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Alecto: mitología y todo lo que debes saber sobre ella

En la mitología griega, Alecto es una de las tres Erinias o Furias. Alecto, se encarga de castigar los delitos morales. Hesíodo afirmo que ella era hija de Gea -la Tierra- y fue fertilizada por la sangre que derramo Urano -el Cielo- cuando fue castrado por Crono.

Alecto

Considerada la más terrible del trio de hermanas y se le ha representado con la cabeza rodeada de víboras mientras que con sus manos sostiene un látigo, con el que castiga sin piedad a los condenados para que sean expiados de todos sus crímenes.

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Mitología de Alecto

Son pocos los relatos que nos hablan detalladamente de Alecto únicamente pero hay dos mitos que nos hablan precisamente de la manera de actuar de esta erinia:

Primer relato

Nos narra, como debido a la muerte repentina del rey Agamenon, su hijo, el príncipe Orestes acudió a un oráculo de Apolo, desesperado por respuestas; este oráculo le revelo que la causante de la muerte del rey, había sido su propia madre y esposa del rey, la reina Climenestra. El joven preso de la ira y la locura, termino vengando su padre, matando a la mujer y es en este momento donde entra en escena Alecto, comenzando a atormentar al desgraciado príncipe por el crimen que había cometido contra su madre.

Orestes acudió de nuevo a la ayuda de los dioses, para rogar el fin de su condena de la furia y sus ruegos fueron escuchados en esta ocasión por Atenea. La diosa guerrera, por medio de sus grandes dotes de persuasión e inteligencia, consiguió convencer a Alecto de que el hijo de Agamenón, había pagado sus malos actos, lo suficiente con todo aquel dolor y fue por eso fue que termino perdonado por Alecto.

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Es con este incidente, lo que hace que las Furias pasaran a llamarse Euménides y a ser consideradas como seres benevolentes, aunque igual siguieron persiguiendo a los criminales sin importar que. (Ver artículo La diosa Atenea)

Segundo relato

Por otra parte, el otro relato, nos topamos una historia más compleja sobre como la diosa Hera, rencorosa todavía con toda la estirpe troyana, invoco a Alecto para que esta le preste su ayuda con el propósito de provocar la guerra entre laurentinos y troyanos.

Alecto

Fiel a su reputación, la Furia emplea distintas estrategias para lograr sembrar el caos, utilizando un par de víctimas:

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A Amata -esposa de Latino, rey de Italia- le suelta una de sus serpientes, la misma se desliza hasta la cabeza de la reina inyectándole el veneno que lentamente la va consumiendo hasta hacerla estar en un estado de delirio.

A Turno, pretendiente de Lavinia –hija de Latino- se le aparece en un sueño trasmutada en la sacerdotisa Calibe, buscando persuadirlo a reclamar sus derechos como heredero del trono de Laurente, que desconozca todo aquello que tenga que ver con Latino y haga una declaración de guerra a los teucros.

Fuera de sí, Turno, declara la guerra a Eneas, prometido de Lavinia y príncipe troyano. Los dos ejércitos con grandes aliados y apoyados por los dioses – Afrodita a los troyanos y Hera a los rútulos-, se enfrentan fieramente, generando múltiples perdidas en ambos bandos, para culminar solo cuando Eneas mata a Turno. (Ver artículo La diosa Afrodita)

Tisífone, Megera y Alecto

También conocidas como Erinias o Euménides, las Furias se encargaban de vigilar la puerta hacia inframundo, castigando a todo aquel cuyos crímenes no fueron pagados en el mundo de los mortales. Pero no solo se limitaban a quedarse cuidando las puertas, debido a que en ocasiones subían al mundo mortal para perseguir a aquellos que pretendían salir impunes de sus delitos.

Las Furias, a pesar de que en un inicio no se contaba con un número exacto, terminaron siendo limitadas un pequeños número de tres. Los nombres que les dieron eran, Tisifone, Alecto y Megera; dependiendo de la representación, su imagen era variada pero en su mayoría tenían cabeza de perro, alas de vampiro y en vez de mechones de cabello, contaban con serpientes. Para cumplir su misión llevaban consigo largos látigos de cuero y unos temibles anillos de bronce.

Alecto

Cada una se encargaba de alguna labor en particular ajena de sus hermanas, por un lado teníamos a Tisifone -conocida como la Furia Vengadora-, la encargada de castigar a los iban más allá de los límites de la buena conducta; Megera por su parte se encargaba de sembrar odio y discordia, entre los propios humanos y Alecto, perseguía a los criminales, atormentándolos constantemente hasta que murieran de desesperación o que aprendieran la lección y no fueran capaces de volver a cometer un crimen.

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