Dioses prehispánicos, conoce aquí todo sobre ellos

En este post descubrirás los dioses prehispánicos que inspiraron tantos mitos y leyendas, que hoy conocemos y aún tienen vigencia. Entra aquí para conocerlos.

Dioses prehispánicos

Dioses prehispánicos

Las civilizaciones prehispánicas del continente Americano se caracterizaban por tener muy arraigadas sus costumbres religiosas en las que contemplaban la intervención de seres divinos como una forma de obtener explicación a los distintos fenómenos naturales que observaban en su entorno dándoles poder sobrenatural.

En cada una de estas culturas, estos dioses le brindaban al hombre un sentido de destino y de propósito de vida o de consuelo ante la muerte. Así también en infinidad de oportunidades le permitieron configurar su sistema de creencias y leyes divinas por el cual regirse. En la Mitología griega encontramos que igualmente se sustentaban por la orientación divina.

Nos debemos remontar, entonces, a la época de los grandes imperios indígenas del continente americano entre los siglos XIV y XVI, antes de la llegada de los españoles, cuando se desarrollaron estas culturas en el área de lo que se llamó Mesoamérica. Ésta se expandía por gran parte del territorio mexicano y por países como Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua y Costa Rica.

Dioses prehispánicos

Fue allí donde se comenzaron a originar, producto de sus creencias, las diversas entidades divinas, personificadas en los elementos de la naturaleza a los que le otorgaban la categoría de dioses o semidioses, dependiendo de su importancia.

He allí que al hacer mención de héroes prehispánicos nos referimos a los dioses de las mitologías azteca, tolteca. maya, zapoteca olmeca, huasteca y mixteca, que conformaban las civilizaciones de esa época en esa región y de las cuales surgen tantas leyendas, mitos y dioses.

Fueron los grupos sociales que más desarrollo alcanzaron y que constituyeron un complejo conjunto de creencias que les permitía, en la medida de lo posible, entender su entorno. En este post nos planteamos el estudio sucinto de tan interesantes dioses prehispánicos.

Este estudio se fundamentó en los rastros dejados por estas civilizaciones de los cuales se han podido identificar códigos, símbolos, ceremonias y tradiciones, todos asociados a lo divino y que muestran la gran diversidad de deidades que se crearon y que nos dan una noción global de lo que era para estos grupos la “ley divina”.

Dioses prehispánicos

Características de los dioses Prehispánicos

Estas deidades, aun cuando provenientes de regiones distintas, guardan ciertas similitudes propias de las tradiciones de esos pueblos. Todas ellas conformaron su visión de lo que deberían ser sus dioses, como también lo hicieron los de la Mitología celta, creándoles atributos particulares. Podemos señalar entre otros que:

  • Estaban personificadas en un elemento de la naturaleza y del cosmos, por ello encontramos en ellas representaciones del viento, el sol, la luna, el mar, la oscuridad, la lluvia, etc.
  • Igualmente, se le adjudicaban manifestaciones propias del hombre, como pueden ser el amor, la fertilidad, las labores del diario sustento, la muerte, las enfermedades, entre otras.
  • Solían representarse mediante figuras humanas, de animales o combinaciones híbridas de los mismos.
  • En todas se incluyen divinidades duales, ya en unas ocasiones se manifestaban con apariencia masculina y en otras, femenina, o también en momentos ser benevolentes, y en otros, ser malévolos. Esto hizo que se generaran dioses secundarios o como una especie de extensión de un mismo dios.
  • Se presentaban casos de hijos de dioses con humanos, lo que dio origen a los semidioses.
  • Poseían poderes sobrehumanos y cambiaban la realidad a su conveniencia, especialmente en aquellas facetas en las que tenían mayor dominio. Por ejemplo, el dios del mar podía intervenir en las olas, en los maremotos, etc.
  • Dependiendo de la mitología, los dioses prehispánicos podían ser sometidos a pruebas en forma de obstáculos que debían sortear para ser considerado dios.
  • Tenían alguna virtud especial que los distinguía. Por ejemplo, astucia, fortaleza, etc.
  • De una civilización a otra mantenían los mismos conceptos y deidades, pero cambiando los nombres.
  • Los dioses prehispánicos no morían, a menos que fuera a manos de otro dios, y a menudo podían ser revividos, o perdurar con otra forma o en otros cuerpos.
  • Los dioses prehispánicos eran entidades primigenias, tal vez con progenitores divinos también.
  • Seguían ideas asignadas según lo que representaban, como por ejemplo dios sol, dios del mar, etc.
  • Algunos dioses de algunos mitos poseían algún defecto que les ocasionaba problemas.
  • Por lo general, vivían en la ciudad sagrada de los dioses, Tenochtitlan.
  • Tenían la potestad de decidir el destino de los humanos.
  • Poseían sentimientos y emociones igual que los hombres. Por ende, experimentaban amor, celos, envidia, orgullo, etc.
  • Cada uno regía una esfera de la existencia humana: el amor, la guerra, el océano, etc.
  • Podían estar en todos lados, como una presencia invisible, por tal motivo podían verlo todo o estar en varios sitios a la vez.

Significado de los dioses prehispánicos

El concepto de lo divino y lo sagrado o la convicción de la existencia de un ser superior ha significado para el hombre desde las culturas primitivas el fundamento esencial para poder comprender los diversos fenómenos naturales que observaban y no entendían el por qué sucedían. Los dioses, y en este caso los dioses prehispánicos, proporcionaban ese fundamento mediante el comprender el mundo.

De allí, que aceptaran eventos como la salida y puesta del sol, los períodos de lluvia, las estaciones climáticas, o el origen del mundo como una orden venida de un dios y como tal lo recibían.

Ello redundó en la generación de creencias alineadas con cada una de las manifestaciones y fenómenos naturales ante los cuales sentían temor y les guardaban el debido respeto a en un dios.

Dioses prehispánicos

Dioses prehispánicos más resaltantes

Fueron muchísimos los dioses prehispánicos que se han identificado a lo largo de la existencia de los casi tres siglos de civilizaciones prehispánicas generadoras de la cultura mesoamericana.

Haremos mención en este apartado a los más relevantes de acuerdo con la mitología a la cual pertenecen:

Dioses de la mitología tolteca

Esta mitología nos ofrece numerosas creencias, de las cuales se han generado muchísimos mitos, leyendas y relatos con características propias de esta civilización.

Ello dio origen a un gran imperio cuya sede principal se localizaba en la ciudad de Tenochtitlan, hogar de los dioses. Como sabemos los aztecas eran descendientes de los mexicanos, motivo por el cual a veces se les llama por ese nombre.

Tenían un arraigado carácter religioso, de allí que, en su creencia, debían realizar grandes sacrificios dirigidos hacia el sol, pues era éste su dios dominante y había que satisfacerlo.

Dioses-prehispánicos
Tenochtitlan

Su sistema de creencias se sustentaba en la percepción que tenían de las fuerzas de la naturaleza, cuyos elementos jugaban un papel fundamental. Igualmente, la muerte era un componente recurrente en dicho sistema simbolizado a través de estos dioses prehispánicos.

Este tema de la muerte contemplaba, dentro de las creencias, sacrificios con sangre humana ofrendada a dichos dioses, lo cual ha quedado claramente evidenciado en muchos de los mitos de los aztecas.

Tláloc, dios de la lluvia

La leyenda nos habla de una de las deidades con más antigüedad en el panteón azteca y que era muy venerado por sus seguidores, motivo por el cual se le rendía pleitesía y se le ofrecían rituales para honrarlo específicamente en el primer mes del año.

Era el dios de la lluvia y todo lo relacionado con ella; a saber, truenos, relámpagos, tormentas, vientos huracanados, etc. Tenía también poder sobre las nubes, las cuales solía manipular según sus deseos.

En cuanto a sus cualidades, se dice que era un dios generoso, siempre dispuesto a dar auxilio y sus seguidores acudían a él para solicitar su intervención en la fertilización de sus campos, obtener buenas cosechas y protección de sus pobladores.

Se le representaba como un hombre rodeado de nubes, llevando una corona de plumas del pájaro heron (también conocidas como garzas), sandalias de espuma y unos cascabeles con los cuales generaba los truenos.

Tenía unos dientes de jaguar, que le fueron legados por la civilización olmeca, muy relacionada con la cultura azteca, cuyo dios de la lluvia era representado por un hombre jaguar.

Para el pueblo azteca, Tláloc simbolizaba al dios que “hacía brotar las cosas”, por lo cual a veces solía ser llamado “néctar de la tierra”, en virtud de que, gracias a él, brotaban los frutos de la tierra. De hecho, en lengua náhuatl el nombre Tláloc denotaba “algo sobre la superficie”

Se le consideraba un dios dual, ya que podía ser benevolente cuando proporcionaba la lluvia benefactora, pero a su vez podía ser implacable y destructivo con los que se le oponían y enviaba, entonces, tormentas y sequía.

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Yacatecuhtli, dios del comercio

Formaba parte de lo que los aztecas llamaban los dioses ancianos y se le consideraba una de las deidades más sobresalientes, en virtud de que sus seguidores acudían a él en momentos de requerir auxilio en alguna transacción o intercambio comercial.

Se le distinguió como el dios del comercio y protector de los mercaderes, así como de los que hacían viajes comerciales para lo cual le hacían ofrendas y obtener su bendición.

Esta distinción proviene de la tradición que tenían los mercaderes aztecas mexicanos de ofrendar sus esclavos en sacrificio para honrarlo y así mantenerlo satisfecho a cambio de favores pedidos.

Su nombre en lengua náhuatl significa “Señor de la Nariz”, en virtud de que se caracterizaba por tener una gran nariz desproporcionada para el tamaño de su cara, pero que la empleaba como instrumento de guía a los viajeros.

Su símbolo representativo era el “haz de varas”, conformado por la unión entre los bastones de los caminantes y la nariz. En algunos mitos se le presentaba con la cara pintada de color negro y blanco, vestido con una manta azul con aplicaciones de flores de distinta especie y una red negra, y usando un bastón para caminar. Llevaba en su cabeza un tocado de borlas de plumas del pájaro quetzalli, que incluía unas vistosas orejeras de oro.

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Quetzalcóatl, dios de la vida, de los vientos y sabiduría

Fue uno de los tres dioses más venerados de la cultura mesoamericana por todo lo que representaba. Era un poco el dios de todo: la vida, fertilidad, sabiduría, patrón del día y la noche, los vientos.

Era hijo de Tonacatecuhtli, quien era un mortal y Tonacacihuatl, diosa mujer, creadores de dioses. Se le representaba como una serpiente con plumas, pero de forma humana, por su condición dual de ser humano y divino, siendo las plumas la indicación de que estaba dotado de un espíritu.

Se le conocía, entonces, como la Serpiente Emplumada, que era una mezcla entre pájaro y serpiente con cascabel y así lo reflejaba su nombre que combinaba los vocablos en náhuatl quetzal, que significa “pájaro emplumado verde” y coatí, que se traduce como “serpiente”.

Dioses prehispánicos

Nació blanco con cabello rubio y ojos azules, fue el segundo Sol y vivió por 676 años. También era referido como el dios del conocimiento y regidor del oeste.

En algunas leyendas lo catalogaban como el dios principal del panteón mexicano, que reunía a todos los dioses patronos de todos los pueblos. Se le consideraba el dador de la vida humana desde los orígenes de la creación, ya que, de acuerdo con la leyenda de los dioses toltecas, fue el que creó el quinto sol, que es el que hoy habita la humanidad.

En virtud de ello logró hacerse hombre con la finalidad de poder compartir con los mortales sus conocimientos propios y el arte de las deidades, de manera de tal de proveer al hombre de toda la experticia necesaria para que el nuevo sol o mundo creado no sea destruido.

Se evidencia como la cultura tolteca adoptó la imagen de este dios para hacerlo elemento preponderante de la tradición religiosa de Teotihuacan, sitio en el que se construyó una pirámide en su honor y, según los historiadores, la misma data del siglo II de nuestra era.

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Huitzilopochtli, dios de la guerra, dios colibrí

Este era uno de los dioses más representativos de esta cultura mexica, pues siendo el dios de la guerra, cada vez que su tribu salía victoriosa de alguna contienda, ese triunfo se le adjudicaba a él. Por ello fue una de las deidades principales del panteón mexica. Su nombre tenía dos significados: podía ser colibrí del sur o colibrí izquierdo, dependiendo de la circunstancia en que se le invocara.

Fue hijo de Coatlicue, diosa de la fertilidad y de Tonatiuh, dios sol viejo y, según lo que cuenta el mito, al nacer el mismo tuvo que vencer el que su propia familia se le opusiera, para lo cual utilizó su instrumento de batalla, que fue la serpiente de fuego, lo que lo llevó a ser considerado el dios del sol.

Ahora bien, según la leyenda, la denominación de dios colibrí está sustentada en la creencia tolteca, que infería que, si un guerrero moría en combate, su alma pasaba a ser un colibrí que viajaba hasta llegar al sol. De allí que este dios, siendo la deidad de la guerra, se le representara con el colibrí como una forma de simbolizar a todos esos guerreros que perdían su vida en batalla.

También es conocido otro mito acerca del origen de Huitzilopochtli que señala que cuando salió del vientre de su madre Coatlicue ya él era un hombre y, además, guerrero.

Asimismo, se da cuenta del otro mito que dice que fue él el dios héroe que trajo a su pueblo azteca desde el mítico territorio de Aztlán, al noroeste de México, hasta el Valle de México donde se fundó posteriormente el imperio azteca. La leyenda cuenta que durante todo el recorrido que duró unos 200 años, los gobernantes sacerdotes cargaron con ellos una imagen de Huitzilopochtli, con la cual iban preparando al pueblo para la gran civilización que vendría.

Fue uno de los dioses patronos principales y más venerado en la antigüedad e incluso hoy.

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Tezcatlipoca, dios del cielo y la tierra

Se trata de una de las deidades más sobresalientes de los toltecas, pero también una de las más complejas por la diversidad de situaciones en las que intervenía. Era el dios del cielo y la tierra e igualmente fue el señor de la tutela y el amparo del hombre, además de fuente de vida.

Era un dios hechicero omnipotente, dado a la guerra y, por ende, a la muerte, la discordia, las confrontaciones y las provocaciones. Se dice en algunos mitos que, así como otorgaba privilegios y prebendas, así mismo los quitaba. Aunque pareciera contradictorio con su naturaleza divina, era el protector de los esclavos.

Fue hijo del gran dios Ometéotl cuando formó pareja divina en su faceta de Ometecuhtli con de Omecíhuatl, la señora serpiente.

En este dios se originó lo que era poder y felicidad, por su condición dual. Era omnipresente en determinadas circunstancias en las batallas. Fue el preferido de que aquellos que se identificaban con la agresividad y fortaleza, motivo por el cual le rendían culto.

Solía representársele pintado con reflejos metálicos en los que se distinguía una franja negra en la cara y en el pecho un espejo de obsidiana, que era un vidrio volcánico muy potente, que le permitía observar lo que hacían y pensaban los humanos.

Además, su cuerpo despedía un poderoso humo el cual lo usaba como escudo protector y con el cual mataba a sus enemigos. Fue el primer sol y su reinado duró más de 600 años.

Señala la leyenda de los nahuas que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca constituyen entre ellos una especie de dualidad y antagonía al mismo tiempo. en cuanto a los roles que les tocó desempeñar. Esto es porque Quetzalcóatl era llamado el Tezcatlipoca blanco, cuando se encontraba en acciones de guerra, mientras que a Tezcatlipoca se le asociaba con el color negro, cuando se hallaba en su condición de oscuridad y estado pasivo.

Para algunos estudiosos, Tezcatlipoca era definitivamente un dios todopoderoso y omnisciente, que podía adoptar variadas formas y estar presente en distintas situaciones.

Por otra parte, tenía el don de predecir el futuro con solo mirar su espejo de obsidiana y conocer todas las acciones de los mortales. Es por ello que se sentía con la capacidad de juzgarlos severamente.

Coatlicue, diosa de la vida

Fue la madre universal de los mexicas e incluso de los seres divinos aztecas, siendo además distinguida como la diosa de la vida y la muerte, así como de la tierra y la fecundidad.

Su nombre de la lengua náhuatl se traduce como “la que tiene la falda de serpiente”, ya que al igual que Quetzalcóatl, se caracterizaba también por tener forma de serpiente.

La imagen más divulgada de esta diosa es aquella en la que se le representa como una mujer, cuya vestimenta era, justamente, una falda de serpientes entretejidas con las cabezas hacia abajo y sus pechos aparecen flácidos y llevando una banda de cuero que tiene dos corazones en medio de las cuatro manos extendidas. Sobre su cabeza aparecen dos serpientes enfrentadas.

 Metzli, diosa de la luna

Esta diosa tenía la facultad de dominar el agua que caía sobre el planeta, haciendo que se produjeran tempestades que causaban desastres, pero también inundaciones que resultaban beneficiosas para el riego de los suelos.

Metzli ponía en práctica su poder por medio de la serpiente que siempre le acompañaba y que era su mascota, la cual llevaba en su estómago el agua del cielo, que luego hacía caer a la tierra.

Su nombre Meztli, Metzti o Metzi en náhuatl significaba la luna, aun cuando con frecuencia se hacía referencia a ella como la “diosa de la serpiente en la cara”. En ciertas circunstancias funcionaba como la representación del amor materno.

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Cihuacoatl

Fue la primera de las diosas aztecas en dar a luz y por ello se le considera la diosa del nacimiento. En náhuatl su nombre Cihuacóatl Ciuhcóatl significa mujer serpiente.

Hay una leyenda que dice que también se le conocía como “La Llorona”, aun cuando no hay certeza al respecto. Pero algunos mitólogos atribuyen lo del nombre “La Llorona” al llanto que tuvo cuando protagonizó lo del primer parto. Es por eso que para la mitología azteca ella es la protectora de las mujeres que morían al dar a luz.

Se le describía como una mujer madura y de gran fortaleza y se le representaba con la cara pintada mitad en rojo y mitad en negro. Por lo general, aparecía con una corona de plumas de águila en la cabeza y como atuendo lucía una falda blanca con aplicaciones de pequeños caracoles y una blusa roja. Llevaba en la mano derecha un instrumento para tejer y en la izquierda un escudo que combinaba con su corona.

Cuenta el mito que fue ella la que molió todos los huesos de los humanos que Quetzalcóatl trajo del inframundo para poder crear a la humanidad.

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Dioses de la mitología maya

Es importante señalar que se trata de una mitología en cierto modo misteriosa, ya que no se tienen datos precisos en cuanto a la identificación de sus dioses, origen y significado de sus ceremoniales.

Esto es debido a que los Españoles, cuando llegaron, quemaron muchas de las evidencias escritas y destrozaron muchas de sus imágenes, destruyendo indicios de sus creencias y sus costumbres.

Solo se cuenta con los textos del Popol VuhChilam Balam, y Las Crónicas de Chacxulubchen, que sobrevivieron y de los cuales se ha podido extraer la mayor parte de la información que se conoce acerca de esta cultura y su religión.

A partir de allí se ha podido establecer que sus rituales se basaban mayormente en ofrecer sacrificios de humanos y que sus dioses tenían características particularmente sangrientas, pero que guardaban mucha similitud en cuanto a tradiciones con los toltecas. Algunos de estos dioses mayas prehispánicos son:

Hunab Ku, Padre de todos los dioses

Se trata del principal dios de esta cultura, de allí que se le señalara como el padre de todos los dioses, del cual provenían todas las demás cosas y su mayor influencia se reflejó en el pueblo de la península de Yucatán, en la que tuvo mucha influencia.

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A Hunab- Ku se le describe como la deidad suprema, ya que es el único dios vivo y verdadero que están en el Panteón maya, en el que se incluye a todos los dioses prehispánicos mayas pueden ser divinos o mortales, buenos y malos, femeninos y masculinos y con distintas manifestaciones, roles y significados.

Se decía que Hunab- Ku no tenía figura determinada o reconocida, pues él era un ser intangible, por lo que no se le podía representar, No en balde su nombre Hunab- Ku en lengua maya significa dios único.

Era una deidad dual, pues representaba, por una parte, el todo y, por la otra, la nada y para llegar a él sus devotos debían invocarlo a través del sol, que sería su fuente de origen.

Ahora bien, este dios ha tenido un resurgimiento, desde hace unas décadas, en virtud de la popularización que se le han venido dando a estas creencias mediante la creación del movimiento llamado mayanismo, o las de la nueva era, en las que Hunab Ku tiene un desempeño protagónico.

Este resurgimiento es debido a la publicación de obras como las del escritor José Argüelles, quien fuera creador de la tendencia Nueva Era norteamericana, que hizo popular la creencia de que el mundo se acabaría en diciembre de 2012, basado en los estudios que había hecho a los textos mayas, entre ellos el Popol Vuh.

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Chaac, dios de los relámpagos y la lluvia

Es un dios muy popular dentro de las deidades del panteón de los mayas, pues gracias a sus poderes sobre el agua y todo lo que ella involucra; a saber, relámpagos y truenos, se obtenían cosechas abundantes. Por tal motivo, era muy venerado en la península de Yucatán, ya que era zona de sequías severas.

Se le simbolizaba como un hombre anciano y con una figura similar a la de un pez anfibio con una larga y curva trompa o nariz inclinada hacia arriba. Tenía dos colmillos enrollados que le salen de la boca hacia abajo y una lengua de reptil.

Su gran nariz significaba que era necesario llevar la energía a un nivel superior y eliminar los instintos animales. Llevaba en su mano un hacha con la que se simbolizaba el trueno o rayo y en la cabeza una cinta como especie de turbante con el jeroglífico de su nombre. Junto a éste había un ojo, el cual, según Códice Tro-Cortesiano, representaba una T.

Este Códice del siglo XIV es el libro más destacado que describe la civilización maya prehispánica, en el que se incluyen notas acerca de su historia, ritos religiosos, los conocimientos que tenían los mayas sobre medicina, astronomía e incluso sus famosas profecías.

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Itzamná, dios de la sabiduría

Fue un dios polifacético, con diversos dones que le permitían intervenir en situaciones de diversa índole. Fue hijo de Hunab Ku, y se le reconoció dentro del Panteón maya como dios del cielo, del sol, y amo del día y de la noche. Su nombre en lengua maya significa “casa del rocío”, porque representaba ese momento de la transición entre la oscuridad y la luz, en el que se siente el frescor de las gotas de rocío.

Se le atribuyeron poderes que promovieron el desarrollo de la ciencia y del conocimiento en diversos ámbitos, así como la creación de los libros y de la escritura. Algunos mitólogos lo señalaban como el primer sacerdote y jefe de una tribu, que llegó hasta Yucatán, donde se instaló y en la que se fundó la ciudad de Izamal, haciendo una división equitativa de las tierras en esa región.

Itzamná era representado como un anciano prodigioso, bondadoso y desdentado, siendo considerado un dios-hombre, pues en él se cumplían la dualidad entre lo divino y lo mortal.

Pawahtún, cargador del cosmos

Esta era la deidad encargada de cumplir dos roles fundamentales para la cultura maya; a saber: sostener las cuatro esquinas del firmamento o universo, y sostener, a su vez, la superficie de los suelos. De allí su nombre de “cargador del cosmos” por la responsabilidad asignada de mantener sobre sus hombros el cosmos.

A este dios se le representaba de dos maneras, bien sea como un solo hombre anciano y desdentado con caparazón de tortuga, o personificado en cuatro hombres que sujetaban las cuatro esquinas del universo.

La leyenda dice que, dentro de la cultura de los mayas, existía la creencia de que el caparazón de tortuga significaba fuerza y protección, lo cual surgió cuando en cierto momento tanto el sol como la luna tuvieron que refugiarse dentro de un caparazón cuando sucedió la destrucción del mundo.

Por otra parte, Pawahtún podía vivir tanto en el cielo, como en la tierra y el inframundo. Se le simbolizaba como un ser anciano sentado, con los brazos en alto sosteniendo el cosmos.

En otras leyendas se le presentaba como el anciano que salía de una concha de caracol y con uno de los brazos sostenía al cosmos. En su cabeza se podía observar una flor de loto en pleno brote. Otros mitos lo caracterizaban como un hombre que llevaba un caparazón de tortuga en la espalda.

Ix Chel, diosa del amor

Ix Chel, diosa del amor y de la luna, esposa de Itzamná, dios de la sabiduría y señor del cielo. Estaba asociada a muchas misiones aparte del amor, pues tenía que ver con la fertilidad y la vegetación, así como con los trabajos manuales de artesanos y también con la medicina.

Se le simbolizaba con una mujer anciana enojada, que vacía una vasija sobre la superficie de la tierra, rodeada por símbolos de destrucción y muerte. En su cabeza llevaba una serpiente y en su falda se podían observar unos huesos cruzados. Se le relacionaba con el agua que caía y ocasionaba destrucción a causa de las inundaciones y deslaves de terrenos.

Sin embargo, algunas leyendas le otorgaban cualidades de protectora de las parturientas e inventora del arte de tejer. Tuvo participación importante dentro del panteón maya por sus buenas relaciones con los dioses, pero, según algunos estudiosos del tema, destacan que no era muy dada a intervenir en favor de los mortales.

Dioses de la mitología zapoteca

Esta civilización se expandió primordialmente por los estados mexicanos de Oaxaca, Guerrero y por el estado de México. Constituyó un sistema de creencias en el que destacan deidades prominentes, cada una asociada a los antepasados y a los encargados de engendrar dioses.

Fue una civilización importante del continente Americano, aun cuando no más que los mayas y los toltecas, antes de la llegada de los colonizadores Europeos prehispánico. Se destacó por sus avances en agricultura, sobre todo en cuanto a la cosecha de maíz, frijoles y verduras, entre otros.

Aún hoy es posible encontrar restos de su cultura, tanto en monumentos como totems y efigies en la zona del Valle de Oaxaca. Entre sus deidades más sobresalientes podemos mencionar las siguientes:

Xipe Tótec, dios de la vida

Este era el principal dios de los zapotecas, que tuvo también cierta influencia en otras culturas mesoamericanas como la azteca, en las cuales quedó reseñada su participación.

Representaba la vida, la muerte, así como la resurrección. Se le conoció por varios nombres, según la función concreta que le tocara desempeñar en el ciclo de la vida zapoteca.

Pitao Cozobi, dios del maíz

Se trata del dios que generaba y prodigaba este importante alimento para los zapotecas, pues era ésta la principal fuente económica de esta cultura.

De allí la relevancia que tenía este dios, razón por la cual eran numerosas las ofrendas y los sacrificios que se realizaban en su nombre para que este dios enviara sus bendiciones a los cultivos del pueblo zapoteca.

Pitao Cocijo, dios de las tormentas

Reconocido no solo como el dios de las tormentas, sino también de todo lo relacionado con ellas; a saber: la lluvia, los relámpagos, los truenos, los vientos. Tenía además participación en cuanto a otros aspectos de la naturaleza, como la vegetación y su fertilidad.

Sus seguidores lo veneraban y le enviaban sus peticiones para que hiciera caer abundantes lluvias y se pudieran beneficiar los suelos y cosechas.

Coqui Bezelao, dios de los muertos

Este era un dios misterioso por estar relacionado con aspectos oscuros e incomprensibles. Era el dios que representaba el más allá y se le reconoció como el patrono de los muertos y del inframundo. Asimismo, se encargaba de custodiar todas las almas de los fallecidos.

Para esta civilización zapoteca el tema de la muerte constituía un aspecto muy importante, lo cual se veía reflejado en la gran cantidad de rituales que efectuaban y en lo relacionado con el uso de las vasijas funerarias o de enterramiento.

Éstas eran receptáculos de cerámica en los que se guardaban los restos del difunto, luego de ser incinerado. Normalmente, la vasija era esférica, amplia, de boca ancha y cerrada con una tapa.

Pitao Cozana, dios de los antepasados

Era una de las deidades zapotecas más antiguas, que, en ocasiones, algunos conocedores de la materia han señalado que provenían de otra cultura próxima.

Mantenía la relación con los antepasados y el legado dejado por ellos, siendo él encargado del alma de éstos en el más allá.

Dioses de la mitología olmeca

Esta fue una civilización que tuvo gran influencia en toda la región mesoamericana por el desarrollo alcanzado en cuanto a edificaciones y cultivos agrícolas. Su nombre en nahuatl significaba “hombres de hule”.

Asimismo, fue muy prodigiosa desde el punto de vista mitológico, por la proliferación de mitos relacionados con sus dioses prehispánicos. Desafortunadamente, son pocas las evidencias que se tiene de esta cultura, por lo que en la actualidad muchos aspectos de la misma resultan en un misterio. Se cuenta con lo referido sobre ellos por las otras civilizaciones.

Lo que se ha podido establecer a través de las investigaciones de los expertos es que su cultura, religión, creencias y folclore estaban basados en su arte, que fue muy desarrollado.

Esto está corroborado por las pocas pinturas y esculturas que quedaron en el territorio habitado por los olmecas en la zona sur del estado de Veracruz, principalmente, y hacia la zona oeste, lo que es hoy el estado de Tabasco, México. Algunos de dioses olmecas fueron:

Serpiente emplumada

Se consideraba a este dios el creador de los libros y de los calendarios místicos. Su aparición dentro de la mitología olmeca se remota alrededor del año 1400 a. C.

También se le ha asociado a aspectos como la muerte y la resurrección. Se le reconoció como la deidad que le dio a la humanidad el maíz y se le representó como un cascabel gigante con plumas multicolores alrededor de su cabeza en la que se observa una cresta gigante.

El jaguar

Este es el principal dios de los olmecas. Se solía llamarlo “nahuatl” y se le asociaba a la lluvia y a la fertilidad. Se le consideraba el chamán místico, como una especie de hechicero con poderes sobrenaturales para curar, predecir el futuro, influir en el clima y contactar espíritus.

Con base en las creencias que tenían los Olmecas de este dios, decían que, si el jaguar desaparecía, el hombre también, pues entre ambos se había establecido una estrecha conexión.

Este dios se constituyó en el símbolo de la cultura y mitología olmeca, motivo por el cual se le ofrecían muchos sacrificios de sangre.

Se le representaba en los tótems como unos seres que solían llamarse “hombres jaguar”, que mostraban a un ser felino con una inmensa cabeza y unos colmillos gigantes, de aspecto físico llamativo, que denotaba fortaleza, belleza, pero también temor.

El hombre de la cosecha

En esta mitología este dios estaba representado por un hombre joven, que simbolizaba la fertilidad y que sacrificaba su propia vida para que el pueblo recibiera alimentos.

En ocasiones se le ha llamado Homshuk, en la zona de Veracruz, donde fue mayormente reconocido como un ser divino olmeca.

Espíritu de la lluvia

Este fue el segundo dios más importante de esta mitología y tenía influencia sobre el dios del maíz, ya que sin él no había crecimiento de la vegetación y, en consecuencia, no habría desarrollo de los alimentos.

Se le representaba como un ser masculino, el cual podía ser un joven, un niño e incluso un duende. Tenía el ceño fruncido con los ojos oblicuos y unos colmillos en una boca dentada. La leyenda habla que este dios producía un gruñido muy feroz.

A este dios se le hacían distintas ofrendas de las cuales hay evidencias de que se realizaban en el manantial al pie del cerro Manatí, sitio arqueológico en el estado de Veracruz.

De acuerdo con las creencias mitológicas olmecas, era normal que manantiales y montañas fueran apropiados para la celebración de rituales y ceremonias que aún hoy en día se practican en honor a este dios.

Dios del maíz

Se trata de un dios de mucha importancia para los olmecas en virtud de que el maíz fue el alimento principal de esta cultura e influyó en gran medida en su mitología.

No hay evidencias si era un dios masculino o femenino, aun cuando se le nombraba en ocasiones como Centéotl o Cintéotl, que significaba dios del grano.

Rituales de los dioses prehispánicos

Para venerar a estos dioses prehispánicos, sus seguidores efectuaban diversos actos y rituales que implicaban la entrega de ofrendas e incluso el sacrificio de humanos.

Constituían parte esencial del diario acontecer de estos pueblos y se podían celebrar en diversos sitios que iban desde los templos o altares expresamente levantados para estos ritos, hasta los efectuados en las plazas, viviendas y todo aquel espacio que se le invistiera de sacralidad para que los mortales pudieran expresar, mediante el ritual, su vínculo con lo sagrado.

Estos ceremoniales eran practicados como la muestra más fehaciente de veneración y a través de los cuales les enviaban un mensaje a sus dioses para honrarlos, hacerles sus peticiones y esperarla la debida respuesta o recompensa.

Sacrificio humano

El sacrificio humano se celebraba sobre una piedra o altar de sacrificios y era efectuado por uno o varios  sacerdotes debidamente identificados para el acto. Se usaba un cuchillo de pedernal y un recipiente, llamado cuauhxicalli, en el que se depositaba el corazón que se iba a ofrendar, que se le sacaba al humano sacrificado.

La víctima era conducida a la piedra de sacrificios sobre la cual debía acostarse y, luego, cuatro sacerdotes le sujetaban los brazos y las piernas y un quinto sacerdote, con un cuchillo de obsidiana, le hundía el cuchillo en el pecho de la víctima para sacarle el corazón aún palpitante.

Igualmente, la sangre de la víctima era recolectada en un recipiente y ofrendada, ya que ésta constituía un fluido digno para honrar debidamente a una deidad.

Parte esencial del ritual eran los sacerdotes, pues eran los guías de estos rituales y ejecutores del sacrificio propiamente dicho. Ellos llevaban a cabo los preparativos pertinentes para el rito; a saber:

  • Preparar la piedra que serviría de altar de sacrificio.
  • Preparar a la persona que, de manera voluntaria u obligada entregaría su corazón y su sangre en el nombre del dios elegido.
  • Ejecutar el sacrificio.
  • Presentar las ofrendas al dios.

En ocasiones sucedía el autosacrificio, el cual se celebraba en la intimidad, como un acto personal de quien deseaba conectarse con los dioses y hacer su ofrenda particular. Por lo general, la persona que se autosacrificaba se perforaba ciertas partes del cuerpo usando puntas de la planta de maguey o punzones de hueso.

Luego de haber ensangrentados suficientemente los punzones, éstos eran encajados en unas bolas de heno, llamadas zacatapayoli. Estas bolas eran guardadas en las cajas ceremoniales o tepetlacalli, hechas de piedra y específicamente usadas para resguardar las ofrendas a los dioses.

Esta tradición al igual que muchas otras, formaban parte de los diversos actos a los que recurrían estos pueblos para buscar agradar a sus deidades y asegurarse de que en todo momento estuvieran satisfechos. Ello redundaría en que no se producirían tragedias en el pueblo ni en los demás miembros de la tribu.

Otras ofrendas

Los pueblos prehispánicos idearon también otras formas de agradar a los dioses, desde juegos de deportivos hasta extraordinarios monumentos y templos.

Existían tanto ritos como la gran variedad de dioses que había. En la civilización mesoamericana prehispánica se encuentran, por ejemplo, ofrendas de objetos valiosos, ritos, totems, pirámides y tradiciones festivas.

Tzompantli

Este era una pared especialmente acondicionada para colgar los cráneos de los muertos que habían sido ejecutados. Estaba ubicado especificamente en el edificio destinado al juego de pelota en la localidad de Chichén Itza, península de Yucatán, donde, según el mito, se exhibían las cabezas de los que eran decapitados al finalizar el juego, como ofrenda a los dioses de la muerte.

Juego de pelota maya

En este deporte se hace una representación de la creación del hombre y del sol. Se trataba de un juego practicado por los antiguos mayas, el cual consistía en introducir una pelota por un aro empleando todas las partes del cuerpo, excepto las manos. En caso de que se tratara de un evento especial, probablemente los vencedores serían sacrificados en honor a los dioses prehispánicos propios de su cultura.

Dioses prehispánicos hoy

La mitología referida a los dioses prehispánicos gracias a la profusión de leyendas, mitos y relatos ha servido de inspiración a autores de libros, productores de películas y escritores de cuentos, que han producido interesantes y reconocidas obras artísticas. Ello ha permitido que estos dioses prehispánicos sigan estando presentes en nuestros días y que se pueda conocer el legado que han dejado a las todas las generaciones que le han sucedido.

Entre esas obras encontramos:

  • Retorno a Aztlán. Es un filme del año 1990, que relata sobre una gran sequía que azotó en la época prehispánica a la Gran Tenochtitlan. Debido a ello, un grupo de pobladores decide ir hasta la ciudad de Aztlán, la tierra de origen de los aztecas, para pedir a la diosa Coatlicue que los socorra. La película está hablada en lengua náhuatl.
  • Comics sobre Tezcatlipoca. Obra de ficción realizada por la empresa DC Comics que se basa en la figura de este dios.
  • El camino hacia El Dorado. Realizada en el año 2000, esta película de dibujos animados de la empresa DreamWorks, se refiere a la época de la conquista y nos cuenta el relato de dos polizones españoles que se embarcaron en la nave de Hernán Cortés, pensando los llevaría a la famosa ciudad perdida de El Dorado, pero resulta que llegaron a Yucatán. La película nos presenta aspectos de las tres culturas azteca, maya y olmeca.
  • Apocalypto. Se trata de una película de 2006 del conocido actor y productor Mel Gibson escenificada en el México prehispánico, específicamente en la zona maya. En ella se cuenta la historia de unos prisioneros capturados durante una guerra florida entre los aztecas y sus enemigos, y las vicisitudes por las que tienen que pasar para preservar su vida en medio de la selva.
  • Personajes de comics.  Se trata de una serie de caricaturas de Jorge Garza, ilustrador y diseñador del noroeste de Indiana, que se ha hecho famoso por el apodo de Qetza. Una de sus creaciones más importantes son los comics diseñados con los principales dioses prehispánicos emulando a los héroes fantásticos o personajes de historietas como Batman, Superman, la Mujer Maravilla, Guasón, Spider Man, Darth Vader, entre otros.

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