ella.
  • El tercer rumbo estaba referido a la parte derecha de la persona y se dirigía al aspecto masculino, visible, activo, en el que debía prevalecer la razón como una manera de concebir al mundo. Era el aspecto “tonal” y tenía que ver con el sol.
  • El cuarto rumbo se enfocaba en la parte izquierda del cuerpo, que ellos llamaban “nahual”. Este rumbo se asociaba a la luna, por lo que hacía énfasis en lo femenino, lo pasivo, lo invisible de la esencia humana. Estaba dirigido al empleo de la intuición para poder percibir al mundo.

Con esos rumbos se esperaba lograr el equilibrio del ser entre lo material y lo espiritual para poder canalizar sus energías para la vida y para su relación con el mundo.

Otra característica que observamos en la imagen de este dios se refiere a su rostro, en el que se pueden destacar las evidencias de su antigüedad por las muchas arrugas que lo surcan. Esas arrugas le daban al dios sabiduría y conocimiento, producto de su internalización con la naturaleza del cosmos y sus elementos.

Huehuetéotl tenía además la capacidad de orientarse adecuadamente usando los puntos cardinales de la madre tierra y con ello poder guiar al que lo invocara.

Huehuetéotl

El fuego

Este dios empleaba el fuego como componente básico de su personalidad divina, siendo el elemento regenerador y purificador, mediante el cual se podía hacer resurgir de las cenizas lo caduco con nuevas energías.

Los toltecas y aztecas asociaban este elemento a varios aspectos que afectaban su existencia y que les llevaba a la reflexión, pues gracias a la acción del fuego se estimulaban en ellos nuevas actitudes. Entre esos aspectos a considerar están:

  • El fuego sagrado interno de cada quien para actuar.
  • La fuerza espiritual que se debe adquirir luego de momentos de ira.
  • La auto observación psicológica para conocerse mejor, identificar los errores y aprender a eliminarlos.
  • La templanza como virtud para no caer en la atracción de los placeres fútiles.
  • La serenidad al actuar.
  • La forma de reaccionar ante los que nos agreden.

En un principio, este dios se simbolizaba como el fuego primigenio creador de los tiempos y de la vida, pues era el que se generaba en el centro de la tierra donde él normalmente habitaba.

Como reflejo de la interacción divina y cósmica que este dios simbolizaba, logró que muchos de estos pueblos lo tomaran como un padre orientador y que se buscaran sus observaciones como guías de vida.

El fuego sexual

En el plano sexual el mito del dios del fuego sagrado da importancia a este aspecto, ya que de allí se origina la especie y, tal como el dios viejo, es lo único que perdura en el tiempo, pues era la energía que genera vida. Así lo expresan los especialistas “es el fuego interior, sagrado y cósmico”, que brinda placer y continuidad.

Este conocimiento que se le adjudica a Huehuetéotl al respecto, demuestra su sapiencia en lo que a las dimensiones superiores de la naturaleza y del comportamiento del hombre se refiere, en particular las relacionadas con el aspecto sexual.

Este fundamento está sustentado en el señalamiento certero de que por la llama del fuego sexual se llega a este mundo y de él partimos cuando ese fuego se extingue.

Esta leyenda nos deja en claro que el fuego sexual se desarrolla, revoluciona y asciende dentro del aura del espíritu de cada quien y que mientras más fortalecido esté ese espíritu, mejor será la energía que promueva y el placer esperado. Esa es la magia que produce el fuego de Huehuetéotl.

Antigüedad de Huehuetéotl

Los pueblos aztecas expresaron siempre su devoción por esta deidad y así lo manifestaban a través de sus rituales, que se remontan a épocas de la era precolombina y que han perdurado en el tiempo.

Durante todo ese tiempo la devoción por Huehuetéotl se mantuvo intacta, empleando fundamentalmente la misma forma de invocación y de honrar al dios, lo cual fue reflejo fehaciente de su antigüedad.

La leyenda de Huehuetéotl nos habla de que siempre se conservó su imagen como divinidad dentro del sistema de creencias que distinguió a los pueblos mesoamericanos.

Nos relata, asimismo, que los dones que lo caracterizaban fueron recibidos en el mismo momento de su concepción en el inicio de todos los tiempos y creación del universo y se mantuvieron como parte importante en las tradiciones de esas civilizaciones.

Esta gracia de ser dueño del tiempo y purificador mediante el fuego le fue conferida por el espíritu de la serpiente de fuego llamada XiuhtecuhtliHuehuetéotl, en virtud de esa experiencia adquirida en cada una de las etapas de la formación y permanencia del universo, le permitió ser guía, protector y consejero de cómo proceder, de acuerdo con el rol divino que debía desempeñar dentro de la pléyade de dioses del mundo mítico.

El nacimiento y residencia de este dios del fuego se efectuó en el mismo centro del universo, siendo este el eje central que lo vinculó a las posiciones cardinales para poder orientarse y tener el conocimiento certero en cuanto al rumbo a seguir en cada situación de la vida divina y mortal.

Algunos mitólogos señalan que en ocasiones se le dio el nombre de Señor de la Turquesa o Señor de la Hierba por su asociación con Xiuhtecuhtli, que era dios del día y de la noche, a quien se le denominaba de esa manera.

No obstante, siempre se mantuvo su esencia principal y el significado como dios del fuego regenerador que en su devoción debía transmitir, sobre todo dentro de una civilización que estaba carente de un guía espiritual.

Su antigüedad se puede evidenciar en las distintas efigies y estatuas halladas en sitios antiguos de Mesoamérica. Así, por ejemplo, se pueden mencionar las efigies de Cuicuilco, zona arqueológica más antigua del Valle de México y lugar de grandes eventos cívicos y religiosos, así como las del Monte Albán, que es un sitio arqueológico de la ciudad de Oaxaca, México y que fue la capital indígena más importante.

Monte Albán

Ante estos y muchos otros monumentos acuden fieles devotos y seguidores a rendirle honores, llevarle ofrendas y renovar sus votos de devoción al viejo dios del fuego sagrado.

En el ámbito de la cultura de Teotihuacán hubo momentos en que se propagó la tendencia de representar al dios como un viejo ya decrépito, destacando su cara arrugada, su boca sin dientes y la espalda encorvada, lo cual para muchos constituyó una forma de hacer ver que el dios ya estaba caduco y que se le debía reemplazar.

No obstante esto no prosperó, pues como se ha señalado con anterioridad, eran muchos los seguidores de Huehuetéotl que mantenían firme su creencia en él y continuaron siendo fieles. Descubre más sobre la Mitología Mexicana haciendo clic sobre ella.

Actualizado el 6 mayo, 2024