Chaneques: conoce todo sobre estas criaturas del inframundo

Descubre quienes son los chaneques, criaturas mitológicas mexicas protectoras de la vida vegetal y de los animales silvestres. Conócelos aquí.

Chaneques

¿Qué son los chaneques?

En la mitología mexica se habla de la existencia de unos peculiares seres a los que se les dieron dones especiales para brindar protección a las distintas especies de la naturaleza, así como a cada uno de los animales salvajes. En virtud de ello, se les llamaba protectores del monte.

Se dice que eran unas criaturas de origen divino que no supieron elegir entre obedecer a Dios o al demonio, motivo por el cual quedaron deambulando por la faz de la tierra por toda la eternidad. También se dice que fueron niños que nunca fueron bautizados. En la mitología nórdica encontramos personajes de esta misma índole.

Sin embargo, la versión más aceptada de su origen es que son seres pertenecientes a la categoría de duendes y que han acompañado a las personas desde antes de la época prehispánica y que en culturas como la olmeca eran considerados deidades y que, incluso, recibían de parte de su pueblo numerosas ofrendas y ceremonias.

Se les llamaba chaneques que en habla náhuatl significa “los que habitan en lugares peligrosos”. También el vocablo puede traducirse por “dueños de la casa”, en alusión al sitio donde solían habitar que, por lo general, era en barrancas, cascadas y cuevas subterráneas de difícil acceso para los humanos.

Chaneques

Estas criaturas mitológicas se les concebían como entidades asociadas a sitios inseguros y oscuros en los que abundaban los riesgos.

Fueron como una especie de duendes originarios del sureste de México a quienes de les distinguía por tener un espíritu burlón, pero que además guardaban un lado lúgubre en su comportamiento.

Misión

Su misión principal, no obstante la peligrosidad del entorno en el que se movilizaban, era procurar el bienestar e integridad de los montes y los animales de las zonas boscosas, pues su esencia divina era propicia para congeniar con la diversidad de seres y especies que allí moran.

Debían, por lo tanto, procurar el cuidado de todos los animales silvestres, las distintas clases de plantas y árboles y las diferentes fuentes de agua, tales como los manantiales, arroyos, lagos, lagunas y cascadas.

Para desempeñar su rol, a menudo podían adoptar diferentes aspectos, entre las que destaca el aparecerse como pequeños seres masculinos o femeninos según la circunstancia. Esta condición de dualidad la observamos también en deidades de la Mitología griega.

En cuanto a su comportamiento, el mito dice que se comportaban según el trato que recibieran de las personas, de manera tal que si ellos recibían un insulto con malas palabras o groserías, o si sentían que su hogar había irrespetado, buscaban la manera de vengarse mediante alguna travesuras, a veces un poco pesadas, tal como arruinar la cosecha o robarse las pertenencias de las personas que los importunaron.

Gustaban de asustar a la gente y hacer que perdiera su tonalli, que es el término de origen náhuatl que empleaba el pueblo mexica para significar “calor del sol, del día” también “el destino”.

Este tonalli era el espíritu que otorgaban a cada ser los dioses Ometecuhtli y Omecíhuatl en el momento del nacimiento y tenía implicaciones en la suerte que tendría la persona en su vida.

De allí se infería que si se perdía el tonalli, era imperioso que la persona enmendara esa pérdida, para lo cual se había dispuesto un ritual enfocado fundamentalmente en la recuperación del tonalli perdido, de lo contrario, se corría el riesgo de que se produjera irremediablemente la muerte del individuo.

Chaneques

 Leyenda de los chaneques

La leyenda de los chaneques nos habla de unos espíritus inquietos y juguetones, pero también malévolos, cuyas acciones, aunque infantiles, ocasionaban situaciones riesgosas para el que tuviera que padecer alguna de esas travesuras.

Algunas de las diabluras podían ser el distraer a las personas para hacerles perder la concentración de lo que estaban haciendo, también desorientarlas haciéndolas desviar  del rumbo que tenían pensado o, incluso, hacer desaparecer a la persona. Por este tipo de situaciones la gente acuñó en el pasado la frase “el chaneque lo perdió”.

La leyenda cuenta que se sabía cuándo un chaneque había actuado en algún sitio por unas huellas blancas que quedaban después de la fechoría.

Asimismo se ha sabido por la leyenda sobre la costumbre de estos seres de llevarse a los niños, sobre todo si se trataba de los muy pequeños, a quienes  sacaban de sus casas, incluso mientras dormían, llevándoselos en medio de la oscuridad.

Por lo general, a muchos de estos niños se les encontraba más tarde en lugares de difícil acceso, tales como dentro de un pozo de agua seco, en el techo de la casa o en la rama de algún árbol. Sin embargo, otros no corrían con tan buena suerte, pues, según la historia, había algunos que no volvían a aparecer.

Ese fue el caso del niño de unos cuatro años de edad que los chaneques sacaron de su casa y lo mantuvieron escondido en una cueva por un largo tiempo, alimentándolo solo con frutas.

Lo obligaron a que jugara y conviviera con ellos todo ese período, sin embargo, estas criaturas le proveyeron educación en disciplinas tales como la astronomía, la medicina y las matemáticas. Luego con el transcurrir de los años, lo dejaron en libertad.

Se dice que ese niño regresó a su pueblo natal convertido en un gran sabio. Pero, según la leyenda, mientras él todavía era un niño, en su pueblo habían pasado muchos años y sus padres ya eran unos ancianos.

Hoy en día en muchas poblaciones del Sureste de México, se habla de la presencia de los chaneques, quienes interfieren en las actividades de las personas, como por ejemplo, obstaculizarlas sin ningún motivo aparente, o complicarlas e, incluso, que no lleguen a feliz término por la malicia de estas criaturas.

Chaneques
Zona de chaneques

De hecho, en virtud de estas jugarretas inesperadas se generó una creencia popular que dice que para evitar ser sorprendido por una de sus maldades, era conveniente ponerse la ropa al revés, sobre todo si se iba estar caminando solo por sitios en los que era su hábitat natural. Se hacía esta recomendación a fin de prevenir ser perturbado, atrapado o raptado por los chaneques. Voltearse la ropa era una de las formas más efectivas de romper su hechizo, por así decirlo.

Igualmente, se sugería llevar consigo semillas de mostaza e, incluso, esparcirlas en puertas y ventanas para mantenerlos alejados. Aunque algunos los defienden diciendo a ellos se les conocía por ser traviesos, pero nunca por ser malvados.

Regiones del chaneque

Las tradiciones culturales locales más representativas de la leyenda de los chaneques, son las que se han mantenido en su forma original, en la medida de lo posible, que son las que encontramos en la región de Los Tuxtlas, en el Estado de Veracruz, México, las de los nahuas y los popolucas, pueblos nativos del istmo veracruzano, y las de la zona de Tabasco y Chiapas.

Chaneques

Veamos en forma sucinta las leyendas de los chaneques en esas tres regiones.

Los Tuxtlas

La explicación del significado del vocablo chaneque para los pobladores de esta región de Los Tuxtlas distingue en ellos dos grupos; a saber: los que destinados para hacer el bien y los dedicados a hacer el mal. En otras palabras, para ellos había chaneques buenos y chaneques malos.

  • Los buenos habitaban en los cultivos y podían estar donde estaba la gente. Hacían tremenduras sin causar males mayores.
  • Los malos vivían más bien en cuevas, ríos o escondidos en los cerros, específicamente en lugares apartados. Solían raptar niños para hacerlos sus sirvientes.

Los de la zona específica de Higalgotitlán en Veracruz tenían, además, la facultad de poder mutarse y aparecerse o bien con aspecto de niño o de adulto, a conveniencia.

Por otra parte, no se les debía molestar de ningún modo, ni tratar mal o hacerlo enojar, pues podía generar una enfermedad en el espíritu que producía desgano y pérdida de apetito en la persona, perdiendo finalmente el tonalli, que, como sabemos, era la energía vital de todo ser.

Cuando esto ocurría se debía acudir a un curandero, a quien había que ofrendar para que pudiera deshacer el hechizo.

Chaneques

El dios Chane

Los chaneques de esta zona de Los Tuxtlas tenían como líder al dios Chane, también llamado Chaneco, el  cual era reconocido como dios de la tierra y del agua.

Este señor y amo de los montes y animales, al cual estaban subordinados los chaneques, tenía su morada en Taalogan, lugar subterráneo que los historiadores han ubicado en la serranía de Los Tuztlas, donde están el volcán Santa Marta y el de San Martín Pajapa.

Este era un sitio en el que predominaba una exuberante vegetación y en el cual se podían encontrar manantiales de miel, pozos de cera, árboles frutales, flores y copal o resina aromática que servían de alimento y una fauna conformada por diversos animales domésticos como tortugas, gallinas, venados, armadillos, entre otros, los cuales estaban a su servicio.

Por otra parte, él hacía una distinción entre los chaneques de piel blanca o que fueran de buen carácter, catalogados como los chaneques buenos, a quienes se le permitía compartir con los humanos.

Chaneques

Luego estaban los chaneques negros o de mal carácter que debían permanecer en los sitios alejados, a los que no tenían acceso los hombres, de manera de que no fueran perturbarlos y, así, no provocarlos a ocasionar algún estrago.

Con respecto a la condición de estar asociado al bien o al mal, ella fue una consecuencia engendrada del mismo Chane, en vista de que este dios era lo que en mitología se llama una deidad dual; es decir, en él se cumplían estas dos facetas de forma natural y como tal fueron transferidas a los chaneques.

Así, por ejemplo, él podía velar y proteger a los hombres, pero también podía no perdonar y, más bien, castigar a los pecadores, en especial a los que cometían adulterio.

Para estos casos en específico, Chane empleaba a dos animales mágicos que le auxiliaban en esta faceta de castigo. Por un lado, se valía del burrito Lúpu’ti, el cual tenía como instrucción aparecérsele a los adúlteros, hacerles desnudar y, seguidamente, comérselos lamiéndolos.

Por el otro lado, el dios utilizaba al gatito Shúnu’ti, el cual se presentaba a las mujeres que habían sido infieles, y, una vez ante ellas, se transformaba en un feroz tigre y se las devoraba.

Chaneques

La leyenda de los chaneques en esta región cuenta que éstos eran criaturas que, a diferencia de los de otras regiones, no sobrepasaban los setenta centímetros, pero que sí guardaban muchas de las otras particularidades de estos seres, como era el tener los pies al revés, ser de piel oscura, tener cola, falta de una oreja y ser deformes. Además, eran enanos con cara de niños.

Eran sumamente mentirosos, no descansaban en hacer sus bromas pesadas a los que se hallaban en su entorno, sobre todo si sentían que habían sido importunados.

Había allí la creencia de que tenían el don de producir enfermedades a los seres humanos, si aquellos llegaban a tocar su rostro con la mano. Sin embargo, había otra creencia que señalaba que tal quebranto de salud era causado más bien por la leve ráfaga de viento que éstos dejaban al pasar.​

Por otra parte, estos chaneques ejercían, igualmente, sus dotes de encantamiento para que los niños los siguieran llevándoselos hasta su morada, muchas veces por el placer de jugar con ellos, otras veces, según lo señalado por muchas personas, para hacerlos sus sirvientes.

En virtud de esta leyenda se fue difundiendo por todo el sector, que el que las madres, angustiadas para prevenir cualquier percance, le comenzaron a colocar a sus hijos amuletos para ahuyentar a los chaneques.

Entre otras cosas les colocaban el llamado ojo de venado, que era una semilla de color café. Asimismo, le colgaban collares de nueces o cruces de palma, que también las podían coser a sus ropas. Igualmente, podían ponerles la ropa al revés, buscando la mayor protección posible contra los extraños seres sobrenaturales.​

También en las casas se debían tomar medidas. Así, por ejemplo, si se percibía la presencia de algún chaneque moviendo muebles u objetos, o que se cayeran las cosas por sí solas, se sugería dejarles frutas o algo dulce en algún lugar fácilmente visible para, así, calmarlo y esperar a que se fuera del lugar.

Si se daba el caso de que alguien se encontrara a un chaneque por un camino solitario o estando en el bosque, la sugerencia era tratarlo con cordialidad y “agradecerle” por la protección.

Istmo veracruzano

Tanto el pueblo de los nahuas como el de los popolucas, habitantes de la región del istmo veracruzano, tenían sus propias costumbres de considerar y lidiar con estas raras figuras mitológicas.

Solían clasificarlos en chaneques blancos o benévolos y chaneques negros o enemigos malignos.

Los primeros habitaban sobre todo en sitios aledaños a los pueblos, a los que acudían a menudo, sin ocasionar mayores daños a los pobladores, siempre y cuando no fueran agredidos o irrespetados.

En lo concerniente a los negros, estos se ubicaban en lugares alejados de los poblados en donde construían sus viviendas cerca de ríos de gran tamaño o, también, en las selvas.

Acostumbraban a raptar a los viajeros solitarios para hacerles su bromas pesadas o también ocasionarles caídas que desafortunadamente, podrían causarle la muerte, lo cual ellos aprovechaban para robarse su alma. Según la leyenda, estas almas eran colocadas a fuego lento en unas inmensas ollas para devorarlas luego.

Tabasco y Chiapas

Las leyendas que circulan en las zonas de Tabasco y Chiapas, México, acerca de estos seres mitológicos nos relatan que los chaneques tenían un carácter muy agresivo.

Se resaltan en específico las incidencias de estas criaturas en la ciudad de Villahermosa. En esa ciudad se dice que vivía un grupo de ellos que se distinguían por  escenificar situaciones violentas en las inmediaciones de la laguna de Las Carolinas, lo que es hoy las colonias Campestre, Club del Lago y Real de Minas.

De ese lugar se han escuchado relatos transmitidos por la tradición oral sobre casos de niños que habían sido maltratados por estos extraños seres, después de haberlos convencidos de que tenían buenas intenciones.

Para llevar a cabo sus fechorías buscaban preferiblemente a niños varones que estuvieran solos y se dirigían en principio a aquellos que sabían eran los mayores entre sus hermanos. Se les presentaban de noche en sus casas, se ganaban su confianza para luego poder atacarlos violentamente con mayor facilidad. Se cuenta también de la desaparición de varios niños a causa de los chaneques.

Para contrarrestar este tipo de situaciones, se comenzó a poner en práctica la costumbre de colocar en las puertas de las casas cárteles prohibiendo la entrada de personas que no hubiesen sido expresamente invitadas.

Igualmente, se difundió la creencia de que usando un collar hecho con nueces y piedras del río era otro método efectivo para defenderse de los chaneques, ya que ello lograba espantarlos.

Características de los chaneques

Son muy particulares las características físicas de estas criaturas, las cuales, además, varían significativamente dependiendo de la región en la que estén.

Las características más comunes que los estudiosos del tema han identificado en los chaneques son las siguientes:

  • Eran seres pequeños de aproximadamente un metro o un metro veinte de altura.
  • Andaban descalzos y tenían los pies al revés, lo que les permitía confundir a los que los persiguieran.
  • Su cuerpo era deforme.
  • Eran muy escurridizos y ágiles cuando les tocaba trepar árboles o cerros.
  • Tenían una actitud, en principio, amable y juguetona, pero si se les provocaba, podían ser muy hostiles.
  • Tenían una cola.
  • Les faltaba la oreja izquierda.
  • Eran enanos con rostro de niño.
  • Tenían una enorme cabeza.
  • Su piel era de color marrón oscuro.

En cuanto a su vestimenta en algunas regiones señalaban que vestían ropas blancas y sombreros hechos de hoja de palma, pero en otras partes decían que andaban completamente desnudos. Hay algunos sitios que aseveran que eran niños con cara de anciano y larga cabellera.

Sin embargo, la descripción más popular y más reconocida por los expertos de estos personajes es la que refiere a su aspecto de niños pequeños inquietos y que, como tales, les fascina hacer travesuras.

En algunas zonas rurales mucha gente aún hoy asegura haberlos visto en la oscuridad de la noche, jugando alegremente entre las ramas de los árboles o temprano en las mañanas en los arroyos o lagunas. Otras personas decían haber escuchado su escandalosa risa en la madrugada.

Lo cierto acerca de la vida e inquietante presencia de estos seres es que definitivamente forman parte de las tradiciones principalmente del suroeste de México, inclusive hoy día, a pesar de estar en una era de mucha tecnología, siguen presentes en los relatos de nuestros padres y abuelos.

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