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Los Manes, eran unos dioses familiares, domésticos o caseros de la mitología Romana. Generalmente a los Manes se les relaciona a otro grupo de dioses como los Lares y Penates, dioses vinculados a la familia y a las despensas. Estos dioses encarnan a los espíritus de los antepasados, que fungen como protectores del hogar.

Los Manes

¿Quiénes eran los Manes?

Los Manes, eran conocidos con el nombre de Di Manes, partiendo que etimológicamente Di significa dioses. Era común observar en las lápidas romanas las letras D. M., que simbolizaban la descripción de “dis manibus”, que traducido era dedicado a los dioses Manes. El término de Manes era tomado como una metáfora para referirse al Averno o infierno. Sin embargo de manera general con el nombre de Manes se hace referencia a los espíritus de los muertos

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Otro de las asociaciones que se hacen es que con la palabra Manes se asocia al antiguo griego menos que significa “vida, fuerza”, mientras que el avéstico mainyu, significa espíritu. Este grupo de dioses representan El pater familias o padre cabeza de familia, la figura del sacerdote que oficiaba las ceremonias religiosas y a quienes se les ofrendaban dentro de los hogares.

En la antigüedad, el alma de los muertos se le denominada Manes, espectros que se suponían como seres vagabundos que van de un lugar a otro, manifestándose como especies de sombras a las que se les rendían tributos y cultos religiosos. Su mito tiene varios orígenes, siendo uno de ellos la creencia antigua de que eran hijos de la diosa Mania y Hesiodo, quienes se supone que tuvieron como padres a los hombres que vivieron durante el siglo o edad de plata.

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Otros de los orígenes que describen señala que la existencia de estos seres nació de la idea de que el mundo estaba lleno de genios y dividido en dos categorías, unos para los vivos y el otro para los muertos; unos buenos y otros malos, y así sucesivamente. A ciencia cierta no se contaba con una idea estable o fija con referencia de que eran los Manes, así que pronto fueron tomados como las almas separadas de los cuerpos, teniendo entre otros conceptos, considerados como los dioses infernales o los dioses genios protectores de los difuntos.

Otros autores antiguos catalogan a los Manes como una doctrina donde después que el espíritu del hombre se desprende del cuerpo, se trasforma hasta convertirse en un Lemures, que es una especie de demonio antiguo latino. Los muertos pasaban por varias fases las cuales  tenían sus nombres, por ejemplo, se llamaban Lares a las almas de aquellos difuntos que habían sido buenos y se convertían en guardianes de sus descendientes.

En el caso de los espectros inquietos, turbulentos y maléficos que se dedicaban a espantar los hombres especialmente de noche, se les conocía con el nombre de Laruce; dejando la terminología de Manes aquellos que no se habían transformado en lar o larva sino que se convertían en el alma del difunto.

En la antigüedad no solía deificarse a los muertos, sin embargo, se tenía la creencia de que todas las almas de los hombres que hacían el bien durante su vida, pasaban a encarnar una especie de divinidades, razón por la cual se grababa sobre los sepulcros las iníciales D. M. S. es decir, Dis manibus sacrum, para rendir honores a los dioses Manes.

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Sus Símbolos

Uno de los símbolos de los dioses Manes era un árbol sagrado llamado El Ciprés. Dada a esta asociación, se hace común ver a los Manes reflejados dentro de los monumentos, algunas veces sosteniendo un árbol de carácter funerario y otras tantas dándole de hachazos con el objetivo de derribarlo. La razón de que sea un ciprés el árbol, es debido a que éste no da renuevos una vez que es cortado por lo que sirve para simbolizar que después que se nos hiere en la muerte no se puede esperar renacer si no es de manera milagrosa.

El número nueve también era otro de los símbolos de los Manes. Según su mito se les estaba dedicado dicho numero porque era tomado como el emblema del término de la vida por ser el último término de la progresión numérica. También tenían consagradas a ellos las llamadas habas, consideradas las puertas de los infiernos, según las antiguas creencias.

Existían elementos que les desagradaban y otros que eran de su agrado como es el caso del fuego, el cual les era llamativo, no así el sonido de los metales como bronce y hierro, los cuales les era inaguantable. Se les podía ahuyentar con el uso de sombras infernales, por lo que los pueblos de Italia solían poner una lámpara en las urnas o sepulcros.

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