Mictlán: el camino, ofrenda, celebraciones y más

Con el nombre de Mictlán, es conocido el inframundo de la mitología mexicana. También es llamado Chiconauhmictlán y se dice que fueron los dioses Xipetótec, Quetzalcóatl, Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, quienes lo crearon. Cuenta con nueve caminos o regiones.Con el nombre de Mictlán, es conocido el inframundo de la mitología mexica. También es llamado Chiconauhmictlán y sus bases se enmarcan dentro de una cosmovisión sustentadas dentro de creencia referidas al espacio y al tiempo, donde se organiza un universo fragmentado el cual es definido por unas fuerzas vivas. Se dice que fueron los dioses Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli quienes lo crearon y cuanta con nueve etapas o regiones. Mictlán, el inframundo Mexicano La concepción de la muerte para los aztecas y demás pueblos mesoamericanos, representaba un aspecto primordial. Para rendirle honores, se llevaban a cabo rituales que estaban vinculados con la acción de los dioses del inframundo, que dentro de la cultura mexicana eran Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los soberanos del Mictlán “la tierra de los muertos”, lugar a donde van todas las almas sin importar su condición, raza o credo. Cuentan que estos dioses principales tuvieron a su vez cuatro hijos varones, los cuales fueron denominado como los "dioses creadores", Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. Estos dioses heredaron de sus padres el arte de la creación a partir de su sustancia. Luego, los dioses Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se encargaron de organizar al universo dividiéndolo en dos, una forma vertical y otra horizontal, trasncurridos 600 años de inactividad. Como otros inframundos de otras mitologías, Mictlán cuenta con una serie de regiones, las cuales debe pasar el alma de los fallecidos hasta llegar a su destino final, siendo 9 las fases o secciones a atravesar. ¿En qué consiste el camino al Mictlán? El inframundo Mictlán, se encontraba en el nivel inferior de la tierra, donde habitaban los muertos, y el camino hacia allá se consideraba peligroso. Contaba con nueve niveles verticales y a la vez descendientes, el cual debían atravesar las almas en situación de igualdad, fuesen pobres o ricos. Dentro de las creencias del mito, se decía que el viaje para atravesar estos caminos tenía una duración de cuatro años y que, donde también se debía ir superando diversos obstáculos. Las deidades del inframundo, Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, eran quienes las recibían y les anunciaban el final de sus pesares. *APANOHUAIA, primera región Luego de morir, el alma del difunto comenzaba su travesia, pasando por el primer nivel o región, el cual es conocido con los nombres de APANOHUAIA o Itzcuintlan, lo que le hare referencia como el “lugar de perros”. Esta primera región estaba ubicada en la orilla del río Apanohuaia y de ahí fue tomado el nombre. Cuentan que el difunto, atravesaba este nivel acompañado de un perro con el nombre de xoloitzcuintle, el cual era de color pardusco. Ese debía ser el color especifico dado a que no servía si el perro era blanco o negro, por el significado que tenia dentro de la cultura, ya el blanco estaba limpio y purificado y el negó sucios y oscuro. Debido a este dato, se hacía norma enterrar a los muertos junto a huesos de perros. *TEPECTLI MONAMICTLAN, segunda región Este segundo nivel del Mictlán era considerado como el “lugar de los cerros que se juntan”, denominados con dicho nombre porque cuentan que allí estaban ubicados dos cerros, los cuales se abrían y se cerraban, y al hacerlo, chocaban entre sí de forma seguida. Por esta razón, los muertos debían estar atentos y agiles para poder atravesarlos en el momento de su separación y así evitaban ser triturados al juntarse. *IZTEPETL, tercera región El camino hacia Mictlán continuaba, y el alma llegaba así al tercer nivel o región. En esta etapa se presenta un nuevo obstáculo, un cerro cuyas características describen que estaba cubierto de filosas piedras, las cuales debían sortear los fallecidos al escalarlos para poder pasar al siguiente nivel y no ser desgarrados por ellas. *ITZEHECAYAN, cuarta región Se presenta así el cuarto nivel o región, conocido como el “lugar del viento de obsidiana”. En este sector del Mictlán, tenía como característica ser un lugar desolado y frio que provenía del hielo y su contextura de piedra abrupta. En esta oportunidad se trata de atravesar una sierra contentica de diversas aristas cortantes, conformadas por ocho collados donde la nieve caía de manera permanente. *PANIECATACOYAN o quinta región A la mitad del camino, las almas de los difuntos llegaban así al quinto nivel o también llamado “El lugar donde la gente vuela y se voltea como banderas”. Esta nueva fase se encontraba ubicada al pie del último collado o colina del Itzehecayan. Cuentan que en este nivel era donde perdían gravedad los muertos quedando a merced de los vientos, los cuales los arrastraban para luego liberarlos y transferirlos al siguiente nivel. * TIMIMINALOAYAN, sexta región En este nuevo nivel del Mictlán se describe con un amplio sendero, el cual tenía lados especies de manos invisibles que lanzaban dardos puntiagudos con el objeto de perforar a los cadáveres de los muertos que debían transitar por dicho trecho. Esta estación era conocida como “El lugar donde la gente es flechada”. Cuentan que los dardos eran unos tipos de flechas perdidas durante las batallas. *TEOCOYOHUEHUALOYAN, séptima región Al atravesar este nivel, las personas fallecidas se tenían que enfrentar a un nuevo obstáculo, unos jaguares que al sostener el encuentro con los cadáveres, le abrían el pecho del occiso para consumir su corazón. *IZMICTLAN APOCHCALOLCA o octava región En esta nueva región existía una “laguna de aguas negras” denominada con el nombre de Apanhuiayo. En esta fase, el difunto terminaba de descarnar, es decir de eliminar toda la carne de sus composición, y su tonalli o alma terminaba de salir del cuerpo completamente. *CHICUNAMICTLAN, ultima región Este es el último nivel o región del Mictlán que debe atravesar el muerto dentro de la mitología mexicana. En esta parte, el reto del difunto es pasar las nueve aguas que comprende el rio Chiconauhhapan y, tras superar este último obstáculo, entonces los dioses Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, soberanos del Mictlán, liberan a su alma completamente de los sufrimientos del cuerpo. Ofrenda al Mictlán Desde los primeros tiempos, el tema de la muerte y el lugar al que se dirigirían los muertos después de ella jugó siempre un papel fundamental dentro de la cultura mexicana. Gracias a ello, los entierros de las culturas aztecas, toltecas, mayas, zapotecas, entre otros, se tomaba con gran importancia lo referente a las ofrendas funerarias, cuya función principal es brindar ayuda a la persona ya fallecida mediante el viaje que deben transitar, así como los obstáculos que debe vencer el alma para poder llegar a su destino final. Estas ofrendas buscan preservar las condiciones idóneas de los difuntos hasta llegar al Mictlán. Muchas de estas ofrendas funerarias son objetos de cerámica, urnas mortuorias para incienso, huesos de animales, entre otros. Una manera de rendirle honor a los muertos era a través de los bailes y ofrendas de joyas y flores más no con alimentos como si pasa en otras tradiciones, razón por la que eran celebrados muchos ritos y festividades con el objetivo de recordar a los familiares difuntos. Otras ofrendas funerarias se hacían con algodón, calabaza, pencas de maguey, chía, amaranto, copal. Dentro de la gama de animales están los cangrejos, langostinos, estrellas de mar, Águila arpía, pumas, lobos, monos araña, Águilas reales, peces sierra, conchas de mar, caracoles y corales. Restos de perros que hacen pensar que el animal fue enterrado como guía para el alma de su amo, un personaje de importancia como un soberano, hacia el inframundo. Con las ofrendas se preparaba a los muertos para el viaje de su alma al Mictlán, por lo que los antepasados consideraban que al darle las ofrendas o amuletos, estos les servirían para poder enfrentarse a todas las dificultades que se presentasen en cada nivel o región del Mictlán. Celebración del día de muertos y el Mictlán La conmemoración del Día de Muertos se remonta desde mucho antes de los tiempos de la Conquista Española, por lo que se presume que su data tiene 3 mil años. Hoy en día las fiestas representan una combinación entre las costumbres de la época prehispánica con las tradiciones cristianas. Durante el tiempo de la era Mesoamérica, se había vuelto tradición conservar los cráneos de los enemigos de la guerra, para ser exhibidos como trofeos, presentándolos mediante la realización de rituales vinculados a la muerte y el renacer. Una de las intenciones que tenían la conmemoración del Día de muertos era la de honrar a los dioses aztecas Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los soberanos de la muerte y regidores de Mictlán. La celebración tenia la duración de varios días, teniendo que en el noveno mes del calendario solar mexicana se desarrollaba un festival que iniciaba en agosto y duraba todo el mes. Estas festividades eran dirigidas por la diosa Mictecacíhuatl, llamada “La Dama de la Muerte”, y popularmente La Catrina. *Simbolismos Las festividades en el marco del Día de Muertos, forma parte fundamental de las tradiciones más antiguas y simbólicas de México. Son muchas las familias que mantienen esta costumbre viva, siendo adaptada a las tradiciones identificativas y propias de cada estado ya que aunque todo el país lo celebra, cada una de las 32 entidades federativas le coloca su toque particular. El día de los muertos es un símbolo mexicano cuya tradición los ha sido merecedor de conocer en todo el mundo, yendo más allá de sus fronteras, en una fecha donde los mexicanos conjugan la gastronomía, la música, la importancia de la familia así como de la cultura y tradiciones originales que van pasando de generación a generación. Para los mexicanos, el Día de Muertos es una fecha para celebrar la vida después de la muerte. Esta tradición aparece registrada como Patrimonio Cultural Inmaterial dentro de la UNESCO, dada a la transcendencia de su significado como expresión tradicional contemporánea y viviente a un mismo tiempo, con rasgos de integradora, representativa y comunitaria. Durante estas fiestas son decoradas las tumbas en los cementerios y se les dedican altares dentro de los hogares o sobre las lápidas, donde se le colocan elementos para orientar el camino a las ánimas para que vuelvan de regreso al mundo de los vivos. Se tiene la creencia de que el color brillante de las flores de cempasúchil simboliza el camino que los muertos deben seguir, mientras que con la luz y el calor de las veladoras se ilumina la oscuridad del sepulcro, en cuento son atraídos además con el delicioso aroma de los platos colocados en las ofrendas con lo que se busca nutria al alma, compartiendo todo en familia. *Ofrendas y rituales El ofrendar a los muertos es una costumbre popular muy antigua. Durante los Días de muertos, las calles de México se engalanan de tradición siendo una de las importantes la ofrenda mortuoria, cuyas raíces están dentro de las danzas y los llamados cantos de lamentación. En medo de la celebración era habitual escuchar dichos “lamentos” que sonaban de forma armónica generalmente al morir un guerrero. Cuentan que las viudas y los hijos del difunto, realizaban un pequeño ritual para lo que usaban las armas del difunto, su ropa e insignias, similar a lo que se hace hoy en día cuando se colocan pertenencias del muerto sobre alguna ofrenda, Se tenía la creencia que con este ritual, los guerreros muertos volverían a la vida, conmemorando su regreso a la “dimensión telúrica”. Tras cuatro días danzando, los cuerpos eran sometidos a un proceso de envoltura hasta quedar como una especie de momia, y una vez así se iniciaba la ofrenda de alimentos. Las ofrendas de comida a los muertos se hace en base al plato preferido del difunto y se coloca tanto alrededor del altar familiar como sobre la lapida de la tumba, acompañado de las flores, artesanía, decoraciones hechas con papel picado, fotografías, o cualquier otro recuerdo que vincule a los vivos con los muertos. Con la ofrenda se representan múltiples símbolos folclóricos, siendo parte de un ritual que eleva su importancia al mismo nivel de la de los queridos difuntos. Desde los primeros tiempos hasta hoy, la ofrenda sigue teniendo como objetivo el de honrar y alimentar a los muertos. Algunas de los signos más representativos dentro de la ofrenda son, la Comida, la cual por lo general es la preferida por los difuntos. Se ofrenda también con cigarros o bebidas alcohólicas, siempre y cuando estas costumbres fueran del agrado del fallecido. Dentro de la preparación de platos destaca la gastronomía tradicional mexicana como por ejemplo el mole con arroz. En cuanto a la flora, se usa la flor de cempasúchil, con la cual se guían a los muertos de vuelta al más allá. Con el Copal se purifica aunque también sirve de alimento a los espíritus, guía en su retorno al más allá, al mismo tiempo que espanta las malas energías. Con las Veladoras que es el fuego y el papel picado, se crea el puente para entrelazar la vida y la muerte. Se colocan unas Calaveras que pueden ser elaboradas de azúcar o de chocolate. Con ellas se busca encarnar al espíritu de cada difunto de la familia. También está el conocido Pan de muerto que le es servido en el altar para alimento de los espíritus. Cuentan que esta ofrenda es relativamente nueva, pues antiguamente en su lugar, se realizaba el sacrificio del corazón de una joven que era colocando dentro de una olla de amaranto hirviendo. Cruz de cal, semillas o flores, elementos con los cuales se representa a los cuatro puntos cardinales que a su vez simbolizan las cuatro deidades de los cuatro elementos. Otro de los elementos que se coloca es una foto del difunto o en su defecto, la imagen de algún santo que el muerto haya sido devoto. Se coloca también Sal para purificar las almas de los niños y un vaso de agua para calmar la sed del espíritu. El símbolo que representa la ofrenda, es un reflejo de una ley universal que se ha podido comprender a través de los recuerdos, un símbolo que surge de los conceptos de la muerte como una verdad universal. *¿Qué se hace en el festival de Mictlán? Tomando en cuenta la importancia de las tradiciones y festejos populares que se celebran durante el Día de muertos, se desarrolla el festival de Mictlán. En esta actividad especial se invita llama a participar a los artistas escénicos, particularmente aquellos que trabajan de manera independientes, al igual que diversos grupos de teatro, danza y música, para que durante el evento presenten sus propuestas artísticas y culturales. Los escenarios naturales para el desarrollo del Festival Mictlán son las Criptas, tumbas y mausoleos. A lo largo de los años, este evento ha sido organizado por instancias de gobierno del estado y a partir del año 2008, el festival comenzó a consolidarse como un acto independiente. Desde el 2009, el festival Mictlán es realizado por la comunidad teatral independiente de Xalapa. Una de las sedes que funciona para esta actividad significativa es el Parque Bicentenario de Xalapa, Veracruz y Palacio Municipal de San Andrés Tuxtla, teniendo como institución organizadora Asociación de Artistas Independientes AIX A.C. y las instituciones coadyuvante Secretaría de Turismo, el Ayuntamiento de Xalapa, la Universidad Veracruzana, Radio Televisión de Veracruz y la iniciativa privada. ¿Quién es Mictlantecuhtli? Dentro de la mitología mexicana, Mictlantecuhtli es el dios del inframundo y de los muertos. Esta deidad también es conocido con el nombre de Popocatzin que significa ardiente y humo, considerado de igual forma como el dios de las sombras. La pareja de este dios era la diosa Mictecacíhuatl, junto a la cual gobernaba el Mictlán. Gráficamente se le representa con forma de esqueleto humano con una calavera y muchos dientes, aunque al ser dibujado se representaba con cabello negro y con ojos en forma de estrellas ya que habita en plena oscuridad. A esta deidad se le relaciona con animales como las arañas, los murciélagos y los búhos, siendo este ultimo asociado a los malos augurios Dentro de sus características están que posee unos adornos de papel en forma de rosetas y de las que salen dos conos, uno sobre la frente y otro en la nuca. Se le puede observar portando una bandera doblada de color blanco, con un pantololli y una estola de papel blanco a la cual se le llama amaneapalli, elementos que son propios de su atuendo. Por orejas tiene un hueso humano. Otro de de los nombres con que es conocido el dios Mictlantecuhtli es Tzontémoc, que significa “el que cae de cabeza”. Dentro de algunas imágenes se le puede ver que en su espalda lleva un sol negro, símbolo que denota al sol de los muertos, simbolizando la noche, y haciendo referencia al rol de llevar una vida misteriosa bajo la tierra, en el lugar preciso entre el crepúsculo y la aurora. En esas mismas figuras se le dibuja con las mandíbulas abiertas representando la manera en que recibe a los astros que descienden durante el día en su centro. Relación de los perros con respecto a Mictlán Xoloitzcuintle es el nombre que recibe el perro guardián que acompaña a las almas durante el recorrido que deben hacer por los caminos hacia el Mictlán. Dentro de la cultura que se teje en torno a la existencia de este inframundo mexicano, se tenía por creencia que el xoloitzcuintle custodiaba a sus dueños a lo largo del camino hacia el Mictlán. Investigadores europeos quedaron impresionados con el hallazgo de una extraña criatura a la que en un principio confundieron con un caballo enano, pero que en realidad se trataba del xoloitzcuintle, un perro ancestral habitual y tradicional de México. Se dice que este particular can, cohabitaba con los mexicanos antiguos, comportándose como todo un compañero incondicional con su propietario, lealtad que llevaría hasta después de su muerte, premisa que argumentaba la creencia de que acompañaba a sus dueños durante el camino hacia el Mictlán, sitio donde tendrían su descanso eterno, además de representar una ofrenda funeraria para sus amos. En cuanto a su terminología podemos decir que la palabra xoloitzcuintle tiene contenido etimológico, su raíz Xólotl que significa extraño, deforme, bufón, sumado a la palabra itzcuintli, que significa perro. Dentro de la cultura mexica, Xólotl era considerado como el dios de la transformación, patrono de los gemelos, pero también el soberano de la oscuridad nocturna, de todo aquello que era desconocido, lo monstruoso y la muerte. Su hermano gemelo era el dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, quien por su parte representaba la vida, la luz y el conocimiento. Escritores e investigadores aseguran que este perro tiene más de 7 mil años de antigüedad sin que el hombre haya tenido alguna intervenido en su reproducción, lo que lo hace una de las razas más antiguas del mundo. Dentro de la mitología mexicana, el xoloitzcuintle no era un simple animal, por el contrario se le consideraba sagrado, un gran guardián y un significativo aliado. Durante la colonización europea, el xoloitzcuintle estuvo a punto de extinguirse, ya que los colonizadores conquistadores lo tomaban como alimento durante sus expediciones, mientras que por otro lado se buscaba eliminar las tradiciones religiosas asociadas a este canino, por lo que esta raza fue obligada a resguardarse dentro de la sierra de Oaxaca y Guerrero, donde sobrevivió durante cientos de años. *Ritual Dentro de la cultura y las tradiciones de los días de muertos, se utilizaba a este perro para realizar una ofrenda funeraria la cual consistía en matar a un perro xoloitzcuintle pequeño, cuyas características fuese de color rojizo o amarillo. Al cuerpo del canino se le colocaba un hilo de algodón en el pescuezo, por aquello de que el cuerpo debía atravesar las aguas del Chicunahuapan, que eran muy profundas, siendo nueve en total, y que pasaba el cadáver nadando sobre el perro. Se enterraban al perro y el amo juntos, para lo cual cumplían con un ritual donde eran quemados o no, factor que iba a depender según el tipo de muerte que habían padecido. Eran enterrados dentro de un hueco redondo y profundo, en una olla dentro de la cual también se añadía una piedra preciosa de valor simbolizando el corazón del difunto. La similitud del Mictlán con otras mitologías La existencia de una especie de inframundo o infierno, se hace presente dentro de casi todas las culturas y religiones en el mundo, siendo cada una de ellas única a su manera, pero también contentivas de varios elementos comunes a pesar de sus marcadas diferencia en cuanto a tradiciones y doctrinas religiosas. En el caso de los mexicanos, su relación con la idea de lo que es el infierno se vincula con la creencia de la religión cristiana aunque mantienen su cultura con respecto al Mictlán. Veremos entonces como otras culturas en otros continentes han adaptado estos conceptos colocándoles nombres a sus propios inframundos. Este es el caso del Niflheim, el nombre que la mitología nórdica y la cultura germánica le asigna al infierno. En este caso no es el tradicional mundo en llamas sino por el contrario está cubierto por el hielo y está regido por Hel. Este sitio se mantiene custodiado por Nidhogg, una serpiente gigante que se alimenta de muertos. En Finlandia se tenía la creencia de que las almas de los muertos iban a un infierno llamado Tuonela, y para llegar hasta allí debían atravesar los bordes del río Tuoni, acompañados por Tytti que era la sierva de la Muerte. La percepción sobre Tuonela se visualiza como una continuación más oscura de su vida en la Tierra para los difuntos, por lo que para que pudiese tener la característica terrenal, los fallecidos cargan consigo herramientas para sobrevivir en ese mundo. Cuentan que en este inframundo, los familiares vivos de los fallecidos podían visitarlos, pero el viaje hasta allá para ellos representaría mayor riesgo resultado mortal. Para la cultura Zoroastra, el infierno es denominado como La Casa de las Mentiras, un lugar descrito como de asquerosas inmundicias, con alimentos putrefactos y donde las almas son constantemente torturas según las acciones que cometieron en vida. Para llegar hasta ese sitio el alma de los difuntos debe atravesar un puente conocido como el Chinavat, con el cual se aparta al mundo de los vivos y los muertos. El puente esta resguardado por dos perros de cuatro ojos y allí las almas pasan por un proceso donde son juzgadas por los hechos que realizaron durante su vida, colocando todas en una balanza y si las malas acciones son mayores a las buenas, son enviadas a un pozo lleno de demonios gobernado por el demonio mayor Vizaresh. Dentro de la mitología egipcia se describe una versión del infierno al que ellos llaman Duat, el inframundo regido por el dios Osiris, dios de la muerte. Duat es un sitio parecido a la Tierra, pero con un lago de paredes de fuego y hierro. Existen dos formas de cómo llegar hasta Duat, por lo cual se les entrega un mapa a los nuevos residentes. Para llegar al inframundo, las almas tenían que pasar por varias puertas las cuales estaban custodiadas por unas criaturas que eran mitad hombre, mitad animal. Al final del camino, el corazón del fallecido era pesado comparado al peso de una pluma y si éste era más pesado, sería comido por Ammit, el devorador de las almas. Pero de todos los inframundos, el Gehena es el que más se asemeja a la versión que tiene el cristianismo sobre lo que es el infierno, ya que es descrito como un lugar profundo y solitario, con llamas ardiendo constantemente y donde cae fuego y azufre del cielo como una especie de lluvia. En el lugar se produce un calor 60 veces mayor al de las llamas comúnmente producidas en la Tierra y con gases sulfúricos nocivos que se riegan por el aire, con el paisaje de ríos de metal fundido. Quienes son confinados a vivir dentro de Gehena tendrán una vida eterna en medio de las llamas, ardiendo e inhalando gases tóxicos y sin poder saciar su sed pues solo hay ríos de metal líquido que es lo que podrán consumir. Dentro de la mitología griega y romana, se describe al inframundo con el nombre de Tártaro, un calabozo oscuro y lleno de sufrimiento. En el caso de la cultura griega, este sitio cuenta con unos dominios que están al servicio de Hades, el dios de la muerte griego, los cuales se encuentran distribuidos en niveles, algo en común con otros infiernos, teniendo como punto diferente que aquí si no importa si fuiste bueno o malo pues igual el destino final es Tártaro. En el caso de la mitología romana, el Tártaro es descrito como un lugar rodeado por tres murallas y un río de fuego denominado con el nombre de Flegetonte. Este inframundo se encuentra vigilado por Hidra, un monstruo mitológico que tiene nueve cabezas, acompañada de Tisífone, el encargado de torturar a las almas. Se dice que a este sitio fueron confinados los Titanes, quienes eran los enemigos naturales de los dioses, luego de ser derrotados y encarcelados. Para las corrientes del hinduismo, el sijismo, el jainismo y el budismo, el infierno era conocido con el nombre de Niraya o Naraka. Sin embargo, a diferencia de otros infiernos que son para la eternidad, el Nakara se plantea simplemente como un lugar de castigo tomando en cuenta el karma de un alma; es un destino temporal donde los pecadores renacen luego de pagar el precio de su karma. El Nakara cuenta con varios niveles que dependerán de los pecados cometidos durante la vida. El infierno dentro de la cultura tradicional china es llamado Diyu, una versión similar al Naraka, ya que también se compone de múltiples niveles, que van desde cuatro a dieciocho y donde cada uno es resguardado por un juez. Aquí se les imponen castigos a los pecadores en base a las actuaciones que tuvieron en vida. Mictlán Tattoo (h4) Dentro de la cultura mexicana, cada 2 de noviembre se recibe la visita de los familiares difuntos y para recibirlos, se preparan altares, ofrendas, festivales, entre otras miles de actividades, pues la conmemoración de este día se convierte en una fiesta. Muchos colocan cosas que eran del agrado del fallecido como su platillo preferido, su licor y el tradicional pan de muerto al cual acompaña con una taza de chocolate caliente. En cuanto al altar, es adornado con calaveritas de azúcar o chocolate, velas, imágenes de santos católicos, cruces y hasta se hace un camino flores de cempasúchil que sirva como guía para que las almas lleguen hasta el mundo de los vivos. Esta costumbre se encuentra tan arraigada a la cultura mexicana que incluso en honor a algún ser querido las personas pueden llegar a realizarse un tatuaje, viéndolo como una forma de presumir con orgullo las tradiciones. Los modelos de Tatuajes más comunes para la conmemoración de estas festividades son los de forma de calaveras y cráneos, o que representen a la famosa Catrina, la Señora Muerte. Los tatuajes inspirados en el Día de Muertos dan cuenta de la fascinación que h

Mictlán, el inframundo Mexicano

La concepción de la muerte para los aztecas y otros pueblos mesoamericanos, representaba un aspecto primordial. Para rendirle honores, se llevaban a cabo rituales que estaban vinculados con la acción de los dioses del inframundo, que dentro de la cultura mexicana eran Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los soberanos del Mictlán “la tierra de los muertos”, lugar a donde van todas las almas sin importar su condición, raza o credo.

Cuentan que estos dioses principales tuvieron a su vez cuatro hijos varones, los cuales fueron denominados como los “dioses creadores”, Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. Estos dioses adquirieron de sus padres el arte de la creación desde de su sustancia.

Luego, los dioses Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se encargaron de ordenar al universo dividiéndolo en dos, una forma vertical y otra horizontal, transcurridos 600 años de inactividad. Como otros inframundos de otras mitologías, Mictlán cuenta con una serie de caminos, por los cuales debe pasar el alma de los fallecidos hasta llegar a su destino final, siendo 9 las fases o secciones a atravesar.

¿En qué consiste el camino al Mictlán?

El inframundo Mictlán, se encontraba en el nivel inferior de la tierra, donde habitaban los muertos, y el camino hacia allá se consideraba peligroso. Contaba con nueve niveles verticales y a la vez descendientes, el cual debían pasar las almas en situación de igualdad, fuesen pobres o ricos.

Dentro de las creencias del mito, se decía que el viaje para atravesar estos caminos tenía una duración de cuatro años y que se debía ir superando diversos obstáculos. Las deidades del inframundo, Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, eran quienes las recibían y les comunicaban el final de sus penas.

Primera Región 

APANOHUAIA. Luego de morir, el alma del difunto comenzaba su viaje, pasando por el primer nivel o región, el cual es conocido con los nombres de APANOHUAIA o Itzcuintlan, lo que le hace referencia como el “lugar de perros”. Esta primera región estaba ubicada en la orilla del río Apanohuaia y de ahí fue tomado el nombre.

Cuentan que el difunto, atravesaba este nivel acompañado de un perro con el nombre de xoloitzcuintle, el cual era de color pardusco. Ese debía ser el color específico ya que no servía si el perro era blanco o negro, por el significado que tenía dentro de la cultura, puesto que el blanco significaba que estaba limpio y purificado mientras que el negro sucio y oscuro. Debido a este dato, se hacía norma enterrar a los muertos junto a huesos de perros.

Segunda Región

TEPECTLI MONAMICTLAN. Este segundo nivel del Mictlán era considerado como el “lugar de los cerros que se juntan”, denominados con dicho nombre porque cuentan que allí estaban ubicados dos cerros, los cuales se abrían y se cerraban, y al hacerlo, chocaban entre sí de forma seguida. Por esta razón, los muertos debían estar atentos y ser ágiles para poder atravesarlos en el momento de su separación evitando ser triturados al juntarse.

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Tercera Región

 IZTEPETL. El camino hacia Mictlán continuaba, y el alma llegaba así al tercer nivel o región. En esta etapa se presenta un nuevo obstáculo, un cerro cuyas características describen que estaba cubierto de filosas piedras, las cuales debían sortear los fallecidos al escalarlos para poder pasar al siguiente nivel y no ser desgarrados por ellas.

 

Cuarta Región

ITZEHECAYAN. Se presenta así el cuarto nivel o región, conocido como el “lugar del viento de obsidiana”. En este sector del Mictlán, tenía como característica ser un lugar desolado y frío que provenía del hielo y su contextura de piedra. En esta oportunidad se trata de atravesar una sierra de diversas aristas cortantes, conformadas por ocho collados donde la nieve caía de manera permanente.

Quinta Región

PANIECATACOYAN. A la mitad del camino, las almas de los difuntos llegaban así al quinto nivel o también llamado “El lugar donde la gente vuela y se voltea como banderas”. Esta nueva fase se encontraba ubicada al pie del último collado o colina del Itzehecayan. Cuentan que en este nivel era donde perdían gravedad los muertos quedando a merced de los vientos, los cuales los arrastraban para luego liberarlos y transferirlos al siguiente nivel.

Sexta Región

TIMIMINALOAYAN. En este nuevo nivel del Mictlán se describe con un amplio sendero, el cual tenía a los lados especies de manos invisibles que lanzaban dardos puntiagudos con el objeto de perforar a los cadáveres de los muertos que debían transitar por dicho trecho. Esta estación era conocida como “El lugar donde la gente es flechada”. Cuentan que los dardos eran unos tipos de flechas perdidas durante las batallas.

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Séptima Región

TEOCOYOHUEHUALOYAN. Al atravesar este nivel, las personas fallecidas se tenían que enfrentar a un nuevo obstáculo, unos jaguares que al sostener el encuentro con los cadáveres, abrían el pecho del occiso para consumir su corazón.

Octava Región

IZMICTLAN APOCHCALOLCA. En esta nueva región existía una “laguna de aguas negras” denominada con el nombre de Apanhuiayo. En esta fase, el difunto terminaba de descarnar, es decir de eliminar toda la carne de sus composición, y su tonalli o alma terminaba de salir del cuerpo completamente.

Última Región

CHICUNAMICTLAN. Este es el último nivel o región del Mictlán que debe atravesar el muerto dentro de la mitología mexicana. En esta parte, el reto del difunto es pasar las nueve aguas que comprende el río  Chiconauhhapan y, tras superar este último obstáculo, entonces los dioses Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, soberanos del Mictlán, liberan a su alma completamente de los sufrimientos del cuerpo.

Ofrenda al Mictlán        

Desde los primeros tiempos, el tema de la muerte y el lugar al que se dirigirían los muertos después de ella jugó siempre un papel fundamental dentro de la cultura mexicana. Gracias a ello, los entierros de las culturas aztecas, toltecas, mayas, zapotecas, entre otros, se tomaba con gran importancia lo referente a las ofrendas funerarias, cuya función principal es brindar ayuda a la persona ya fallecida mediante el viaje  que deben transitar, así como los obstáculos que debe vencer el alma para poder llegar a su destino final.

Estas ofrendas buscan preservar las condiciones ideales de los difuntos hasta llegar al Mictlán. Muchas de estas ofrendas funerarias son objetos de cerámica, urnas mortuorias para incienso, huesos de animales, entre otros.  Una manera de rendir honor a los muertos era a través de los bailes y ofrendas de joyas y flores más no con alimentos como si pasa en otras tradiciones, razón por la que eran celebrados muchos ritos y festividades con el objetivo de recordar a los familiares difuntos.

Otras ofrendas a los difuntos se hacían con algodón, calabaza, chía,  copal. Dentro de la gama de animales están los cangrejos, estrellas de mar, pumas, lobos, monos, Águilas, peces, conchas de mar, caracoles y corales. Restos de perros que hacen pensar que el animal fue enterrado como guía para el alma de su amo, un personaje de importancia como un soberano, hacia el inframundo.

Con las ofrendas se preparaba a los muertos para el viaje de su alma al Mictlán, por lo que los antepasados consideraban que al darle las ofrendas o amuletos, estos les servirían para poder enfrentarse a todas las dificultades que se presentasen en cada nivel o región del Mictlán.

Celebración del día de muertos y el Mictlán    

Durante el tiempo de la era Mesoamérica, y en el marco de la conmemoración del Día de los muertos, se había vuelto tradición conservar los cráneos de los enemigos de la guerra, para ser exhibidos como trofeos, presentándolos mediante la realización de rituales vinculados a la muerte y el renacer.

Una de las intenciones que tenían la conmemoración del Día de muertos era la de honrar a los dioses aztecas Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los soberanos de la muerte y regidores de Mictlán.

La celebración tenia la duración de varios días, teniendo que en el noveno mes del calendario solar mexicana se desarrollaba un festival que iniciaba en agosto y duraba todo el mes. Estas fiestas eran dirigidas por la diosa Mictecacíhuatl, llamada “La Dama de la Muerte”, y popularmente La Catrina.

Simbolismos

Las festividades en el marco del Día de Muertos, forma parte fundamental de las tradiciones más antiguas y simbólicas de México. Son muchas las familias que mantienen esta costumbre viva, siendo adaptada a las tradiciones representativas y propias de cada estado ya que aunque  todo el país lo celebra, cada una de las 32 entidades federativas le coloca su toque particular.

El día de los muertos es un símbolo mexicano cuya tradición los ha sido merecedor de conocer en todo el mundo, yendo más allá de sus fronteras, en una fecha donde los mexicanos conjugan la gastronomía, la música, la importancia de la familia así como de la cultura y tradiciones originales que van pasando de generación a generación. Para los mexicanos, el Día de Muertos es una fecha para celebrar la vida después de la muerte.

Esta tradición aparece registrada como Patrimonio Cultural Inmaterial dentro de la UNESCO, dada a la transcendencia de su significado como “expresión tradicional contemporánea y viviente a un mismo tiempo”, con rasgos de integradora, representativa y comunitaria.Durante estas fiestas son decoradas las tumbas en los cementerios y se les dedican altares dentro de los hogares o sobre las lápidas, donde se le colocan elementos para orientar el camino a las ánimas para que vuelvan de regreso al mundo de los vivos.

Se tiene la creencia de que el color brillante de las flores de cempasúchil simboliza el camino que los muertos deben seguir, mientras que con la luz y el calor de las veladoras se ilumina la oscuridad del sepulcro, en cuento son atraídos además con el delicioso aroma de los platos colocados en las ofrendas con lo que se busca nutrir al alma, compartiendo todo en familia.

Ofrendas y rituales

El ofrendar a los muertos es una costumbre popular muy antigua. Durante los Días de muertos, las calles de México se engalanan de tradición siendo una de las importantes la ofrenda mortuoria, cuyas raíces están dentro de las danzas y los llamados cantos de lamentación. En medio de la celebración era habitual escuchar dichos “lamentos” que sonaban de forma armónica generalmente al morir un guerrero.

Cuentan que las viudas y los hijos del difunto, realizaban un pequeño ritual para lo que usaban las armas del difunto, su ropa e insignias, similar a lo que se hace hoy en día cuando se colocan pertenencias del muerto sobre alguna ofrenda. Se tenía la creencia que con este ritual, los guerreros muertos volverían a la vida, conmemorando su regreso a la “dimensión telúrica”.

Tras cuatro días danzando, los cuerpos eran sometidos a un proceso de envoltura hasta quedar como una especie de momia, y una vez así se iniciaba la ofrenda de alimentos. Las ofrendas de comida a los muertos se hace en base al plato favorito del difunto y se coloca  tanto alrededor del altar familiar como sobre la lápida de la tumba, acompañado de las flores, artesanía, decoraciones hechas con papel picado, fotografías, o cualquier otro recuerdo que vincule a los vivos con los muertos.Con la ofrenda se representan múltiples símbolos folclóricos, siendo parte de un ritual que eleva su importancia al mismo nivel de la de los difuntos. Desde los primeros tiempos  hasta hoy, la ofrenda sigue teniendo como objetivo el de honrar y alimentar a los muertos.

Algunas de los signos más representativos dentro de la ofrenda son, la Comida, la cual por lo general es la preferida por los difuntos. Se ofrenda también con cigarros o bebidas alcohólicas, siempre y cuando estas costumbres fueran del agrado del fallecido. Dentro de la preparación de platos destaca la gastronomía tradicional mexicana como por ejemplo el mole con arroz.

En cuanto a la flora, se usa la flor de cempasúchil, con la cual se guían a los muertos de vuelta al más allá. Con el Copal se purifica aunque también sirve de alimento a los espíritus, guía en su retorno al más allá, al mismo tiempo que espanta las malas energías. Con las Veladoras que es el fuego y el papel picado, se crea el puente para entrelazar la vida y la muerte. Se colocan unas Calaveras que pueden ser elaboradas de azúcar o de chocolate. Con ellas se busca encarnar al espíritu de cada difunto de la familia.

También está el conocido Pan de muerto que le es servido en el altar para alimento de los espíritus. Cuentan que esta ofrenda es relativamente nueva, pues antiguamente en su lugar, se realizaba el sacrificio del corazón de una joven que era colocando dentro de una olla de amaranto hirviendo. Cruz de cal, semillas o flores, son elementos con los cuales se representa a los cuatro puntos cardinales que a su vez simbolizan las cuatro deidades de los cuatro elementos.

Otro de los elementos que se coloca es una foto del difunto o en su defecto, la imagen de algún santo que el muerto haya sido devoto.  Se coloca también Sal para purificar las almas de los niños y un vaso de agua para calmar la sed del espíritu. El símbolo que representa la ofrenda, es un reflejo de una ley universal que se ha podido comprender a través de los recuerdos, un símbolo que surge de los conceptos de la muerte como una verdad universal.

¿Qué se hace en el festival de Mictlán?

Tomando en cuenta la importancia de las tradiciones y festejos populares que se celebran durante el Día de muertos, se desarrolla el festival de Mictlán. En esta actividad especial se invita llama a participar a los artistas escénicos, particularmente aquellos que trabajan de manera independientes, al igual que diversos grupos de teatro, danza y música, para que durante el evento presenten sus propuestas artísticas y culturales.

Los escenarios naturales para el desarrollo del Festival Mictlán son los cementerios. A lo largo de los años, este evento ha sido organizado por instancias de gobierno del estado y a partir del año 2008, el festival comenzó a consolidarse como un acto independiente. Desde el 2009, el festival Mictlán es realizado por la comunidad teatral independiente de Xalapa.

Una de las sedes que funciona para esta actividad significativa es el Parque Bicentenario de Xalapa, Veracruz y Palacio Municipal de San Andrés Tuxtla, teniendo como institución organizadora Asociación de Artistas Independientes AIX A.C. y las instituciones coadyuvante Secretaría de Turismo, el Ayuntamiento de Xalapa, la Universidad Veracruzana, Radio Televisión de Veracruz y la iniciativa privada.

¿Quién es Mictlantecuhtli?

Dentro de la mitología mexicana, Mictlantecuhtli es el dios del inframundo y de los muertos. Esta deidad también es conocido con el nombre de Popocatzin que significa ardiente y humo, considerado de igual forma como el dios de las sombras. La pareja de este dios era la diosa Mictecacíhuatl, junto a la cual gobernaba el Mictlán.

Gráficamente se le representa con forma de esqueleto humano con una calavera y muchos dientes, en dibujos se ve con cabello negro y con ojos en forma de estrellas ya que habita en plena oscuridad. A esta deidad se le relaciona con animales como las arañas, los murciélagos y los búhos, siendo este último asociado a los malos augurios.

Dentro de sus características están que posee unos adornos de papel con forma de rosetas y de las que salen dos conos, uno en la frente y otro en la nuca. Se le puede observar portando una bandera doblada de color blanco, con un pantololli y una estola de papel blanco a la cual se le llama amaneapalli, elementos que son propios de su atuendo. Por orejas tiene un hueso humano.

Otro de de los nombres con que es conocido el dios Mictlantecuhtli es Tzontémoc, que significa “el que cae de cabeza”. Dentro de algunas imágenes se le puede ver que en su espalda lleva un sol negro, símbolo que denota al sol de los muertos, simbolizando la noche, y haciendo referencia al rol de llevar una vida misteriosa bajo la tierra, en el lugar preciso entre el crepúsculo y la aurora.​

En esas mismas figuras se le dibuja con las mandíbulas abiertas representando la manera en que recibe a los astros que descienden durante el día en su centro.

Relación de los perros con respecto a Mictlán

Xoloitzcuintle es el nombre que recibe el perro guardián que acompaña a las almas durante el recorrido que deben hacer por los caminos del Mictlán. Dentro de la cultura que se teje en torno a la existencia de este inframundo mexicano, se tenía por creencia que el xoloitzcuintle custodiaba a sus dueños a lo largo su trayecto.

Investigadores europeos quedaron impresionados con el hallazgo de una extraña criatura a la que en un principio confundieron con un caballo enano, pero que en realidad se trataba del xoloitzcuintle, un perro ancestral habitual y tradicional de México.

Se dice que este particular can, cohabitaba con los mexicanos antiguos, comportándose como todo un compañero incondicional con su propietario, lealtad que llevaría hasta después de su muerte, premisa que argumentaba la creencia de que acompañaba a sus dueños durante el camino hacia el Mictlán, sitio donde tendrían su descanso eterno, además de representar una ofrenda funeraria para sus amos.

En cuanto a su terminología podemos decir que la palabra xoloitzcuintle tiene contenido etimológico, su raíz Xólotl que significa extraño, deforme, bufón, sumado a la palabra itzcuintli, que significa perro. Dentro de la cultura mexicana, Xólotl era considerado como el dios de la transformación, patrono de los gemelos, pero también el soberano de la oscuridad nocturna, de todo aquello que era desconocido, lo monstruoso y la muerte.

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Su hermano gemelo era el dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, quien por su parte representaba la vida, la luz y el conocimiento. Escritores e investigadores aseguran que este perro tiene más de 7 mil años de antigüedad sin que el hombre haya tenido alguna intervención en su reproducción, lo que lo hace una de las razas más antiguas del mundo. Dentro de la mitología mexicana, el xoloitzcuintle no era un simple animal, por el contrario se le consideraba sagrado, un gran guardián y un significativo aliado.

Durante la colonización europea, el xoloitzcuintle estuvo a punto de extinguirse, ya que los colonizadores conquistadores lo tomaban como alimento durante sus expediciones, mientras que por otro lado se buscaba eliminar las tradiciones religiosas asociadas a este canino, por lo que esta raza fue obligada a resguardarse dentro de la sierra de Oaxaca y Guerrero, donde  sobrevivió durante cientos de años.

Ritual

Dentro de la cultura y las tradiciones de los días de muertos, se utilizaba a este perro para realizar una ofrenda funeraria la cual consistía en matar a un perro  xoloitzcuintle pequeño, cuyas características fuese de color rojizo o amarillo. Al cuerpo del canino se le colocaba un hilo de algodón en el pescuezo, por aquello de que el cuerpo debía atravesar las aguas del Chicunahuapan, que eran muy profundas, siendo nueve en total, y que pasaba el cadáver nadando sobre el perro.

Se enterraban al perro y el amo juntos, para lo cual cumplían con un ritual donde eran quemados o no, factor que iba a depender según el tipo de muerte que habían padecido. Eran enterrados dentro de un hueco redondo y profundo, en una olla dentro de la cual también se añadía una piedra preciosa de valor simbolizando el corazón del difunto.

La similitud del Mictlán con otras mitologías

La existencia de una especie de inframundo o infierno, se hace presente dentro de casi todas las culturas y religiones en el mundo, siendo cada una de ellas única a su manera, pero también contentivas de varios elementos comunes a pesar de sus marcadas diferencia en cuanto a tradiciones y doctrinas religiosas.

En el caso de los mexicanos, su relación con la idea de lo que es el infierno se vincula con la creencia de la religión cristiana aunque mantienen su cultura con respecto al Mictlán. Veremos entonces como otras culturas en otros continentes han adaptado estos conceptos colocándoles nombres a sus propios inframundos. Este es el caso del Niflheim, el nombre que la mitología nórdica y la cultura germánica le asigna al infierno.

En este caso no es el tradicional mundo en llamas sino por el contrario está cubierto por el hielo y está regido por Hel. Este sitio se mantiene custodiado por Nidhogg, una serpiente gigante que se alimenta de muertos. En Finlandia se tenía la creencia de que las almas de los muertos iban a un infierno llamado Tuonela, y para llegar hasta allí debían atravesar los bordes del río Tuoni, acompañados por Tytti que era la sierva de la Muerte.

La percepción sobre Tuonela se visualiza como una continuación más oscura de su vida en la Tierra para los difuntos, por lo que para que pudiese tener  la característica terrenal, los fallecidos cargan consigo herramientas para sobrevivir en ese mundo. Cuentan que en este inframundo, los familiares vivos de los fallecidos podían visitarlos, pero el viaje hasta allá para ellos representaría mayor riesgo resultado mortal.MictlánPara la cultura Zoroastra, el infierno es denominado como La Casa de las Mentiras, un lugar descrito como de asquerosas inmundicias, con alimentos putrefactos y donde las almas son constantemente torturas según las acciones que cometieron en vida. Para llegar hasta ese sitio el alma de los difuntos debe atravesar un puente conocido como el Chinavat, con el cual se aparta al mundo de los vivos y los muertos.

El puente esta resguardado por dos perros de cuatro ojos y allí las almas pasan por un proceso donde son juzgadas por los hechos que realizaron durante su vida, colocando todas en una balanza y si las malas acciones son mayores a las buenas, son enviadas a un pozo lleno de demonios gobernado por el demonio mayor Vizaresh.

Dentro de la mitología egipcia se describe una versión del infierno al que ellos llaman Duat, el inframundo regido por el dios Osiris, dios de la muerte. Duat es un sitio parecido a la Tierra, pero con un lago de paredes de fuego y hierro. Existen dos formas de cómo llegar hasta Duat, por lo cual se les entrega un mapa a los nuevos residentes.

Para llegar al inframundo, las almas tenían que pasar por varias puertas las cuales estaban custodiadas por unas criaturas que eran mitad hombre, mitad animal. Al final del camino, el corazón del fallecido era pesado comparado al peso de una pluma y si éste era más pesado, sería comido por Ammit, el devorador de las almas.

Pero de todos los inframundos, el Gehena es el que más se asemeja a la versión que tiene el cristianismo sobre lo que es el infierno, ya que es descrito como un lugar profundo y solitario, con llamas ardiendo constantemente y donde cae fuego y azufre del cielo como una especie de lluvia.

En el lugar se produce un calor 60 veces mayor al de las llamas comúnmente producidas en la Tierra y con gases sulfúricos nocivos que se riegan por el aire, con el paisaje de ríos de metal fundido. Quienes son confinados a vivir dentro de Gehena tendrán una vida eterna en medio de las llamas, ardiendo e inhalando gases tóxicos y sin poder saciar su sed pues solo hay ríos de metal líquido que es lo que podrán consumir.

Dentro de la mitología griega y romana, se describe al inframundo con el nombre de Tártaro, un calabozo oscuro y lleno de sufrimiento. En el caso de la cultura griega, este sitio cuenta con unos dominios que están al servicio de Hades, el dios de la muerte griego, los cuales se encuentran distribuidos en niveles, algo en común con otros infiernos, teniendo como punto diferente que aquí si no importa si fuiste bueno o malo pues igual el destino final es Tártaro.

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En el caso de la mitología romana, el Tártaro es descrito como un lugar rodeado por tres murallas y un río de fuego denominado con el nombre de Flegetonte. Este inframundo se encuentra vigilado por Hidra, un monstruo mitológico que tiene nueve cabezas, acompañada de Tisífone, el encargado de torturar a las almas. Se dice que a este sitio fueron confinados los Titanes, quienes eran los enemigos naturales de los dioses, luego de ser derrotados y encarcelados.

 

Para las corrientes del hinduismo, el sijismo, el jainismo y el budismo, el infierno era conocido con el nombre de Niraya o Naraka. Sin embargo, a diferencia de otros infiernos que son para la eternidad, el Nakara se plantea simplemente como un lugar de castigo tomando en cuenta el karma de un alma; es un destino temporal donde los pecadores renacen luego de pagar el precio de su karma. El Nakara cuenta con varios niveles que dependerán de los pecados cometidos durante la vida.

El infierno dentro de la cultura tradicional china es llamado Diyu, una versión similar al Naraka, ya que también se compone de múltiples niveles, que van desde cuatro a dieciocho y donde cada uno es resguardado por un juez. Aquí se les imponen castigos a los pecadores en base a las actuaciones que tuvieron en vida.

Mictlán Tattoo 

Dentro de la cultura mexicana, cada 2 de noviembre se recibe la visita de los familiares difuntos y para recibirlos, se preparan altares, ofrendas, festivales, entre otras miles de actividades, pues la conmemoración de este día se convierte en una fiesta. Muchos colocan cosas que eran del agrado del fallecido como su platillo preferido, su licor y el tradicional pan de muerto al cual acompaña con una taza de chocolate caliente.

En cuanto al altar, es adornado con calaveritas de azúcar o chocolate, velas, imágenes de santos católicos, cruces y hasta se hace un camino flores de cempasúchil que sirva como guía para que las almas lleguen hasta el mundo de los vivos. Esta costumbre se encuentra tan arraigada a la cultura mexicana que incluso en honor a algún ser querido las personas pueden llegar a realizarse un tatuaje, viéndolo como una forma de presumir con orgullo las tradiciones.

Los modelos de Tatuajes más comunes para la conmemoración de estas festividades son los de forma de calaveras y cráneos, o que representen a la famosa Catrina, la Señora Muerte. Los tatuajes inspirados en el Día de Muertos dan cuenta del gusto que hay en el mundo con esta colorida y significativa tradición.

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