El Oráculo de Delfos, uno de los más importantes

El Oráculo de Delfos fue el más importante santuario religioso de la Grecia Antigua, dedicado al dios Apolo, al que acudían las personas para recibir predicciones y orientaciones sobre su destino. En este post te podrás enterar acerca de su ubicación e historia, así como de su funcionamiento y los templos que allí se encontraban.

Oráculo de Delfos

¿Qué es el Oráculo de Delfos?

El Oráculo de Delfos era una mujer real cuidadosamente seleccionada por los sacerdotes y que se encontraba dentro del santuario sacro consagrado principalmente al dios Apolo para atender las solicitudes de los griegos que acudían al gran templo para preguntar a los dioses sobre cuestiones inquietantes y les orientaran en su destino inmediato.

La sacerdotisa o vidente del Oráculo de Delfos, que practicaba la adivinación, se le conocía también como la pitonisa, nombre derivado de la serpiente llamada Pitón, que vivía en una cueva de estos parajes y se encargaba de guardar y proteger el templo de Apolo.

El dios Apolo mató a la serpiente Pitón para apoderarse de su sabiduría y ser él quien presidiera el oráculo. De este nombre se derivó igualmente la denominación del Templo de Apolo que se le llamaba Pition y al mismo Apolo en Delfos se le llamó Apolo Pitio.

La candidata elegida para desempeñar este rol de oráculo, debía tener una vida y costumbres irreprochables y estar totalmente a la disposición del templo. Su nombramiento era vitalicio y se comprometía a vivir para siempre en el santuario.

Oráculo de Delfos

Cuando una pitonisa moría, otra tomaba su lugar como la alta sacerdotisa. De la mitología griega te puede interesar también conocer a la diosa Hebe.

El Oráculo de Delfos fue considerado el más auténtico, a pesar de que había otros oráculos alrededor del mundo y se hizo famoso por lo acertado de muchas de sus predicciones.

Por definición, un oráculo puede ser una sacerdotisa o un sacerdote que sirve como medio para proporcionar profecías o consejos. Pero también puede ser el lugar donde se dan dichas profecías, o puede ser la profecía misma. En Tetis se mencionan también aspectos proféticos.

No obstante, en el caso del Oráculo de Delfos, se refería normalmente a la sacerdotisa, referida por diversos nombres como pitonisa, vidente, profetisa, médium o Sibila, encargada de hacer las interpretaciones y predicciones.

¿Dónde está ubicado?

El oráculo estaba situado dentro del Templo de Apolo, el cual data del siglo VIII a. C. y se encontraba en el medio del santuario localizado al pie del Monte Parnaso, a 9,5 km del Golfo de Corinto, en Grecia, en la localidad de Delfos, que hoy ya no existe.

El santuario, hogar del famoso oráculo de Apolo, se encuentra en medio de las montañas de la Fócida, a 700 mt sobre el nivel del mar y que se convirtió en el que sitio de visita recurrente de ciudades, soberanos y simples particulares en busca de predicciones crípticas y de orientación.

Oráculo de Delfos

¿Cómo funcionaba el Oráculo de Delfos?

En la esquina suroeste del Templo de Apolo había una habitación subterránea llamada el aditón, accesible por una escalera y a la que solo las pitonisas podían entrar. El recinto estaba decorado con hojas de laurel, símbolo sagrado de Apolo, que fueron colgadas en la habitación para ambientar el lugar, y se quemaba incienso.

Según la tradición, la pitonisa inhalaba los gases que emanaban de la grieta en la que estaba enterrado el cuerpo de la serpiente, los cuales le concedían a la vidente el don de la profecía. Para realizar la predicción la vidente se sentaba sobre un trípode de madera dorada colocado sobre la grieta.

Al respirar estos gases la pitonisa comenzaba a entrar en un trance divino, en el que recibía la inspiración del dios Apolo e iniciaba la predicciones para la persona solicitante.

Pero antes de hacer cualquier consulta al oráculo, el visitante debía pasar por un proceso de purificación, que consistía en sumergirse en una fuente sagrada que había en el lugar para “limpiarse”.

En dicha fuente se podía leer la siguiente inscripción: Para el buen peregrino una gota basta, para el malo, ni un océano podría retirar sus manchas.

Oráculo de Delfos

Después era preciso hacer un sacrificio a los dioses. Mataban un cordero o un ave y un sacerdote investigada sus entrañas en busca de señales divinas.

La pregunta a consultar al oráculo se escribía en una tabla de arcilla y se entregaba a la pitonisa, quien aturdida por los gases entraba en trance.

Comenzaba, entonces, a pronunciar palabras cifradas, las cuales eran anotadas por dos sacerdotes y entregaban al solicitante las enigmáticas y misteriosas respuestas, siendo muchas veces de difícil interpretación.

Sin embargo, los pueblos de la época afirmaban que las profecías eran bastante precisas y creían que cuando no se confirmaban, se debía posiblemente a que habían sido mal interpretadas.

El Oráculo de Delfos en la mitología griega

El Oráculo de Delfos fue parte importante de varias historias que se narran dentro de la mitología griega y los griegos antiguos de Delfos lo consideraban el centro de la Madre Tierra, e incluso el gran dios Zeus lo destacó como el sitio anhelado, tanto así que lo llamó el ombligo del mundo.

Oráculo de Delfos

Con el fin de ubicar a este sitio ideal, el rey de los dioses hacía que sus dos magníficas águilas volaran todas las mañanas en direcciones opuestas desde la cima del Monte Olimpo, las cuales eventualmente se cruzaron en Delfos, lo cual dio la certeza al dios que el ónfalo u ombligo de la Tierra estaba allí.

El Oráculo de Delfos, o Pitia, como también se le conocía, se hizo popular en toda la Antigua Grecia por la magia que se le había adjudicado en virtud de las atinadas profecías, y porque la gente de todo el mundo entonces conocido acudía a este lugar en busca de consejo y orientación certera para sus inquietudes.

Además, para los antiguos griegos revestía suprema relevancia, ya que tenían una completa fe en las palabras del mismo, aun cuando el significado del mensaje a menudo no era del todo claro.

A medida que la fama del oráculo se fue extendiendo, comenzaron a llegar viajeros de toda la región mediterránea en busca de instrucciones. Numerosas figuras conocidas de la historia y la mitología lo visitaron, entre ellos Sócrates y Edipo.

Los visitantes preguntaban no sólo sobre asuntos privados, sino también sobre asuntos de estado. Como resultado, el Oráculo de Delfos tuvo una gran influencia en los acontecimientos políticos, económicos y religiosos. Por otra parte, ello significó que Delfos se enriqueció con los regalos enviados por muchos creyentes.

El oráculo también sirvió al dios Apolo, después de que éste matara a Pitón, para instaurar su centro de poder. A partir de allí, como tributo a Apolo, se comenzaron a celebrar los Juegos Píticos cada cuatro años, siendo precursores de los Juegos Olímpicos.

Historia

El oráculo, que realmente existió, constituyó un instrumento de gran importancia para la colonización griega de las zonas costeras al sur de Italia e isla de Sicilia, convirtiéndose en centro religioso del mundo helénico.

Así sirvió, no solo como centro de devoción para los griegos, sino también para generales, reyes y nobles que llegaban en busca de directrices antes de tomar alguna decisión importante.

De manera que ninguna guerra, alianza o expedición de colonización se hacía, sin antes haber oído lo que el oráculo tenía que decir al respecto.

Con base en estudios arqueológicos y documentación antigua encontrada, se conoce que en el siglo VII a. C. existían ya en Delfos tres templos pequeños, que fueron construidos uno con laurel, otro con cera de abeja mezclada con plumas y el tercero con bronce, que fueron precursores del de Apolo.

El historiador griego Pausanias, ha recopilado y relatado esta tradición, así como otros hechos y detalles relacionados a este santuario.

Los hallazgos que han encontrado los arqueólogos han demostrado que para esa época ya Apolo era reconocido como dios relevante tanto en ese lugar como en las regiones adyacentes.

En las excavaciones que se realizaron se encontraron gran cantidad de exvotos u ofrendas hechas a los dioses, que eran valiosas y de gran significación: objetos y joyas, destacados con el nombre de Apolo Pitio, caballos de Tesalia, trípodes del Peloponeso, soportes de recipientes de Creta, etc.

Con el transcurrir del tiempo, las ofrendas se incrementaron, específicamente las elaboradas en bronce, y se hallaron algunas evidencias de, por ejemplo, cascos corintios, calderos con cabezas de grifos procedentes de Samos y Peloponeso, escudos cretenses, y varios tipos de estatuillas.

Todas estas reliquias, al igual que las donaciones, eran  resguardadas en pequeñas capillas que habían sido construidas para tal fin en diversas partes del santuario. Todos estos obsequios destacaban por su valor y belleza.

En la terraza enfrente del Templo de Apolo se erigió el altar de los sacrificios, que también se efectuaban en determinadas ocasiones de las predicciones.

Había, además, un teatro que data del siglo IV a. C. y un estadio con capacidad para 7.000 plazas en el que se llevaban a cabo los Juegos Píticos, el último de los cuales se celebró en 582 a. C.

Se construyó también un hipódromo, según la documentación hallada, pero aún no se ha podido localizar de manera certera.

Como testigos de la historia de este templo, es posible encontrar diversas estatuas de mármol o bronce, regalos de reyes o de ciudades dispersas por todo el lugar, en agradecimiento a los servicios prestados por el oráculo.

El periodo de gloria del oráculo duró muchos siglos, hasta que comenzó a declinar con la expansión romana. El emperador Nerón ordenó el saqueo del templo sagrado, durante el cual fueron robadas más de 500 piezas y estatuas de bronce y de mármol, llevándoselas a Roma.

Luego, con la expansión del cristianismo, el oráculo fue definitivamente cerrado por el emperador Teodosio en 385 por considerar que allí se fomentaba la superstición y rituales paganos.

Pero incluso antes de eso, el templo ya estaba en decadencia. Juliano, el último emperador pagano envió un emisario al oráculo con una pregunta precisa y los sacerdotes del templo le respondieron:

Dígale al emperador que el templo glorioso cayó en ruinas. Apolo ya no tiene un techo sobre su cabeza, las hojas de los laureles están silenciosas, las fuentes y arroyos proféticos están muertos.

A comienzos del siglo XX, los arqueólogos no encontraron evidencias que indicaran que existieran los famosos gases proféticos y concluyeron que se trataba de una mera superstición.

Sin embargo, al final del siglo estudios geológicos indicaron que el templo se había construido sobre una falla geológica de la que emanaban gases, que pueden tener efectos anestésicos y psicotrópicos, lo cual da cuenta, de cierta manera, de las alucinaciones de la pitonisa al hacer las profecías.

Es de destacar, no obstante, que el pasado glorioso del oráculo se halla referenciado en obras como Edipo Rey en el que el oráculo profetiza que Edipo está destinado a matar a su propio padre y casarse con su madre.

Por su importancia central en el mundo griego, el oráculo era considerado el ombligo del mundo y en sus paredes estaba presente la célebre inscripción: “Conócete a ti mismo”.

Orígenes del Oráculo de Delfos

La ciudad de Delfos, el lugar sagrado de todos los pueblos helénicos, tenía una larga tradición de ser el centro del mundo y, en virtud del oráculo, se decía que el mismo Zeus fue quien lo catalogó como el “ombligo de Gea”.

Según la leyenda, su origen se remonta a la lucha entre Apolo y la enorme serpiente Pitón, que fue enviada por la diosa Hera, para perseguir a Leto, amante de Zeus y madre de Apolo.

La serpiente se encargaba de resguardar el templo hasta que fue asesinada por el niño dios Apolo, cuando las flechas de éste la atravesaron y su cuerpo cayó en una grieta, de la comenzaron a salir inmediatamente, los gases producto de la descomposición de Pitón.

Después de matar la serpiente, Apolo ordenó la construcción de un templo en su honor.

Apolo, siendo dios de la profecía, se esmeró porque el oráculo sagrado de Delfos superara a todos los demás en prestigio y devoción.

Rápidamente se conoció que todos los que se paraban sobre la grieta y aspiraban los vapores, caían en trances repentinos, a menudo violentos. Surgió, entonces, la creencia de que se trataba de Apolo, quien poseía a la persona, llenándola de su presencia divina.

Estos peculiares sucesos atrajeron a los colonos adoradores de Apolo durante la era micénica, y lentamente el pequeño templo primitivo se convirtió en un santuario, y luego, siglos después, en un gran templo.

Con el tiempo los dioses convinieron en que el templo debía albergar a una sola persona, elegida para servir de puente entre este mundo y el siguiente. Designada por la serpiente de la fábula, esta vidente elegida se comenzó a llamar la pitonisa o el oráculo.

La comunicación con un dios no era un asunto menor, y no se podía permitir o confiar en cualquiera para servir a esta posición venerada. Se decidió que una joven virgen pura, casta y honesta sería la persona más apropiada para tal rol divino.

Sin embargo, había un inconveniente; las jóvenes vírgenes hermosas eran propensas a atraer la atención negativa de los hombres que buscaban su consejo, lo que resultaba en que los oráculos eran violadas.

Es por ello que las mujeres mayores de al menos 50 años comenzaron así a ocupar el puesto, y como recordatorio de lo que solía ser, se vestían con las prendas vírgenes de antaño.

Estas mujeres eran elegidas a menudo entre las sacerdotisas del templo de Delfos, pero también podían ser cualquier nativa respetada de la ciudad.

Las mujeres nobles educadas eran apreciadas, pero incluso las campesinas podían ocupar el puesto. Aquellas pitonisas que estaban previamente casadas debían renunciar a toda responsabilidad familiar e incluso a sus identidades individuales.

Construcción de los templos para Apolo y Atenea

Dos grandes estructuras se hicieron las más populares entre las construcciones del santuario en Delfos. Se trata del Templo de Apolo y el de Atenea a los que acudían con mucha frecuencia visitantes del lugar, pero también de muchas otras tierras lejanas.

Templo de Apolo

Se encuentra en el centro de un área plana sostenida por un enorme muro de contención construido con mampostería poligonal de piedra caliza. La tierra fue traída del Valle del Parnaso para construirlo en el siglo VI a. C.

En el muro se pueden leer alrededor de 800 inscripciones, referidas a decretos emanados por la ciudad y la Anfictionía, y actos que conceden la libertad de los esclavos.

La historia más antigua del santuario y los mitos que lo rodean son contados por Pausanias, quien señalaba que el primer templo construido en el sitio fue una choza hecha de ramas de laurel, traídas desde el Valle de Tempe; el segundo fue hecho de cera de abejas y plumas; y el tercero de bronce, por los dioses Hefesto y Atenea.

El cuarto templo, el primero de la época histórica y el primero con evidencias arqueológicas, fue construido en toba por los arquitectos Agamedes y Trofonio en el siglo VII a. C. y destruido por un incendio en el 548 a. C.

Un papel particularmente importante fue desempeñado por una familia aristocrática ateniense exiliada de la ciudad por el tirano Pisistrato, que dieron grandes aportes al templo.

Las estatuas de mármol y toba de los frontones se atribuyen al escultor ateniense Antenor y representaban la llegada de Apolo a Delfos al este y una gigantografía al oeste, algunas de las cuales han sobrevivido y están expuestas en el Museo. Este templo fue destruido por un terremoto en el 373 a. C.

El último templo fue financiado por un nuevo fondo establecido por la Anfictionía y construido por los arquitectos Spínfaros, Xenodoros y Ágaton. Se completó en el 327 a. C., después de una interrupción de diez años debido a la guerra sagrada contra los Fócidos.

Los costos de la obra fueron inscritos en la piedra, convirtiéndola en un documento único de una gran obra de la época. Las ruinas visibles hoy en día pertenecen a este último templo.

Templo de Atenea

Dentro del santuario de Delfos se llevó a cabo la construcción del Templo Atenea Pronaia, que fue consagrado a Atenea, reconocida como la diosa de la sabiduría, la fertilidad y la salud.

Es un templo circular o tholos construido en el año 390 a. C. Su estructura fue destruida por los terremotos y restaurada en años subsiguientes. Formaba parte del santuario de Atenea Pronaia, que era un complejo de edificios situado a las afueras del recinto de Delfos.

El complejo arquitectónico en su totalidad data de los años 370 y 360 a. C. e incluye: el gimnasio, la Casa de la sacerdotisa, los cimientos del último templo de Atenea y el tholos.

Fue levantado sobre una explanada llamada Marmaria, en virtud de los enormes bloques de piedra marmórea que se hallaban en el sitio, que fueron restos de  templos anteriores.

Se le designaba con el calificativo de Pronaia, que significa “antes del templo”, puesto que este santuario ya se había construido antes de llegar al templo de Apolo.

Para acceder a este santuario saliendo desde el Templo de Apolo, se debe salir del recinto vallado del yacimiento arqueológico de Delfos y llegar por la carretera hacia el sureste. En el trayecto se encuentra, primero, la Fuente Castalia y, cruzando la carretera, el Gimnasio y, finalmente, el Santuario de Atenea.

El sitio arqueológico de Delfos fue reconocido en 1987 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los Juegos Píticos

Los Juegos Píticos eran las competencias deportivas que se celebraban al principio cada ocho años, después cada cuatro años y se alternaban con los Juegos Olímpicos.

La leyenda relata que después de que Apolo dio muerte a la serpiente, guardó sus cenizas en un sarcófago e instauró seguidamente unos juegos fúnebres en su honor, a los que se les denominó Juegos Píticos.

Tiempo después surgió un mito de que ese sarcófago había sido enterrado debajo del ónfalos, piedra cuyo nombre significa “ombligo del mundo”, justo en el templo de Apolo en Delfos.

En dichos juegos se llevaban a cabo pruebas atléticas, hípicas, así como concursos líricos.

Para tal evento, se construyó en Delfos un estadio, un teatro y un hipódromo en virtud de la relevancia que adquirió la celebración de estos juegos.

Catástrofes del santuario

En el siglo IV a. C. se produjeron algunos desastres naturales que afectaron en gran medida al santuario de Delfos.  En el año 373 a. C. hubo un terremoto que destruyó el templo edificado por los Alcmeónidas.

Poco después entre 356 y 346  a. C. se desató lo que se llamó la tercera guerra sagrada, que derribó varias partes del lugar ocasionando daños irreparables.

En esta guerra los Focios se enfrentaron contra los Tesalios, Beocios y Filipo II de Macedonia, para lograr tener la supremacía sobre el Oráculo de Delfos.

Oráculo de Delfos

Como consecuencia de esta conflagración, las huestes se apoderaron de los mejores tesoros del santuario. Necesitaron fundir muchas de las piezas y exvotos de oro y plata para poder saldar cuentas y pagar a los soldados.

No obstante, el rey Filipo II alcanzó el poder y control total del sitio sagrado, y se concentró en la tarea de hacer que los Focios restituyeran en donaciones todo lo que se habían robado.

Más tarde, en el 339 a. C. se produjo la cuarta guerra sagrada. En ese entonces, el pueblo de los Locrios se enfrentó a Atenas, por un lado, y el político Esquines seguidor de Filipo, por otro, combatió contra la ciudad de Anfisa (o Ámfissa).

Tales conflictos desencadenaron en la batalla de Queronea, en el 338, en la que resultaron derrotados atenienses y tebanos, motivo por el cual los macedonios tuvieron desde entonces la hegemonía de Grecia.

 Periodo helenístico

El período helenístico corresponde a la etapa de la historia del Mediterráneo que se inició con la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a. C. y finalizó con el surgimiento del Imperio romano, como lo demuestra la batalla de Actium en el año 31 a.C. y la conquista del Egipto ptolemaico al año siguiente.

Oráculo de Delfos

La palabra griega Hellas, Ἑλλάς, fue originalmente el nombre reconocido de Grecia, del que se derivó la palabra helenístico.

Durante este período, la influencia y el poder cultural griego alcanzó el punto máximo de su expansión geográfica, siendo dominante en el mundo mediterráneo y en la mayor parte de Asia occidental y central, incluso en algunas partes del subcontinente indio.

Hubo un gran progreso y prosperidad en las artes, la exploración, la literatura, el teatro, la arquitectura, la música, las matemáticas, la filosofía y la ciencia.

El Oráculo de Delfos como todas las obras del santuario constituye parte de ese período, evidenciado en los detalles arquitectónicos y las esculturas que fueron parte primordial de este conjunto arquitectónico, compuesto por:

  • Museo de Delfos
  • Templo de Apolo, donde estaba el oráculo
  • Templo de Atenea Pronaia
  • Teatro
  • Estadio
  • Fuente Castalia
  • Fuente Casiótide
  • “Tesoros” o pequeñas capillas donde se guardaban los exvotos.

Decadencia

Gracias al Oráculo de Delfos, el santuario adquirió gran poder, fama y riqueza. Aunque se había convertido en una entidad griega independiente, muchos grupos deseaban el control de Delfos.

Así, desde el siglo V a. C. hasta el siglo I a. C., varios grupos lucharon por el control del sitio. Finalmente, en 191 a. C., los romanos tomaron Delfos y la mantuvieron durante casi 600 años.

Sin embargo, en el 392 a. C. el emperador romano Teodosio prohibió todo culto pagano en todo el imperio, y los romanos cerraron y destruyeron el santuario.

Oráculo de Delfos

En sus últimas palabras como Oráculo de Delfos, la Pitonisa simplemente pronunció: Todo ha terminado.

No obstante, el recinto de Delfos nunca llegó a estar deshabitado. Tiempo después que se había perdido su razón de ser, se fue repoblando el lugar sobre las ruinas, erigiéndose nuevas edificaciones.

Sin embargo, su esencia fue olvidada y totalmente sustituida por nuevas creencias.

Así, durante el siglo V d. C., se instituyó en Delfos la sede de un arzobispado y se construyeron algunas iglesias utilizando como material el mármol de los monumentos anteriores.

Fue tal el cambio y evolución experimentados en la ciudad a lo largo de los siglos y hasta tal punto de ser olvidada y enterrada la existencia del oráculo, que los eruditos en el siglo XVIII, al tratar de recopilar datos, tuvieron dudas del lugar exacto en que habría estado el célebre santuario de Apolo.

Algunos textos antiguos permitían tener una vaga idea, pero resultaba incierto y casi imposible dar con algún vestigio. Gracias a un hallazgo fortuito empezaron los estudios sistemáticos y las excavaciones de épocas recientes.

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