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Dentro de la mitología sumeriana, los Igigi aparecen descritos como unas deidades de menor importancia que existieron en la época de la antigua Mesopotamia. En algunas leyendas aparecen identificados con el nombre de Igigu.

Igigi

Los dioses Igigi

Con el nombre de Igigi o Igigu, eran conocidos unos dioses menores que pertenecían a la mitología de Sumeria, los cuales aparecen reflejados dentro de los primeros libros religiosos en la Mesopotamia antigua. Esta palabra de Igigi, era utilizada para distinguir al grupo selecto de dioses que conformaban el gran Consejo Supremo de los dioses, institución que regía las áreas celestiales y su zona.

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Los dioses Igigi eran una especie de asistentes o también servidores de los dioses Anunnaki, denominado así a otro grupo de dioses importantes dentro de la mitología. Según cuenta la leyenda, que los Igigi hacían trabajos de obreros, como hacer zanjas y drenar canales de tuberías y aguas, todo para poder cumplir con ordenes de los Anunnaki.​ (Ver articulo: Templos Sumerios)

Se describe también dentro de su leyenda que llegó un día en que los dioses menores Igigi se revelaron ante los dioses Anunaki, ya cansados de servirles como si fuesen sus esclavos. Como una forma de llamar la atención y tomada como una acción contundente, se dieron a la huelga cesando sus actividades rutinarias y exigiendo sus derechos como deidades en igualdad de condiciones.

Se dice que aunque las peticiones fueron escuchadas, el hecho de enfrentar a los dioses fue tomado por éstos como una falta de respeto y tales acciones fueron castigadas por las deidades superiores, quienes transformaron a los dioses Igigi en una especie de demonios o entidades malignas, destinadas a vivir en el inframundo.

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Con respecto a su nombre, la historia no denota nada por cuanto su etimología no está totalmente clara. Sin embargo, pese a esto, se ha sugerido que el nombre de Igigi provenga del antiguo acadio o amorreo. Es así como en varios textos que datan de dicho período, se puedan encontrar el término IGI GI, palabra que también tiene sus raíces sumerias. Dentro de esta mención que se hace en la corriente sumeria se tiene también el término IGI: n, que significa “ojo”, tanto de forma singular como plural, que a su vez puede representar en el sentido de mirar, cara y/o aspecto.

En cuanto a la aparición de la doble ig, su sentido denota la palabra “puerta” o también empleada en para ver. Las letras Gi también se utiliza como una palabra que indica la acción para rodear, sitiar o bloquear. De igual forma, Gi significa joven, pequeño y delgado, comparado con un bastón. (Ver articulo: Mitología Babilónica)

Con el empleo de estas representaciones podemos entender entonces el sentido de joven, en el hecho de hablar a los dioses más jóvenes, o rodear y asediar a los dioses jóvenes. Otro de los conceptos de Igigi que pueden tener validez es donde son descritos como los dioses que perduraron en el cielo que estaba rodeado por la tierra, pero en un grado de divinidad menor.

En otros empleos de la palabra, al realizar la dupla del nombre, usualmente era utilizado de forma plural o para indicar algún acento, tal como es el ejemplo que se encuentra en la historia que hace referencia al caso de la Inundación, cuando se bautiza a bote de Noé con el nombre bíblico de Ziusudra. Ma2 Gur Gur, que significa “un bote que puede rodar y volcar”.

También nos conseguimos con la palabra Na4 Gul Gul, expresión que se ve representado dentro del mito conocido como “un shir del sur de Ninurta”. El uso rimbombante de Igi en duplicado se hace de forma asociada junto con el término de los vigilantes u observadores, el mismo concepto que fue utilizado dentro de los textos bíblicos para identificar a los Nefilim.

Características

Los Igigi o también conocidos como los Igigu, llegó a ser reconocido como un término mosaico con el cual se describe a un grupo de entre siete u ocho dioses menores, pero de gran importancia dentro de la cultura sumeria, pues se dice que gracias a ellos se dio origen a la creación de la raza humana.

Cuentan que los dioses mitológicos Igigi, conformaban un grupo de deidades de los más antiguos que se pueden reflejar dentro del folklor de sumeria, que eran los sirvientes de los poderosos Anunnaki. Eran grandes trabajadores y se les ubica ejerciendo las labores de la tierra, pero también cavando ríos, talando árboles y excavando minas de oro y otras joyas para el reinado de los dioses Annanuki.

Uno de los dioses que sobresale en la conformación de este populoso grupo fue el dios Marduk, pero se desconoce las identidades del resto de las deidades que conforman el total del grupo, lista que inclusive puede haber sufrido cambios y transformaciones con el paso del tiempo y con las múltiples traducciones por las que han pasado los textos religiosos sagrados asociados con este mito.

A pesar de que no exista mucha información sobre estos dioses que conformaron el panteón mesopotámico, sí se conocen testimonios y análisis que contemplan puntos de vista distintos entre las leyendas que se conocen y que hacen referencia a las diversas teorías que se relataron sobre la creación del mundo y el cosmos. Como registro de una de esas teorías sobre la Creación se encuentra la leyenda de los dioses llamados Igigi, pertenecientes a la mitología sumeria, dioses gracias a los cuales se pensó en la existencia del hombre creado de arcilla. (Ver articulo: Ninsun)

Se dice que los dioses Igigi eran de las deidades más jóvenes, llamados también los dioses menores, los cuales estaban bajo la tutela de los Anunnaki, un grupo de dioses de mayor domino. Este grupo les hacía realizar a los Igigi un trabajo tan fuerte y agotador que el cansancio acumulado les trajo como consecuencia que éstos se rebelaran, obligando con ello a los Annu, a buscar una solución rápida a los problemas suscitados.

La terminología de las palabras Anunna e Igigi resultan algo complicada y necesitan de constantes estudios e investigación para descubrir un poco más de los elementos que conforman su historia y cultura. El grupo de los Igigi, tiene una gran tendencia a ser de origen semítico, donde se indica que existió un grupo de dioses que habitaban el panteón mesopotámico.

Sin embargo, dichos datos no han sido certificados hasta ahora por lo que no se puede distinguir si la referencia se hace con relación a los Igigi o tal vez a los Anunna. A pesar de ello, existen historias como la de Atrahasis, la epopeya de Gilgamesh que es la historia babilónica del diluvio y precursora al diluvio, argumentan las pruebas de la relación entre los Annunaki y los Igigi.

Poema

Un dato curioso es que la historia de esta rebelión que se levantó por parte de un grupo de dioses oprimidos, que actuaron en contra de los que ellos consideraron sus opresores. Esta leyenda quedó expresa dentro de una roca que estaba tallada con unas escrituras en forma de poema, siendo esto además uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XVII a.C  y que reposan dentro del museo Británico de Londres.

La escritura de este famoso poema está distribuida en tres tabloncillos, los cuales a su vez se subdividen cada uno en ocho columnas, ubicadas cuatro por el lado del frente, y cuatro por el lado de atrás. De igual manera, cada una de estas columnas están conformadas por el alrededor de cincuenta y cinco líneas, por ende, todo el trabajo se compone de un total de mil  doscientos cuarenta y cinco líneas.

Por ser un motivo importante y de relevancia para la cultura sumeria, diversos escritores e investigadores desarrollaron grandes estudios para poder descifrar lo que se decía dentro del poema, ya que gran parte de la roca donde se encontraba la literatura estaba muy deteriorada e irreconocible. La historia que en el poema se narra, indica en aquellas palabras del tiempo en que los dioses menores llamados Igigi, habitaban dentro de unas tierras sagradas las cuales era gobernadas por el dios Enlil.

https://www.youtube.com/watch?v=TJYg8ucv-po&feature=youtu.be&list=PLm3YAX82Zh9NFoeC92BMEzGw-9cmzxxDY

Señala también el cómo este grupo eran obligados a cumplir con todas las tareas más forzosas que habían que hacerse en aquel lugar, la cruel tortura a la que eran constantemente sometidos los dioses Igigi y la cual duró un tiempo de más de dos milenios y medio. Paralelo a esto, el dios Anu ascendía cada vez más a los cielos, y mientras que el dios Ea descendía al inframundo ubicado en las profundidades marinas.

Dentro de la historia que llegó un momento en que estos dioses, los Igigi, se enfrentaron a los Annunaki para exigirles una solución al problema ante el cansancio que ya los agobiaba. Los Annunaki escucharon todas las quejas y peticiones, encontrando como solución crear a un elemento que se encargara del trabajo fuerte y dejar descansar a los Igigi.

Se dice entonces que así fue como crearon al hombre, al ser humano, con la intención de que éstos realizaran todas las labores y soportaran los trabajos de los dioses que eran muy pesados para hacerlo una divinidad.

El análisis de algunos extractos de lo allí escrito, se deja ver dentro del comienzo del poema que dice en sus primeras líneas, “Cuando los dioses hacían de hombres, tenían que trabajar y estaban atareados. Su tarea era considerable, su trabajo pesado y su labor infinita”, texto que se ubica en la línea de la 1 a la 4.

El texto continúa con un escrito donde se nombre a los dioses Anunnaku como los grandes jefes que le imponían estas forzosas tareas a los Igigu. Luego de esas líneas el poema se visualiza parcialmente fragmentado, donde expertos trataron de descifrar qué es lo que decía y pareciera indicar en esa parte del texto la disposición que tenían los dioses Igigi de no querer trabajar más. (Ver articulo: Ninsun)

Dadas esas circunstancias, los Anunnaki debían encontrar una solución ya que tampoco los trabajos podían cesar. Se argumenta entonces como esta manifestación de los Igigi llevó a la creación de los humanos, quienes desde entonces debían realizar el trabajo por los dioses. Igualmente dentro la historia contada en el poema, parecen los Igigi como los subordinados de los Anunnaki.

El poema no indica tampoco qué deidades se incluían dentro del grupo de los Igigi. Además de este poema encontrado, existe un prólogo del famoso Código de Hammurabi, donde se hace referencia a este mito y se indica que los Anunnaki enaltecieron al dios Marduk entre el grupo de los dioses Igigi, pero aun así sigue siendo difícil evaluar el significado de estos poemas y pasajes literarios.

Otros de los textos mitológicos que hacen alusión a la historia de los dioses Igigi es el mito de Anzu, donde se nombra a una asamblea de los dioses Igigi, pero se desconoce si es una asamblea realizada como una institución oficial.

Los Igigi, dioses menores 

Debido a las dificultades presentadas en las traducciones hechas que hacen referencia a la historia de los dioses Igigi, y la poca información que se tiene sobre estas deidades de la mitología sumeria, se desconocen las identidades de este grupo y cuántos eran los integrantes con los que contaba.

En los distintos escritos encontrados con relación a este tema, se manejan un número entre 7 o 8 dioses que hacían parte de este grupo, destacando entre ellos el nombre del dios Marduk, siendo así el único que se ha identificado y que fue exaltado por los mismos dioses Anunnaki. Otros nombres de dioses menores como Ishtar, Asarluhi, Naramsit, Ninurta, Nuska y Samas, se pudieran incluir dentro de este grupo, aunque dentro de las investigaciones se les atribuye que son parte también de los Anunnaki, por lo que el dato carece de certeza.

Aunque la mayoría de los dioses poseen festividades, rituales y cultos, en el caso de los Igigi se desconoce si este grupo cuenta con ello. Existen algunas escrituras religiosas donde asoman sus nombres dentro de leyendas expresadas en textos mitológicos y literarios, aunque hay argumentos que indican que existieron unos pocos nombres teofóricos, donde se daban muestras de su adoración. (Ver articulo: Set)

Estas circunstancias pueden originarse ya que el término Igigi aparece por primera vez dentro de los textos religiosos del periodo babilónico antiguo pero enmarcado dentro de los contextos acadios. Se presenta el término nun-gal-e-e, el cual es un derivado logográfico de la mitología sumeria, que hace referencia a la palabra Igigi.

La traducción de nun-gal-e-e significa “los grandes príncipes o soberanos”. De igual manera dicho término es mencionado en los textos literarios que se adscribieron a leyenda conocida de la princesa Enheduanna, quien era la hija del rey Sargón, el fundador de la antigua dinastía acadia.

Esta estructura en particular solo se certifica dentro de los manuscritos babilónicos antiguos no existiendo aparentemente fechas con más antigüedad. Incluso, se ha determinado que pudiese ser que Nun-gal-e-ne, fuera un calificativo con lo que en un principio se les denomino a los dioses Anunna y luego pasó así a identificarse a los Igigi bajo la asesoría acadia.

Tanto los dioses Igigi como los Anunnaki, aparecen frecuentemente dentro de los textos literarios, mitológicos y religiosos que comprenden conjuros y rezos. También se reflejan dentro de la tradición cuneiforme. Los Igigi son mencionados en el Enuma Elish y en el poema de Erra, siendo todos documentos originales del primer milenio que se dio antes de nuestra era.

La lucha entre los Igigi y los Anunnaki

La historia en común entre los dioses Igigi y los Anunnaki está asociada, gracias a un mito que es referencia dentro de la mitología Sumeria. Los Igigi eran un grupo de dioses menores, los dioses más jóvenes con que contaba la dinastía, y los cuales estaban al servicio de los Annunaki.

El término de origen semita “Igigi” o también “Igigu” como eran conocidos, se refiere a un grupo de dioses que habitaban el panteón mesopotámico, mientras que el significado de “Annuna” es de difícil interpretación. Para poder entenderla mejor, la palabra de “Igigi” necesita de mayor investigación y estudios para poder comprenderla.

De igual manera, los conceptos de Annuna e Igigi, se encuentran relacionados ya que en la documentación existente se puede incluso hasta inferir que los Igigi pasaron a ser Annunaki en una transformación sufrida a través del tiempo.

Dentro del poema de Atrahasis se comienza con la descripción de una circunstancia surgida después de la formación y de la creación del universo y todo lo que hay en él. Allí aparece el dios del cielo que es Anu, y como fue ascendido al cielo con el paso del tiempo, mientras que Ea o Enki, cayó en el Abzu, llamado así al tipo del inframundo ubicado dentro de las aguas abisales, que estaban por encima de la tierra.

El dios Enlil se adueñó de la tierra para sí mismo, con todos los seres vivos que habitan en ella. Por otro lado, a los dioses menores Igigi se les dejó viviendo en la tierra pero con la condición de que debían realizar ciertos trabajos de una manera impuesta, específicamente en la zona donde reina el dios Enlil.

Dentro de los trabajos que debían realizar los dioses Igigi estaban, la excavación de los ríos, en los cuales estaban incluidos los ríos Tigris y Éufrates, así como la construcción de varios canales y caudales de agua. Así como ese le fueron encomendados varias labores y trabajo pesado, actividades que debían realizar durante el día y la noche. Estos trabajos lo vinieron realizando de manera continuada y por un periodo de 2.500 años.

Un buen día, cuenta la historia, que cansados de imposiciones y que los trabajos eran cada vez más fuerte, riesgosos y con grandes dificultades, estos dioses menores comenzaron a reflexionar sobre su situación en comparación a otros dioses que habitaban en las tierras sagradas junto a ellos, lo que resultó como un detonante para que uno de ellos se animara a abandonar el trabajo y con ello rebelarse.

El resto del grupo de dioses Igigi cuando escucharon los alegatos de su compañero, siguió su ejemplo y también tiró en el fuego las herramientas de trabajo que portaba. Después de muchos años de realizar trabajos difícil y con mucha complejidad para servir a los Anunnaki, los dioses Igigi se hostigaron contra sus amos.

El incendio de sus herramientas fue un modo de expresión de protesta y finalización del yugo y la tiranía en la que estaban siendo sometidos de manera no equitativa e injusta por décadas. Ambos marcharon juntos dirigiéndose hacia el santuario del dios Enlil, rodeando la gran casa de Enlil por la noche, obligando a los Anunnaki ancianos a encontrar otra fuente de mano de obra que explotar.

En esto se unió todo el grupo de Igigi y, junto a las deidades, expusieron sus puntos de vista y manifestaron que ya no iban a desarrollar los trabajos que les habían sido encomendados por muchísimos años, convirtiéndose en una verdadera tortura.

Mientras, el dios Enlil escuchaba a los dioses menores, comenzó a llorar y luego meditó sobre el hecho de dejar la tierra e irse al cielo junto al dios Anu, devolviéndole a él los poderes divinos para regir la tierra.

Anu respondió a las peticiones del grupo Igigi y comprendió así las razones que tuvieron para abandonar sus labores. Se da cuenta de que es muy grande la labor desempeñada para un grupo tan pequeño y entonces, en la búsqueda de una solución viable para todas las partes, sugiere la creación del hombre llamado Lulu.

Mito de la creación sumeria

Para llevar a cabo este cometido, convoca la presencia de la diosa Mammu o también llamada Mami, palabra que fue la antecesora de “mamá”. Esta diosa madre formaría parte en el proyecto de creación del hombre, decisión que se la comunica a los dioses Igigi, los cuales aceptaron basándose en su estado agotador cansancio producido por los duros trabajos.

La diosa Mammu se preparó para ser parte de la creación de los seres humanos, acto que le mereció ser renombrada como la “Señora de todos los dioses” por parte de los Igigi. Dentro de la mitología y en su propio código fue kala-Belet-ili. La diosa madre mezcló la arcilla, material dispuesto para hacer a los nuevos seres, los humanos que ocuparían la tierra, y luego convocó a los dioses Anunnaki y a los Igigi para que esculpieran la masa y darle la forma a estas criaturas. De allí la apología de “el hombre fue moldeado a su imagen y semejanza”.

Una vez cumplido con dichos pasos, el hombre ya estaba listo para “ser”. Ya formado, se le fueron asignadas las tareas a la nueva criatura, acciones que antes eran realizadas por los dioses Igigi, es decir, todo lo referido al trabajo pesado y forzoso que había en la tierra. Así que después de su rebelión, los dioses Igigi ayudaron a la creación del hombre perfecto. Todo el episodio vivido entre los dioses Anunnaki y los Igigi en la tierra, fue el marco histórico que dio inicio, según lo argumentado dentro de la mitología Sumeria, a la creación de un nueva especie, la raza humana.

Se dice que la respuesta a las peticiones de los sirvientes Igigi es la verdadera razón por la cual los antiguos Anunnaki sustituyeron a estos dioses menores, pero luego que realizaran una modificación genética de los seres humanos antiguos, creando con ello una fuerza de trabajo mayor y más eficiente a la que poseían los dioses Igigi.

Existe documentación donde algunos autores sugieren o dejan ver dentro de sus investigaciones, que la nueva raza humana pasó a ser la nueva raza esclava al servicio de los dioses y dan fe de que ésta fue creada luego de que los Anunnaki la modificaran genéticamente. Estas evidencias estaban dentro de los primeros humanos conocidos con una data ya de más de 500.000 años.

Se han señalado hipótesis sobre unos antiguos astronautas donde también son sugeridas los orígenes de los dioses Igigi, alegando que estos hallazgos fueron similares a las características que tenían los Anunnaki. Según los relatos, estos astronautas permanecen en órbita constante alrededor de nuestro planeta.

Según los datos suministrados, eran considerados como una especie de intermediarios entre nuestro planeta y Nibiru, que es así como se llama al hogar de los dioses Anunnaki. Muchos creen que los dioses menores Igigi se mantuvieron constantemente en órbita alrededor de nuestro planeta dispuestos en grandes plataformas, donde procesaban diversos minerales los cuales eran entregados desde la tierra.

Se dice que después de procesar dichos minerales, el material era trasladado a otras plataformas para finalmente ser transportado hacia el planeta, hogar de los dioses Anunnaki. Según con estas versiones de la historia mitológica, los dioses Igigi nunca habrían hecho contacto con la humanidad aparentemente, sintiéndose de alguna forma superiores a estos seres.

En vista de todo lo expuesto se puede inferir dentro de la lectura de varios textos donde se hacen referencia a los dioses Igigi, que estos dioses menores eran unas criaturas cósmicas de un nivel superior, los cuales eran elevados en todos los sentidos, y por lo tanto no se preocupaban para nada por la gente.

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