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Naamáh, lo que no sabías sobre este demonio mitológico

Naamáh, conocida como la encantadora y la complaciente, forma parte de uno de los Ángeles caídos (demonios) de la mitología Hebrea. Tomaba la forma de mujer para involucrarse sentimentalmente con los hombres y lograr procrear seres manejables para su causa; fue expulsada del Edén, al confirmarse que mantuvo relación con Adán. En este artículo aprenderás más de este demonio.naamah

Naamáh como demonio

Para la literatura hebrea se presenta como una de las mujeres de Satanás, por lo tanto recibió la denominación de la Madre de los demonios. Corrompía a los hombres y al resto de los ángeles caídos y su líder, tenía un poder de convicción impresionante y la capacidad para seducir a cualquier humano; también se le conoce como Naamáh, Nahama, Nhama, Naamáh, Nammah o Na’ Ammah.

Su apariencia es similar a Lilith (primera esposa de Adán, antes de Eva), donde junto a ella moraban cerca de la costa del mar rojo. Juntas se marcharon del paraíso y se dispersaron por toda la tierra (según escrituras hebreas) con el objeto de expandir la prostitución, siendo llamada junto a otras figuras demoníacas, “Los ángeles de la prostitución”; asimismo la mitología hebrea la responsabiliza de ocasionar la epilepsia en los niños y a su vez la complaciente de los dioses. (Ver articulo: Namtar)naamah

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Naamáh en el Génesis

Esta entidad demoníaca pertenece a la descendencia de Caín, quien había mantenido relación con ángeles caídos. Naamáh fue hermana de Tubalcaín, padre de los forjadores del cobre y el hierro, su nombre aparece de manera especial en la Biblia, pero aún se desconoce el motivo del por qué es tan nombrada, sin embargo es la única mujer de la prehistoria bíblica donde se le asigna ser la hija de un ser humano; asimismo, en el antiguo Midras judío (elaborado entre los siglos IV y VI d. C), se le consideró la esposa de Noé por algún tiempo.

Historias con el hombre

Diversos relatos han sido contados a través de los tiempos, bien sea de manera escrita en diferentes textos sagrados, estableciendo la forma y situaciones de cómo esta demonia se relacionaba con los seres humanos. Su capacidad de seducción era increíble, muy pocos escapaban de sus garras, los más fuertes caían en sus redes, sin embargo Naamáh se sentía extraviada en el mundo, ella sentía que el mundo donde se encontraba era muy irreal y ficticio.

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La misión de la que fue encargada no la entendía, y mucho menos sabía cumplir con los deberes asignados, lo que ocasionaba un gran dolor que ocultaba bajo la falsa de la malicia, pasaba muchas veces desapercibida, y pensaba que su presencia en la tierra había sido un error de alguien que no la conocía. Se le consideró una diabla de escala inferior, donde algunas entidades malignas tenían más poder que ella, eso la frustraba.

Entre sus acciones estaba visitar a los humanos, a los cuales le llenaba la mente con ideas perversas, con el objeto de que realizaran el mal entre ellos. A pesar de ser considerada un demonio, ella no estaba complacida, no le agradaba en lo más mínimo esa tarea, menos aun cuando conseguía mentes débiles que eran fácilmente manipulables, asimismo sentía mucha pena por el daño que causaba a los que no estaban involucrados directamente en las acciones maléficas.

Naamáh consideraba que si alguna vez había sido humana, jamás se había comportado en función de hacerles daño a las otras personas, ella tenía constantemente esa lucha interna de ideas que iban y venían, debido a eso no confiaba en nadie, por lo que el destino la dejó inmersa en ese mundo de maldad eternamente. (Ver articulo: Jentilak)naamah

Relación con otros demonios

Entre la disyuntiva que tenía, en un momento de su vida no se dio cuenta sobre la presencia de Abaddon, una criatura demoniaca muy destructiva, considerado el más peligroso de todos, por lo que ella comenzó a acercarse de manera desafiante para evitar que el la amedrentara, sin embargo, Abaddon, con su dedo tipo garra, comenzó a acariciarle todo su cuerpo y enfrentados cara a cara le dijo con una voz fuerte y profunda: “Quisiera saber cuál es el motivo de tu ira”, ella contestó: “me sentí ofendida cuando un joven diablo rechazó un encuentro conmigo”.

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El Diablo intentó seducirla invitándola a sus aposentos, pero para su sorpresa, Naamáh solicitó la presencia de un ángel protector quien al escuchar el relato, la sedujo de una manera que no hubo forma de que volviera a encontrarse con Abaddon, y que, según esta leyenda, se sintió segura y amparada, con la sensación de paz eterna de la que ella esperaba.

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