Piedra de Rosetta, toda su historia y sus tres inscripciones

La Piedra Rosetta es un fragmento de estela egipcia de hace millones de años, en ella se encuentran talladas diversas escrituras que se han intentado descifrar con el paso del tiempo. En el artículo de hoy, expondremos a detalle todo lo referente a esta piedra, sus características, historia y más.

Piedra de Rosetta

¿Qué es la Piedra de Rosetta?

La Piedra Rosetta es un fragmento perteneciente a una pared de algunas de las pirámides egipcias del año 196 a.C. los grabados en la misma se mantuvieron intangibles hasta su descubrimiento, posteriormente, se llevaron a cabo investigaciones con el objetivo de descifrar lo que se encontraba tallado en ella.

Luego de su edificación durante el siglo II a.C, esta pieza fue trasladada a diversos lugares, entre los cuales se puede hacer mención de un edificio en la ciudad de Rosetta. También se encontró en la conocida ciudad de Rashid, Egipto, en donde fue explorada en el año 1799, por el soldado Perre-Francois Bouchard.

Mientras transcurrían las campañas españolas de Napoleón en Egipto, el ejercito francés fue vencido, por lo que los británicos asaltaron las zonas. De esta manera, la Piedra Rosetta terminó en la exposición del Museo Británico de la ciudad de Londres, lugar en donde se mantiene hasta los días actuales.

Sin embargo, dicha piedra no posee un alto valor, esto se debe a su tamaño pequeño que representa una diminuta fracción de basalto color negro el cual esta tallado y mide unos 114, 72 centímetros y peso un aproximado de 729 kilogramos.

En la Piedra Rosetta se encuentran tallados tres escritos que van de arriba hacia abajo en jeroglíficos egipcios, hierático y también griegos. La variedad de la escritura permitió a los gramáticos el realizar la interpretación de esa época y entender mejor su significado de sus pictogramas egipcios.

Por otro lado, los grabados no iban a ser interpretados en su totalidad, hasta que en el año 1822 el lingüista y egiptólogo Jean Francois Champollion, después de mucho empeño, logró descifrar todo lo que se exponía en este fragmento de piedra.

Este fragmento fue encontrado en el año 1799 en la ciudad de Rashid, mientras en Egipto ocurría la ocupación francesa, gracias a esto, se pudieron hacer avances rápidos en el descifrado de los escritos en la piedra.

La misma se encuentra segmentada en partes de franjas de forma horizontal, en cada una de estas secciones se localizan los grabados que expone el mismo texto en diversas formas. En un mismo sentido, en la parte superior se encuentran tallados los jeroglíficos, en la parte intermedia el texto está tallado en egipcio y en su inferior en griego.

Piedra de Rosetta

La división de este fragmento fue lo que le permitió al científico inglés Thomas Young en los años 1773-1829 ir desglosando los símbolos así como sus signos de estos textos y grabados de esta piedra para dar con el mensaje.

Características

La Piedra Rosetta mide unos 112,3 cm de altura y 75,7 cm de ancho, 28,4 cm de espesor, su peso es de aproximadamente 760 kg. En la misma se pueden contemplar tres textos, uno en la parte superior en forma de jeroglíficos del antiguo Egipto.

Mientras que la parte central se trata de una escritura demótica egipcia, en la sección frontal superior la piedra está pulida por lo que lo que el grabado esta cortado. En las partes adyacentes están suavizadas y rebajadas, todo esto indica que la piedra ya no se encontraba en su lugar original cuando fue encontrada.

En líneas generales, es un fragmento de granito, en donde sus talladuras fueron rellenadas con tiza cuando llegó a Londres para que se pudiera descifrar con mayor claridad. El resto de las partes fueron rellenadas con una sustancia especial llamada carnauba, la misma funciona como protección para la piedra y es la responsable de otorgarle su color negro característico, sin embargo, en un principio poseía una tonalidad gris.

Piedra de Rosetta

Inscripciones de la Piedra de Rosetta

En los próximos apartados expondremos de manera profunda todo acerca de las tres inscripciones que se encuentran grabadas en tres partes de la Piedra Rosetta. En este sentido, abordaremos los hallazgos que se hicieron al poder descifrar y traducir estos textos y quienes fueron los responsables de llevar a cabo esta importante labor.

Jeroglíficos del antiguo Egipto

Silvestre de Sacy dejó de descifrar la piedra, pero realizó una importante contribución. En 1811, a raíz de una conversación con un estudiante chino sobre su escritura, tomó en consideración un consejo que le había hecho el arqueólogo danés Georg Zoëga en 1797 con respecto de que los nombres extranjeros en los jeroglíficos egipcios pudieran estar escritos fonéticamente.

De una misma manera, recordó que el arqueólogo francés Jean-Jacques Barthélemy había alegado que los caracteres que estaban en el interior de los cartuchos jeroglíficos eran nombres propios. En este sentido, cuando Thomas Young, secretario de Relaciones Exteriores de la Royal Society de Londres, le escribió para hablar sobre este fragmento en el año 1814, Silvestre de Sacy le dio el consejo de que cuando intentara leer texto jeroglífico debía explorar a detalle los cartuchos ya que en ellos estaban los nombres griegos y luego tratar de ver los caracteres fonéticos en ellos.

En el año 1814 Young se había comunicado por medio de cartas por primera vez con Jean-François Champollion, un profesor francés de Grenoble que había llevado a cabo un trabajo académico sobre el antiguo Egipto.

El mismo vio en el año 1822 copias de las breves inscripciones jeroglíficas y griegas del obelisco de Filé, en donde el venturero y egiptólogo británico William John Bankes había señalado los nombres ”Ptolomeo” y ”Kleopatra” en ambos idiomas, a partir de ellos, el profesor pudo determinar los caracteres fonéticos de este último nombre.

Esta misma carta es que marca el punto de inflexión para la comprensión de los jeroglíficos egipcios, no solamente por la tabla del alfabeto y el texto principal, sino también por su epílogo, en el que Champollion agrega que no solo se pueden ver caracteres fonéticos de los nombres griegos, sino que también se exponen los nombres egipcios nativos.

Este hecho se pudo confirmar al año siguiente a partir de los nombres de los faraones Ramsés y Tutmosis escritos en cartuchos con mayor antigüedad, copiados por Bankes en Abu Simbel y enviados a Champollion por el arquitecto Jean-Nicolas Huyot.

En este punto, las historias sobre la Piedra de Rosetta y el desciframiento de los jeroglíficos divergen, puesto que Champollion se basó en muchos textos para desarrollar la primera gramática del antiguo Egipto y un diccionario de jeroglíficos.

Escritura demótica egipcia

Al momento en que la Piedra Rosetta fue encontrada, el diplomático y erudito sueco Johan David Åkerblad se encontraba trabajando en una escritura poco conocida y recientemente descubierta en Egipto, a la que se le llamó demótico.

Sin embargo, él mismo la llamó ”copto cursivo” puesto que, aunque tenía ciertas similitudes con la posterior escritura copta, estaba convencido que esta fue utilizada para registrar de alguna forma el idioma copto, que deriva directamente de la lengua del antiguo Egipto.

Por otra parte, el orientalista francés Antoine-Isaac Silvestre de Sacy, que había estado comentando de este trabajo con Åkerblad, recibió en 1801 de Jean-Antoine Chaptal, ministro francés del Interior, una de las primeras impresiones litográficas de la Piedra de Rosetta por lo que pudo percatarse que la sección intermedia era esa misma escritura. Él y Åkerblad trabajaron en conjunto en el texto intermedio, asumiendo de que se trataba de escritura alfabética.

Al año siguiente Silvestre de Sacy informó a Chaptal que había logrado identificar cinco nombres: ”Alexandros”, ”Alexandreia”, ”Ptolemaios”, ”Arsinoe” y el título de Ptolomeo, ”Epífanes”. Mientras tanto, Åkerblad publicó un alfabeto de 29 letras, de las cuales más de la mitad eran correctas.

Escritura en griego antiguo

En lo que respecta al texto griego de la Piedra Rosetta fue el punto de partida. El griego antiguo era una escritura muy tratada por los estudiosos, sin embargo, no se poseen detalles de su uso durante el período helenístico como lengua de gobierno del Egipto ptolemaico, dado que todavía no se habían producido los descubrimientos de grandes papiros griegos.

De esta manera, los primeros descifrados del texto griego en la piedra demuestran que los traductores tenían problemas con el contexto histórico y con la jerga administrativa y religiosa. El anticuario Stephen Weston presentó de forma verbal la traducción al inglés del texto griego durante una reunión de la Sociedad de Anticuarios de Londres en abril de 1802.

Mientras esto tenía lugar, dos de las copias litográficas realizadas en Egipto se encontraban en el Instituto de Francia en París en 1801, donde el librero y anticuario Gabriel de La Porte du Theil se dedicó a traducirlas del griego.

No obstante, fue trasladado por Napoleón a otra parte por lo que el trabajo no se puedo concluir y pasó a manos de un colega, el conocido historiador Hubert-Pascal Ameilhon, quien en 1803 publicó por primera vez la traducción del texto griego, tanto en francés como en latín para que se pudiera extender por todo el territorio.

En Cambridge el filólogo Richard Porson por su lado se centró en una esquina perdida del texto griego, dando con una reconstrucción que en poco tiempo fue puesta en circulación por la Sociedad de Anticuarios por medio de impresiones de la inscripción.

En paralelo en Gotinga, Alemania, el arqueólogo Christian Gottlob Heyne llevo a cabo una nueva traducción más confiable que la de Ameilhon por medio de una de las impresiones llegadas de Inglaterra. La misma se dio a conocer en el año 1803, y fue reimpresa por la Sociedad de Anticuarios junto con la traducción al inglés de Weston.

Trabajo posterior

En la actualidad, el trabajo de esta piedra esta centrado en conocer a profundidad las inscripciones y su contexto por medio de la comparación de cada una de las tres versiones entre ellas. En el año 1824 el erudito clasicista Antoine-Jean Letronne se comprometió a realizar una nueva traducción literal del texto griego para el uso de Champollion, y este como retribución le prometió un análisis de todos los puntos en que parecían diferir las tres versiones.

Luego del fallecimiento repentino de Champollion en 1832 no se pudo encontrar su proyecto de análisis, lo que trajo como consecuencia que el trabajo hecho por Letronne se estancara. Igualmente, con la muerte en1838 de François Salvolini, antiguo alumno y asistente de Champollion, este y otros trabajos se quedaron perdidos entre sus papeles, demostrando además que la publicación de Salvolini sobre la piedra en 1837 era plagio.

Sin embargo, Letronne tuvo la capacidad final de completar su comentario sobre el texto griego y su nueva traducción al francés, que apareció en 1841. Durante la década de 1850 dos egiptólogos alemanes, Heinrich Karl Brugsch y Max Uhlemann, llevaron a cabo traducciones latinas revisadas en base a los textos demótico y jeroglífico.

El debate de cual de los dos textos es el original, hasta los días actuales sigue siendo un completo misterio. Posteriormente en 1841 Letronne  quiso demostrar que la original era la versión griega, el idioma del gobierno egipcio bajo la dominación ptolemaica. Entre los expertos actuales, John Ray ha afirmado que: ”los jeroglíficos eran las inscripciones más importantes sobre piedra: estaban ahí para que los leyeran los dioses y el más erudito de sus sacerdotes”.

Philippe Derchain y Heinz Josef Thissen por su lado han expuesto que las tres versiones fueron creadas al mismo tiempo, mientras que Stephen Quirke ve en el decreto ”una intrincada fusión de tres tradiciones textuales vitales”. Richard Parkinson añade que la versión jeroglífica, se aleja del formalismo arcaico y que en realidad car en el lenguaje cercano al registro demótico que los sacerdotes usaban más a menudo en la vida cotidiana.

Rivalidades

La historia del descifrado de la Piedra de Rosetta se encuentra marcada por diversas disputas sobre la precedencia y el plagio entre sus estudiosos, incluso antes del asunto Salvolini. El trabajo de Thomas Young se puede corroborar por medio de la carta enviada a Champollion a M. Dacier en 1822, pero de forma incompleta.

PIEDRA ROSETTA

Por su parte James Browne, un subeditor de la Encyclopædia Britannica que había publicado el artículo de Young de 1819, contribuyó de forma anónima con una serie de artículos para Edinburgh Review en 1823, en donde elogiaba el trabajo hecho por Young y denunciando el plagio de Champollion.

Todos estos artículos fueron traducidos al francés por Julius Klaproth y editados en forma de libro en 1827, mientras que la publicación de los aportes de Young en 1823 reafirmó sus contribuciones. Las prematuras muertes de Young y Champollion, no pusieron fin a todas estas disputas, y el trabajo sobre la estela publicado en 1904 por Ernest Wallis Budge, se mantiene en el Museo Británico, en donde se hace un hincapie especial en las contribuciones de Young en contraste con las de Champollion.

Historia de la Piedra de Rosetta

Luego de que el Imperio Romano tomara el control de Egipto, aproximadamente en el año 30 a.C, el arte de poder leer y plasmar jeroglíficos fue dejado de lado de manera definitiva. Dicha actividad no era muy conocida entre los pobladores egipcios, dichos jeroglíficos establecieron que esta lengua había muerto por más de 1500 años.

Para ese momento, en el año 1798 Napoleón atraco su flotilla francesa muy cerca de Alejandría, en Egipto dirigiendo todas fuerzas militares hacia el sur para poder combatir frente a los ingleses que estaban cerca de El Cairo.

PIEDRA ROSETTA

Los franceses fueron los que ganaron este enfrentamiento por tierra, pero seguían en el terreno la Marina inglesa la cual estaba siendo comandada por Lord Horacio Nelson, a través de su contribución se dio con el triunfo sobre la flota francesa. Napoleón con sus tropas como se encontraban no podían regresar a Francia, por lo que se asentaron en Egipto durante tres años.

Cuando estos miembros se dieron cuenta del fragmento de la Piedra Rosetta y de los grabados que estaban en ella, se pudieron percatar que se trataba de jeroglíficos egipcios, así como sus demás escrituras que eran diferentes. En lugar de emplearla como parte de la construcción de las murallas, se la entregaron a los eruditos que se encontraban viajando con el ejercito de Napoleón.

En poco tiempo lograron entender de que se trataba de una pieza importante y que poseía algún tipo de decreto real que estaba plasmado tres veces y en tres idiomas muy diferentes. Estos mismos estudiosos fueron los que le otorgaron el nombre de Piedra Rosetta, y a partir de este punto comenzó el estudio de sus textos.

Luego de algún tiempo, en el año 1801, los ingleses vencieron a los franceses por lo que la piedra pasó a  manos de ellos y como parte del convenio con Alejandría. Para el siguiente año, este fragmento de piedra llevado a Londres en donde pasó a formar parte de las exhibiciones del Museo Británico.

A partir de este momento, la misma ha sido motivo de múltiples visitas en el Museo. Al mismo tiempo, luego de algunos altercados tanto políticos como científicos, Juan Francois y Thomas Young se unieron para trabajar en conjunto y lograr descifrar lo que guardaban aquellos textos grabados.

Esta fue una labor ardua en la que se tuvo que comparar con diversos escritos griegos muy conocidos. Igualmente, la Piedra Rosetta ha sido un objeto de mucha importante, puesto que con ella se ha logrado resolver códigos muy misteriosos como los jeroglíficos egipcios.

De una misma manera, gracias a la misma, los estudiosos han podido también dar con muchos escritos egipcios, así como la interpretación de sus dibujos, tablillas y tumbas y que le da una mayor comprensión de tipo ordena de las antiguas civilizaciones.

Descubrimiento e investigaciones de la Piedra de Rosetta

Como bien ya se ha mencionado anteriormente, durante la campaña hacia Egipto de Napoleón Bonaparte en 1798 el ejército expedicionario contaba con la compañía de la Comisión de las Ciencias y de las Artes, un grupo compuesto por 167 expertos técnicos.

PIEDRA ROSETTA

El 15 de julio de 1799, mientras que los soldados del bando franceses se encontraban bajo las ordenes de d’Hautpoul trabajaban en el refuerzo de las defensas del fuerte Julien, situado a unos 3 km al noreste de la ciudad portuaria egipcia de Rashid (Rosetta). Por su lado, el teniendo Pierre-François Bouchard pudo visualizar en el lugar donde el grupo se había dedicado a cavar una placa con inscripciones en una de sus caras.

Él y d’Hautpoul notaron que esto era de suma importancia por lo que avisaron rápidamente al general Jacques-François Menou, que se encontraba en Rosetta. Este descubrimiento posteriormente se le fue informado a la recién creada asociación científica de Napoleón en El Cairo, el Institut d’Égypte.

Dicho aviso fue redactado como un informe y entregado a Michel Ange Lancret, quien alegaba que contenía tres inscripciones, la primera en jeroglíficos y la tercera en griego, al mismo tiempo también acertó que estas tres inscripciones significaban lo mismo pero en diferentes lenguas.

El informe de Lancret, fechado el 19 de julio de 1799, fue leído en una reunión del Instituto el 25 de julio. Mientras esto tenía lugar, Bouchard trasladó la piedra a El Cairo para que la misma pudiera ser estudiada por expertos. El mismo Napoleón inspeccionó la que ya había empezado a llamarse La Pierre de Rosette poco antes de su regreso a Francia en agosto de 1799.

PIEDRA ROSETTA

De esta manera, el descubrimiento de la Piedra Rosetta fue dado a conocer en el Courrier de l’Égypte, el periódico oficial de la expedición francesa, en el mismo un reportero anónimo expresaba la esperanza de que la piedra fuera algún día la clave para descifrar los jeroglíficos egipcios.

Para el año 1800 los tres expertos técnicos de la comisión se les ocurrieron algunas formas de crear copias de los textos de la piedra y uno de ellos, el impresor y lingüista Jean-Joseph Marcel, es reconocido por ser el primero en darse cuenta de la presencia de un texto central, que en un principio se pensaba que era siríaco, pero que en realidad estaba hecho en demótico egipcio, lo cual era raro verse en las inscripciones y por tanto muy poco visto por los eruditos de la época.

Fue el artista e inventor Nicolas-Jacques Conté quien encontró un modo de emplear la piedra como un bloque de impresión, y Antoine Galland fue el responsable de utilizar un sistema ligeramente distinto para reproducir las inscripciones. Las impresiones que resultaron fueron trasladadas a París por el general Charles Dugua, por lo que los expertos europeos podrían ya ver las inscripciones e intentar leerlas.

Tras la marcha de Napoleón, el ejercito francés rechazó las fuerzas británicas y otomanos durante 18 meses, hasta que en marzo de 1801 los ingleses desembarcaron en la bahía de Abukir. El general Jacques-François Menou, uno de los primeros hombres en observar la Piedra Rosetta, era entonces comandante de la expedición francesa.

Sus fuerzas, incluyendo a la comisión se dirigieron hacia el norte hasta llegar a la costa mediterránea para encontrarse con el enemigo, llevando consigo la piedra junto con otras antigüedades. Venciendo en la batalla, Menou y los restos de su ejército, portando la piedra, se fueron de Alejandría, donde fueron rodeados, sitiados y obligados a rendirse el 30 de agosto.

Lectura de la piedra

Antes del hallazgo de la Piedra Rosetta y su descifrado no se sabía nada acerca de la lengua o la escritura del antiguo Egipto, dado que todo el conocimiento se había perdido poco antes de que el Imperio romano llegara a su fin. La escritura jeroglífica se había ido especializando llegando el período ptolemaico, a partir del siglo IV a. C., pero eran escasos los egipcios que podían leerla.

El uso de los jeroglíficos cesó totalmente luego de que ocurriera el cierre de todos los templos no cristianos en el año 391 d. C. como mandato del emperador romano Teodosio I. La última inscripción conocida fue hallada en Filé y se le llamó la inscripción de Esmet-Akhom, teniendo una antigüedad que va desde el año 396 d. C.

Por otro lado, los jeroglíficos conservaron su atractivo plástico y los autores clásicos reconocieron su aspecto al compararlos con los alfabetos griego y latino. Por ejemplo, en el siglo V d. C. el sacerdote Horapolo escribió Hieroglyphica, una explicación que constaba alrededor de doscientos glifos con numerosos errores, no obstante, fue considerado como una autoridad durante mucho tiempo lo que retrasó la comprensión de la escritura egipcia.

Más tarde, en los siglos IX y X, los historiadores árabes del Egipto medieval realizaron diversos intentos por descifrado. Dhul-Nun al-Misri e Ibn Wahshiyya fueron los primeros historiadores en centrarse en el estudio de la ancestral escritura, gracias a esto pudieron relacionar el contemporáneo idioma copto usado por los sacerdotes cristianos de Egipto.

Con el paso de los años se siguieron realizando intentos para lograr el descifrado por eruditos europeos, especialmente por Johannes Goropius Becanus en el siglo XVI, Atanasio Kircher en el XVII y Jörgen Zoega en el XVIII. El descubrimiento de la Piedra Rosetta sirvió de mucho al brindar información esencial perdida, la cual fue revelada con la sucesión de eruditos, lo que finalmente permitió a Champollion determinar las claves de esta misteriosa escritura.

 

Ha sido todo por el artículo de hoy, esperamos que la información proporcionada haya sido de gran utilidad. De una misma manera, le hacemos la invitación a leer: Amosis I y Serapis

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